"Quedaron en el país los resistentes y los colaboradores"

Dr. Juan Carlos Chachques: Médico cirujano e investigador argentino residente en Francia

MHG: Cuál es su reflexión acerca de la muerte de Videla?
JCC: En principio yo espero que sea la muerte de una manera de gobernar, de haber llevado la violencia del estado hasta un límite que hizo que mucha gente nos tuviéramos que ir del país y no solamente nosotros sino los que se quedaron sin vida dentro del país. Fue una verdadera época de barbarie, y espero que la muerte de esa persona, que legó en elmomento biológico sea la muerte de ese tipo de proyecto y de aventuras. Fue una aventura para el continente. Donde realmente fue tan cruel que pensó que exterminando gente se pueden exterminar las ideas. Y sabemos que las ideas no se matan. Las ideas son mucho más fuertes que la vida, persisten a través del tiempo.
MHG: Las dictaduras se han ensañado con los trabajadores, los científicos y los intelectuales.
JCC: Pienso que la producción, la fuerza del trabajo en una sociedad es muy importante y del otro lado la gente que entiende eso, que sabe que no es la especulación ni el mundo financiero, sino el mundo del trabajo, en nuestro papis el campo, la producción de alimento que es la base de sustentación de los seres humanos. Nosotros como intelectuales lo entendemos y le damos importancia. Creo que durante muchos años se trató de enfrentar a los intelectuales con la clase trabajadora, y yo pienso que no, pienso que hay una compresión mutua. Y pienso que esos años tan crueles en los 70 tocó esos dos extremos. Tocó el estreno de la producción y el de los intelectuales y consideró que con esa masa gris nebulosa de colaboradores podía seguir funcionando. En Europa se conoció ese tema porque hubo invasiones de los alemanes, hubo guerras mundiales, y existieron los resistentes y los colaboradores. Los resistentes fueron, entre ellos, el Gral. Degaulle y mucha otra gente que hizo que retornara la democracia. En Argentina lamentablemente hubo colaboradores y hubo resistentes. Los resistentes estuvieron en los campos de la producción y en la producción intelectual, que, a veces, pueden estar juntas para hacer progresar a una sociedad.
MHG: Usted por qué se fue?
JCC: Yo tuve una actividad gremial dentro de lo que yo trabajaba, como residente dentro del Hospital de Química de Buenos Aires, era tan normal que estaba interesado en que nuestro instrumento de trabajo existiera y funcionara bien el hospital público. En abril del 76 fui secuestrado, pero pudo retomar a libertad hasta que pude salir del país. Pero en ese periodo conocí a gente como Favaloro y Ernesto Sábato que me permitieron salir con cierta tranquilidad. Pero descubrí que en Europa se tomaba más consciencia del drama argentino que en el país, a comienzos de los 80 se tenía una enorme consciencia.
MHG: Y cuando se tuvo que ir del país, qué comienza?
JCC: Ahí comienzan las ganas de volver, de colaborar, de ayudar. Pero en esos años fue bastante estéril, de hacer cosas pro la Argentina, hubo momentos de burocracia que se anunciaban pero quedaban en el aire. Nos dimos cuenta que el contacto directo entre nosotros y nuestros colegas y que venían de vez en vez fue de los más productivo de todo. Yo siempre pienso que los argentinos buscamos un camino para salir adelante y ese camino fue el contacto directo. Y cada vez que se firmaba con el periodismo y bajo las cámaras esos acuerdos de cooperación mutua quedaban en muy poco. Lo que funcionó fue que formamos generaciones de científicos, de investigadores y de médicos gracias a esa diáspora que estaba acá. Somos los dispersos. No es nuevo en la historia, porque existió la diáspora para los irlandeses, los armenios, los judíos y hay poblaciones que están fijas en los países y hay poblaciones que están dispersas pero que no olvidan sus orígenes. Yo soy uno de ellos.
MHG: Cuándo uno se va se logra ser parte de otra sociedad?
JCC: Creo en el sistema de las raíces, hasta hubo un programa de colaboración en tratar de traer gente que se llamaba Raíces. Con los años uno se da cuenta que los seres humanos pro suerte no tenemos raíces como los árboles, porque al no tener raíces nos permite expresarnos y sobrevivir y adaptarnos en otro lado y volver. Creo que la raíz es un símbolo, tenemos una raíz cultural, un recuerdo, una formación relacionada con la patria, con el patriarcado. El patriarcado es el padre y la nación es lugar donde uno nació. La patria, la nación son importantes, pienso que al final uno puede moverse en el mundo y volver y la raíz finalmente es simbólica.

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