"Las consecuencias del clientelismo" (Diario La Capital)

El granero del mundo ha eclosionado en los últimos años con estallidos sociales. Todo indicaría que no son lo mismo los saqueos de 1989, los del 2001, a los ocurridos esta semana. Cabe aclarar que los tres tienen que ver con el delito. En 1989 el radicalismo con una economía desbocada por la hiperinflación, fue el caldo de cultivo para saqueos que comenzaron en Rosario y produjeron la renuncia de Alfonsín y la asunción anticipada de Menem. Siempre quedó la sospecha de la existencia de una mano negra política. Si bien no hay estadísticas, el saldo trágico de aquellas jornadas fue de entre 14 y 20 muertes. En el 2001 la crisis financiera y política, con un De la Rúa atrapado en el “corralito” y el “corralón”, la gente reaccionó con el primer cacerolazo bajo la consigna “que se vayan todos”. De la Rúa renunció. En este caso los saqueos se originaron en Buenos Aires. El saldo trágico fue de 40 personas muertas, entre ellos 9 menores. Es difícil analizar “en caliente” el origen de estos últimos saqueos con epicentro en Rosario en la provincia de Santa Fe, al igual que Bariloche, Campana, Entre Ríos. Lo terrible es que ya tenemos un saldo trágico: 2 muertos y dos heridos en grave estado. La primera gran pregunta al menos en el caso de Rosario, es si guardan relación por el perfil de los detenidos, con el desbaratamiento de los kioscos de la droga y la disputa territorial. También desnuda una cultura clientelista en donde se observan abuelos de 30 años que nunca han trabajado ni está en ellos el interés de hacerlo. Podríamos decir que lo que ha estallado es el costado más brutal del clientelismo, es decir utilizar a la persona y no ocuparse de la persona. Esto no es menor, dado que mantener un sector importante de la población exprofesamente empobrecida, es determinar un camino contrario a la posibilidad que esa persona pueda permitirse razonar, encontrarse con los valores aprehendidos. Estamos muy cerca de una fecha respetada por creyentes y agnósticos: la Navidad. La esencia misma de la Navidad es el mensaje de la entrega, del amor, de la solidaridad, del querer y tratar al otro de la misma manera que se desea para uno mismo. Podríamos ahondar en los desaciertos de las políticas que cíclicamente producen hechos de la magnitud de la que hoy estamos hablando. Cuando esto pasa es la sociedad toda la que debe sentir el peso del fracaso, individual y colectivo. La responsabilidad política de los distintos gobiernos es innegable. Pero la responsabilidad social también está presente.
Lejos de apaciguar los ánimos el jefe de Gabinete Abal Medina, blande el fantasma de la conspiración política responsabilizando sa ectores vinculados a la política, Camioneros, Gastronómicos y ATE.
El diccionario define que planificar es elaborar un plan general, detallado y generalmente de gran amplitud, para la consecución de un fin o una actividad determinados. Planificar en política ayuda a decidir temas antes que se conviertan en problemas, haciendo que sea innecesario analizar la misma situación cada vez que se presenta. La priorización dentro de la planificación desnuda la ideología política del planificador. Elegir a quienes se le resolverá el problema o a quienes se priorizará en la solución de un problema desnuda la concepción política.
Esta reflexión semanal debiese haber estado dedicada íntegramente al fenómeno de lluvias ocurrido en las últimas horas en la ciudad de Rosario, también con un trágico saldo. En este tema también se repiten circunstancias. El Ing. Agr. Eduardo Sierra en enero del 2012 en ocasión de la gran sequía que asolaba nuestra provincia advirtió que a partir de octubre y noviembre las lluvias iban a ser muy intensas.. Me dijo: “Nos enfrentamos a meses muy severos…”. Y también aquí hay responsabilidad social y económica dado que se dejó de lado la viejas lecciones productivas de hace cuarenta o cincuenta años basado en la rotación agrícola-ganadera, pero el interés manda, el bolsillo gobierna y los resultados están a la vista. Lo lamentable es que los desaciertos políticos y sociales cobran infinidad de víctimas que sólo serán recordadas por su familia.

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