Existe una Argentina que produce, crece, estudia, trabaja, progresa pero…hay una Argentina pobre. Pobre porque (como lo define el diccionario y la mirada de quien quiera ver), le falta lo necesario para vivir. Esto suena liviano, si no se profundiza. En las últimas horas casi todo el país se ha preguntado sobre los por qué de los saqueos acontecidos la semana pasada. Pareciera que muchos son los componentes, los ingredientes propios de cada situación. Todo indicaría que en el caso de Buenos Aires, los dineros recibidos por las organizaciones sociales que no llegaron en tiempo y forma para todas igual; sumado a la disminución en el tamaño de los bolsones que gentilmente regalan sectores supermercadistas para fin de año, fueron los detonantes principales para que la marginalidad y la delincuencia se asociaran. No se debe descartar la presencia de lo peor de la política.
Bariloche espanta por el contraste de tanta belleza natural con tanta pobreza fabricada. Convengamos que no existe pobreza natural, aunque nos empecinemos en naturalizarla.
Para tratar de entender lo sucedido en Rosario, hablé con quienes mejor conocen los territorios saqueados: los sacerdotes y pastores que ‘viven’ el territorio. La primera gran definición me la dio el padre Daniel Siñeriz, su territorio queda en el oeste, su barrio es Nuevo Alberdi: “la diferencia entre el 2001 y el 2012, es la presencia, multiplicación y asentamiento del narcotráfico”.
La segunda gran definición provino del padre Claudio Castriccone, hoy en Godoy, pero con muchos años en Rosario y aún hoy con frecuente presencia en el barrio 17 de Agosto: “la droga y los barrabravas, son cosas distintas aunque se emparentan; pero lo cierto es que no se ha tomado la decisión política de terminar con ellas”.
El padre Franchini impulsor de las marchas por la Paz y la Vida en Villa Gobernador Gálvez, multitudinarias, rescata el valor solidario de los vecinos de Pueblo Nuevo que acudieron a defender al super chino que estaba siendo saqueado. Y acota que ¡la policía les avisaba a los comerciantes para que cerraran sus negocios! No se debe descartar la presencia de lo peor de la policía.
Por su parte el padre Alberto “Tito” Murialdo, a cargo de cuatro capillas en barrios populosos: Puente Gallego, Tío Rolo, Hume y Piamonte; remarca una y otra vez que el problema que hoy vive en sus barrios no merece título impactante, sino que lo que debe impactar es esa realidad… Confiesa: “siento que mi trabajo rinde poco. Es muy difícil convencer a los jóvenes de la importancia del trabajo cuando la plata que mueve la droga los deslumbra”. El padre Tito habla –y no por casualidad- desde su jardín de Infantes. Cree que la única posibilidad real de cambiar este presente es a través de la educación. Sostiene que el docente es clave a la hora de “blindar” a los niños con educación ante la tentación de lo supuestamente fácil.
El pastor Eduardo Trasante, de Villa Moreno, padre de Jeremías, asesinado el 1 de enero de 2012 junto a sus amigos Patom y el Mono; es quien más enfáticamente sostiene que actuaron referentes sociales políticos con el objetivo de perjudicar las políticas del gobierno provincial.
Una y otra vez hemos sostenido que la pobreza no es sólo no tener dinero. También existen gobernantes pobres en magnimidad. La pobreza educativa permite toda manipulación. La pobreza política hace que muchos ciudadanos no se puedan sentar a la mesa, en cambio de agrandar la mesa. La pobreza política no sólo permite la gestación de saqueos, sino como dice el padre Siñeriz “saquea vidas”.
Mis entrevistados reconocen, todos, que la droga está instalada en el tejido social. La diferencia entre ellos es que algunos creen que los sectores políticos no saben cómo luchar contra ella y otros sostienen que el sector político es “parte” del negocio.
La pregunta ineludible es qué hacer ante esto. Uno de mis entrevistados, el padre Siñeriz, me respondió con profundidad y simpleza, “cuando nos formulamos esa pregunta es porque llegamos tarde”. No obstante, el padre Tito sostiene: “La idea no es desalentarnos, sino por el contrario tomar conciencia y hacernos fuertes desde las convicciones y el propósito de establecer vínculos que nos rescaten”.
La peor violencia es no ser vistos. La pobreza en Argentina no es mirada. Hace ya algunos años monseñor Bergoglio dijo en Aparecida, que a los pobres se los esconde bajo la alfombra. La edad de los detenidos por los saqueos oscila entre los 15 y 25 años. Pertenecen a los 900 mil jóvenes de la generación ni-ni que ni trabajan, ni estudian, ni se sienten con futuro. Su vida es un hoy que transcurre. Evalúan que el esfuerzo no es un valor a considerar. El sociólogo Pérez Sosto sostiene que: “existen además, los ‘precarios’ jóvenes, que abandonaron sus estudios y buscan trabajo, son casi 500 mil. Además un millón más que abandonaron sus estudios y trabajan en forma precaria o indigente. Suman 1,4 millón jóvenes sobreexpuestos, condenados a la precariedad perpetua y amenazados de invalidez social”
Vínculos, convicciones, educación, solidaridad, realidad, pobreza, miedo, riqueza, carencia, droga, futuro, presente, reunión, diálogo… palabras de una misma Argentina que a gritos pide que sus actores se encuentren y acuerden cómo convivir elaborando un pacto social.
