El destino educativo debe tener un camino de singularidad El educador es un afirmador de la vida

Dr. Carlos Skliar: -Doctor en Fonología, Especialidad en Problemas de la Comunicación Humana- Investigador Independiente del CONICET-Coordinador del Área de Educación e investigador del área de educación de FLACSO, Argentina, donde coordina el proyecto "Experiencia y Alteridad en Educación",

MHG: Qué es la fonología?
CS: Si bien es cierto que yo hice alguna vez en mi vida fonología y esa fue la forma de doctorarme, de verdad que hace tiempo que no estoy en ese tema y no lo conozco muy bien, pero en algún momento estuve y supe que era una rama de la lingüística que tenía que ver con cuestiones de códigos de la lengua.

MHG: Cuando me puse a buscar de qué se trataba la fonología indicaba que se dice de la misma manera una palabra con K que con Q, como por ejemplo: queso. Algo así es?
CS: Bueno será, lo que pasa que en mi formación el queso tuvo poco que ver. En mi formación hubo poca más que una línea recta y una progresión de un tema hacia otro, hubo verdaderas interrupciones y cambios de timón, de tal manera que, actualmente que me dedico a temas de filosofía de la educación, la fonología tuve que olvidarla.

MHG: Me ha impactando lo que usted ha dicho con respecto a que la capacitación del docente hay que revisarla de punta a punta. Por qué?
CS: Me parece que hay una desmesura entre los problemas que nos planteamos, las grandes cuestiones educativas, las cuestiones generales y la forma en que venimos al mundo educativo. Creo que para tanta idea de hospitalidad para los que no habían estado en la escuela hasta ahora, para tantas ideas de educar a todos y a todas, para poder acoger en las escuelas a todos aquellos que habían estado olvidados, postergados, etc., creo, tengo la impresión, me da esa sensación que nuestra formación ha sido vinculada a otras nociones que hoy están en tela de juicio, bajo sospecha. Hay como una incongruencia entre lo que nos queremos plantear para el futuro del mundo educativo y los modos en que nos hemos preparado para eso.

MHG: Pareciese que hay una necesidad de demostrar que somos amplios e inclusivos y parecería que aún no lo somos… Entonces, para qué nos hemos preparado?
CS: Quizá esté perfectamente formulado así. En cuanto a la preparación quisiera recuperar primero esta idea, es decir, por qué hemos estudiado y por qué hemos elegido lo que hemos elegido, independientemente de cómo, después, nos han preparado. Recuperemos primero la idea de que nos hemos ligado a la docencia por que queríamos enseñar, enseñar como la idea de mostrar algo a alguien, de enseñar lo que sabemos y lo que no sabemos, que después eso de enseñar se ha transformado en transmisión, en métodos, en conceptos, en didáctica, lo digo de forma no crítica, pero sí creo sobre estas palabras se ha ido muy rígidamente, por eso creo que se produce una pérdida hasta vocacional, diría. Si no recuperásemos el deseo de enseñar a cualquiera que es esto del mundo y cómo garantizamos que el mundo siga existiendo, me parece que todo lo que está en el medio queda oscuro y nubloso por la idea que hay que incluir.

MHG: Se trata de incluir a niños con diferentes capacidades, mientras tanto tenemos discapacitados por problemas sociales por no acceder a una dieta acorde con lo que necesita el ser humano.
CS: Si, claro, este verbo incluir… es muy raro porque forma parte de un lenguaje especializado, es decir, nadie en la vida de sus afectos, en la vida de relación utilizaría esta palabra en que va a incluir a su marido o a su mujer o a sus amigos en algo.

MHG: Si la aplicamos, por lo tanto, se excluye?
CS: Por lo tanto es una palabra que tiene problema desde su nacimiento, es una palabra que en el latín más antiguo significa enclausurar, de alguna manera encerrar por dentro, enclaustrar, dejar a alguien que estaba afuera adentro, encerrado adentro, más allá de estas raíces de las palabras, creo que tiene un problema inicial que es que se quiere incluir a los excluidos, pero a los excluidos se los mira con una mirada para mí equivocada que es la mirada de la caridad o del empequeñecimiento más absoluto, es decir, la imagen que se le da al excluido es una imagen velada, es una imagen de alguna manera que se pude discutir. Por lo tanto, si a los excluidos los incluyo con esa imagen es probable que lo siga excluyendo, de alguna manera ese gesto que puede ser muy amoroso y muy hospitalario, me parece que termina siendo o volviendo a aquello de las virtudes individuales, yo te incluyo porque soy bueno, te incluyo porque soy buena gente, lo hago en nombre del amor a la humanidad. Pero en la práctica, en la relación concreta, ese sujeto debe ser tratado como cualquier otro y eso es lo que me parece más difícil y para lo que no fuimos formados.

MHG: El gran desafío es ver al otro como a uno?
CS: El gran desafío es que uno es cualquiera y el otro también lo es. Es cualquiera pero no en el sentido despreciable, al contrario yo estoy tratando de resaltar esa figura de cualquieridad, si el otro no es tratado como a cualquiera es tratado como anormal o es tratado como pobrecito.

MHG: Por eso en la capacitación hay que hacer todo de nuevo para recrear este concepto?
CS: Es un concepto que a mí me gustaría que se sienta y piense un poco más, como volvemos cualquiera a todo otro, yo creo que esa expresión que hay que educar a todos es violenta, un poco autoritaria. Porque la idea de todos, de totalidad es un poco fuerte como idea, diría que hay que educar a la cualquiera.
MHG: Es difícil conversar en nuestro país y es difícil oir y este hecho de vernos como cualquiera, me parece, que tiene que ver con eso.
CS: Está muy bien lo que ha expresado, porque me parece que en el fondo si hay algo a lo que me suena la palabra inclusión, supongo que al deseo a estar juntos, yo no hablo mucho de incluir, sino de estar juntos, y estar juntos significa justamente conflicto; por lo tanto, si las políticas de inclusión quieren que el otro entre, pero que se quede calladito, que no muestre que es diferente a los demás, de alguna manera estamos renunciando a la idea de estar juntos. Creo que en el nombre del respeto, la tolerancia, la no conflictividad, cierta pacificación, estamos taponando, obstruyendo la verdadera naturaleza de lo humano, que es: incluir es entrar en un conflicto. Cuánto somos capaces de sostener ese conflicto sin atribuirle al otro el carácter de violencia, cuánto somos capaces de sostener y estar dentro del conflicto sin decir que es el otro el que no puede. Aquí me parece que se está en una de las tramas más complejas de aquello que alegremente se ha llamado inclusión desde hace muchos años, pero que no es nada alegre, en todo caso es conflicto, lo repito, es defección.

MHG: Cómo poder lograr el equilibrio, es decir, que todos pertenezcamos al mismo sistema?
CS: Al mismo tiempo que habría un lugar de pertenencia también hay un punto de vista, también hay una singularidad, y me parece que el destino de lo educativo es la singularidad, como yo podría ser no sólo lo que ya soy, sino otras cosas además. Ahí es donde la educación comienza proponiéndose educar a cualquiera, su camino difícil es hacer de cualquiera un cada uno. Y ahí la responsabilidad no es tanto de la educación, sino de cada uno. La cuestión es: como educador debo afirmar la vida de cualquiera, no puedo poner en tela de juicio la vida de los demás, eso no es educativo ni le corresponde al educador, al contrario, yo vinculo la imagen del educador como afirmador de la vida. Si a partir de ahí, el otro no se torna de alguna manera responsable por su propia vida, y sé que es complicada la expresión, pero vamos a ponerla así, la educación ya no depende de lo que enseñe, dependerá del otro.

MHG: En esa imagen que da acerca del educador, cuáles son los andariveles por los que debe andar para que el educando se sienta afirmado?
CS: Lo que creo es que todo esto se ha hablado en términos demasiado pomposos y demasiado especializados, demasiado técnicos, se les ha pedido a los maestros que hagan gestos heroicos, desmedidos, desmesurados; y, tal vez, de lo que se trate es de gestos mínimo como en la vida misma. Yo siempre he tratado de ligar esto de la inclusión a gestos mínimos, a pequeñas cosas, a ver si puedo expresarme claramente, es decir, una mano apoyada en el hombro, saber tu nombre, decirte sí, acompañarte mirándote con buenos ojos… eso es inclusivo. Por supuesto que yo no puedo preparar técnicamente a la gente en este sentido; no puedo decir cómo se mira bien, pero sí lo que se puede hacer es evitar mirar mal, en esto sí que hay que pensar la formación. Hay alguien que decía hace muchos años y fue el filósofo (Friedrich) Nietzsche, hay hombres que cuando abren los ojos manchan con la mirada, y yo creo que no manchar, no matar al otro con la mirada, ya es una formación educativa.

MHG: Qué desafío tan grande en una sociedad en donde hasta nos matamos por pequeñas cosas…
CS: Si, sin duda y la escuela no está fuera de eso… en realidad la escuela también es eso y pretender separar el mundo general del mundo de la escuela creando así como un microclima, no sé si estamos en condiciones. Esto es una discusión aparte de si la escuela puede separarse del mundo en el que está proponiendo otra formación, otra posibilidad y ahí uno apuesta en que el tiempo de la escuela no sea el tiempo del afuera y que las relaciones de afuera no sean las mismas en las escuelas, pero hay que planteárselo concretamente, esto sí que es un objetivo educativo.

MHG: Qué rol juega la familia, la familia contiene o no?
CS: Pienso en la familia como el lugar del amor, la familia era el lugar del primer vínculo y si ahí manchamos con la mirada… no sé que nos queda. Efectivamente, me parece que hay todavía una relación entre escuela y familia compleja, difícil, ardua, que no hemos terminando de ajustar del todo. Cierta disolución de la familia ha hecho que cambiara directamente la población de alumnos, eso está muy claro. La entrada de la generación de niños a la escuela ya se hace de otra manera, nada de imágenes de ingenuidad, de pureza y de tabla rasa que está disponible para ser educada, hay un punto neurálgico. Hay que volver a mirar cómo se están construyendo las familias hoy y que grados de amorosidad se plantean hacia adentro.

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