Albino Gómez: Diplomático, escritor y periodista- Amigo personal de Astor Piazzolla, a veinte años de su muerte
“Las mujeres fueron muy importantes en la vida de Astor… no fue un buen padre”
“Estuvo consciente hasta último momento…”
MHG: En qué situación conoció a Piazzola?
ABG: Yo soy un seguidor de Astor y lo conozco personalmente desde el año 48 más o menos, cuando escuchaba esa nueva modalidad con la que hacía el tango, aunque todavía era bastante tradicional, había estado en la orquesta de Aníbal Troilo, para el cual hacía arreglos y estudiaba. Había una suerte de nuevo tango con Horacio Salgán, con él, los nuevos arreglos de Troilo. Luego tuvo su propia orquesta. Yo era un fan de Piazzola con algunos amigos, para nosotros era una suerte de Gershwin argentino, éramos unos cultores del tango y del jazz. Finalmente, en el 58, en mi primer viaje a Estados Unidos, estando en Nueva York no me lo iba a perder y traté de conocerlo y así lo conocí. Me hice inmediatamente amigo de él, pero además a los pocos meses yo me instalé en Nueva York, en mi primer puesto en las Naciones Unidas, me ubiqué en una vecindad con él, estábamos a 10 minutos de auto, él vivía en la calle 92 y Broadway, a la cual le dedicó un tango que se llama “92”, y nos visitábamos semanalmente, él compartía su tiempo y su vida con su primer esposa Dedé, era pintora y sus chicos Daniel y Diana, Dedé lamentablemente murió hace un par de años, y le dedicó un libro, una novela biográfica: “Astor”, y luego una novela autobiográfica que yo tuve la oportunidad de presentar hace poco más de dos años.
MHG: Cómo era en familia?
AG: Era un tipo muy alegre, muy cariñoso, había mucha alegría en ese modesto departamento, por supuesto mucha música y muchos visitantes de Buenos Aires, como Juan Carlos Copes, que llegó de Puerto Rico con María Nieves, todavía no se habían casado y llevaban siempre gente. Todos los artistas que iban a Nueva York recalaban en la casa de él, los que venían de Buenos Aires también. Era una vida bohemia y muy alegre. Él trabajaba en un lindo local que se llamaba Chateau Madrid y había inventado un rejuntado, un quinteto, a veces un octeto con los que hacía jazz tango y aprovechaba para escribir. A él le gustaba mucho cocinar y comer bien, y su vida transcurría en conciertos, museos, una hermosa vida en los años 59-60. Después volvió a Buenos Aires y yo también, al poco tiempo, y siguió nuestra amistad aquí. En el 62 se inauguró un estupendo lugar que era “676” en la calle Tucumán, allí trabajó con su quinteto con mucho éxito. Había pasado por varios lugares de Buenos Aries que estaban de moda, un lugar llamado “Jamaica”, donde también se hacía jazz, por eso lugares pasaron muchos grandes como Lalo Schiffrin, que luego se hicieron famosos. Otro lugar que se llamaba “La noche”, eran los escenarios por donde pasaba la noche de Buenos Aires donde los años 60 estaba llena de cultura y de música.. En ese lugar en calle Tucumán llegaron por primera vez los intérpretes de bossa nova, como Joao Gilberto. Así que era una vida cotidiana, fuera de mis actividades personales, encontrarme con él siempre una vez por semana y fue así como una vez me convocó a su departamento de la calle Entre Ríos, donde vivió hasta hace muy poco Dedé, que acaba de morir, se le había ocurrido un himno al amor y lo pasó al piano y bueno ahí trabajamos durante una hora con lo que se llama el monstruo, sin grabarlo, simplemente tratar de sacar letra de acuerdo a los acordes, aunque las frases no tengan sentido, pero que por lo menos sean equivalentes en la medida y en la acentuación, terminado ese trabajo, me lo llevé a mi casa y a los dos días le alcancé una letra de un tango lento que fue concebido como un himno al amor, el “Mundo de los dos”, que lo estrenó en “676” y lo grabé en el 63 con su quinteto cantado por Héctor de Rosa.
MHG: Se acuerda cómo era la letra?
AG: Mire, sé poemas de otra gente, míos no. “Solo, solo me he quedado, solo y triste en este mundo que fue el mundo de los dos…” letra muy romántica, que fue grabada por el Cuarteto Zupay como balada, la han grabado barítonos, se calificó de tango, pero es una romanza en realidad. Pero tiene la estructura del tango y se grabó con una suerte de coro. Es una obra muy coral. Hice con él su primera y única vidalita, la hizo para la película “Paula cautiva”, también de esa época, que trabajaron Duilio Marcio y Susana Freyre. Y bueno, la amistad siguió, lo que pasaba es que él viajaba y yo me radicaba en el exterior y había desencuentros. Pero siempre con amistad y cartas de por medio. Y los últimos encuentros fueron en Estocolmo, donde yo era embajador, y yo lo invité, dio un gran concierto allí, donde también tocó Bruno Gelber, hubo 1200 personas y se quedó mucha gente afuera. Ese concierto se ha hecho hace más de 20 años y todavía se pasa por la radio sueca. Volvió luego para un festival de jazz que se hico en el Báltico
MHG: Cuánto influyó el amor de las mujer en Piazzola?
AG: La mujer siempre tuvo mucha importancia para él, su gran romance con Amelita Baltar, lo más destacable después de Dedé, Amelita fue lo más importante y por último Laura Escalada una mujer que lo ordenó en su vida, lo contuvo, casi lo gerenció no sólo desde el punto de vista del amor, sino de la vida. Fue muy importante en los últimos años Laura porque fue una mujer que lo asentó, y realmente él se quedó instalado en ese amor y fue muy productivo desde el punto de vista de la creatividad. Algo muy importante que me pasó con Piazzola, fue en el año 59 en Nueva York, le presenté a Igor Stravinski, él no creía que lo podía conocer a Stravinski y estuve una semana acompañándolo por una amistad con Victoria Ocampo y a través de ella lo conocía. Él aceptaba que pudiera conocer a Victoria, pero de dónde podría sacar a Stravinski, así que no me creyó hasta que se lo presenté. Astor, más allá de toda esa cosa desbordante que tenía, era bastante tímido, así que frente a Stravinski el que hablaba correctamente el francés e inglés, no le salió ninguna palabra en ningún idioma. Dos veces se lo presenté y finalmente le dijo: “mire maestro yo soy su discípulo a la distancia” y prácticamente huyó. Así que el otro día arreglé un encuentro donde vivía Stravinski y allí charlaron como tres horas y le mostró sus partituras, toda la enorme influencia que Stravinski había tenido en el. El tema “Tres minutos de la realidad”, de Astor es Stravinski puro. Pero su gran maestro fue Alberto Ginastera, que hoy en día Ginastera en lo cásico y Piazzola más entre lo clásico y lo popular son los músicos argentinos que más se escuchan en el mundo, hablo de Estados Unidos, Alemania, Japón, se siguen difundiendo mucho, maestro y alumno. Para Ginastera fue su primer alumno y para Piazzola su primer maestro. Mi relación con él fue larga, muy querible con encuentros y desencuentros territoriales. Cuando estuvo internado los chicos le pasaban música y rechazaba violentamente lo que no le gustaba y los programas de televisión que no le gustaban porque no podía expresarse claramente… su música no la quería oír porque le ponía triste. Yo fui de los pocos a quien quiso recibir… lo vi con mucha tristeza… ese hombre que era pura vitalidad, movimiento y tensión en esas condiciones realmente fue triste verlo así , pero no quería dejar de verle y saludarle y al poco tiempo murió, muy acompañado por sus chicos casi diariamente. No fue un padre modelo, estuvo muy dedicado a su obra, no le prestó tanta importancia a los chicos después que dejaron la niñez, cuando fueron adolescentes y grandes él no tenía tiempo para dedicarse a sus hijos, aunque Daniel trabajó con él en distintas oportunidades con instrumentos electrónicos, pero los quería entrañablemente, pero su vida estaba dedicada a la música y los hijos lo acompañaron en los últimos dos años diariamente y Laura Escalada también.
MHG: Astor estuvo inmovilizado pero consciente hasta el último día?
AG: Tenía una relativa consciencia, nunca perdió el conocimiento de sus hijos, a mí me reconoció, lo que pasa es que no podía expresarse y eso lo ponía muy mal, sufrió mucho tiempo.
MHG: Imagino esas notas atrapadas en su cerebro.
AG: Imagínese, la enfermedad lo tomó en plena producción, estaba produciendo una nueva ópera, realmente fue lamentable porque se perdieron muchas cosas que todavía pudo haber escrito porque su elam vital y su capacidad creativa estaban intactas. Así que fue una pérdida enorme, pero nos dejó la música para siempre. Porque la vida es corta pero el arte es largo.
MHG: Ese paralelo entre Gershwin y Piazzola tiene que ver con ese límite entre lo clásico y lo popular?
AG: Exactamente. Nunca dejaron lo popular, pero elevaron lo popular a una categoría muy rica, no común, no básica, pero tampoco pudieron entrar de una manera total y absoluta en lo clásico. Hubiera requerido mucho más tiempo a Gershwin pero murió mucho más joven y a Astor no se preocupaba por eso.
MHG: Gershwin murió de un modo similar, cronometraban con el tiempo su obra.
AG: el padre cronometraba las obras, le daba mucha importancia a la duración, consideraba que en la duración estaba lo clásico, murió muy joven, tenía algo así como 37 años. Y dejó una obra estupenda. Gershwin es Gershwin y ha dejado obras muy importantes, aunque le faltaba, evidentemente, formación todavía, no tenía la formación de Bartok, que tenía una formación muy sólida y muy clásica desde el vamos.
MHG: Si usted tuviera que definirlo a Astor, cómo era para usted?
AGH: Fundamentalmente era un músico, un creador musical, dotado de una pasión humana, de una vitalidad y de unas ganas de vivir, de gozar la vida en todos los sentidos, la sensualidad lo llevaba a la pintura, a la literatura, estaba atento a todo lo que ocurría. Primero un gran amigo, un hombre de la noche y del día, y en música en gran creador. Creo que en música no tenemos todavía nadie que lo reemplace. Lamentablemente en nuestro querido país cuando se muere un grande en cualquier área no tiene reemplazo.
MHG: Usted dijo que era tímido y esa timidez la enfrascaba en su genio.
AG: En su desborde, en sus bordes. Eso lo demostró con Stravinski. Una vez le pasó una cosa extraordinaria: viviendo en Francia viaja a Nueva York para la celebración del Columbus Day, invitado para tocar con la filarmónica de Nueva York, compuesta por 50 músicos, en el Madison Square Garden, él viaja desde París, ocurre que Laura Escalada no lo acompaña porque era un viaje muy breve, se sube al avión y se da cuenta que había traído su valija equivocada donde tenía los 50 arreglos para los músicos, le permitieron bajar porque explicó cómo era la cosa, tuvo que tomar otro vuelo. Esa noche viaja en primera clase y le toca una compañera de viaje una mujer con una enorme capellina y él descubre que era Greta Garbo, actriz de la que estaba perdidamente enamorado desde joven. Se le cumplió el sueño del pibe, pasar la noche con la Garbo. Era una mujer muy poco sociable, fuera de su propio ámbito, prácticamente durmió y no se atrevió a molestarla. Se pasó la noche desvelado con esa cosa de no atreverse, de frustración y se bajó sin poder hablar con la Garbo. Otra de las demostraciones de la timidez de Astor.
