Capitanich también decidió manejar otros tiempos, conversando temprano a la mañana con los cronistas de Casa de Gobierno.
No resulta fácil en nuestra Argentina de hoy analizar su realidad política, dado que compite en la vertiginosidad de los cambios con distintos tiempos propios y del mundo. Y a propósito de tiempos: pareciese que todos se sienten cronómetro de los tiempos ajenos. Es común escuchar a diferentes analistas hablar sobre la medida tiempo. Así podríamos citar frases como “ellos creen que tienen tiempo” u otras como “están convencidos que le pueden ganar al tiempo” o “la realidad marca el tiempo” o “Argentina tiene tiempo, no así su gente” o “éste es nuestro tiempo”, hasta nuestros vecinos los uruguayos hablan del tiempo argentino.
Pepe Mujica dice que “el gobierno argentino parece transitar con su estilo el tiempo de los 60”. También el ex presidente francés Nicolas Sarkozy habló de tiempo cuando advirtió que “en treinta o cuarenta años la Argentina será uno de los grandes países del mundo o va a desaparecer del mapa, en este momento ya no hay espacio para que les otorguen un lugar en el mundo, sino que hay que ganárselo y se lo merecen”.
También el tiempo sobrevuela cuando se mira el calendario electoral, para algunos dos años es mañana y para otros es una eternidad. El jefe de Gabinete también maneja otros tiempos, conversando temprano cada día con los cronistas de Casa de Gobierno, marcándole otro tiempo a la tapa de los diarios. Los economistas hablan del tiempo de las correcciones y aprovechan el off para sincerar sus tiempos, algunos creen que con los 900 millones de dólares que se escapan semanalmente del Banco Central el tiempo de las reservas se agota. Otros creen que es tiempo de reconstruir los lazos con el crédito externo. Algunos creen que es tiempo de aplicar medidas drásticas dado que cuanto más se demoren, “el paciente empeorará”. Dado el ritmo inflacionario, para los asalariados en blanco comenzará el tiempo de las paritarias.
En el territorio santafesino comenzó el tiempo de los saqueos, el gobierno provincial habla de que “comenzará el tiempo de la contingencia” e informa además, que “su inteligencia anticipaba que podían producirse los hechos que se produjeron” pero los protagonistas adelantaron los tiempos.
La política parece no medirse por el peso de la ideología sino por la culpabilidad de los tiempos. Hasta sorprende ver cómo un filósofo del macrismo justifica la no ideología, a mi criterio la causante principal del problema de estos tiempos, dado que de tiempo hablamos, diciendo que “lo importante de una idea no es su origen sino si es capaz de resolver un problema y marcar un camino”
Cuando cada uno cronometra sus propios tiempos la anarquía y la anomia son claras ganadoras. La fotografía de la realidad de nuestro país en su dispersión, desorden y tiempos contrariados se refleja en nuestras legislaturas, en las cuales hay casi tantos bloques como diputados o senadores o concejales. Sólo para graficar: en algún momento Argentina, por razones de política energética, tuvo dos husos horarios. Complicó y no sirvió, parecía que teníamos países distintos bajo una misma bandera.
Hoy Argentina está necesitando imperiosamente un ordenador de tiempos. Para que esto ocurra, quien detenta el poder político debe convocar (pienso mucho en esta definición porque a lo largo de los tiempos Argentina mal usó o desgastó muchas palabras), un acuerdo de voluntades dado que la política debe hacerse cargo de la urgencia del tiempo de las necesidades. A saber: es una necesidad desterrar el narcotráfico del suelo argentino. Es una necesidad desterrar la corrupción. Es una necesidad desterrar la pobreza en el granero del mundo. Es una necesidad marcar el rumbo de Argentina en el mundo. Es una necesidad crear certezas sobre el camino hacia el futuro. Es una necesidad que volvamos a creer y a soñar.
Política en Santa Fe
Al cierre de este análisis la Legislatura santafesina analizaba el presupuesto provincial en el Senado, que de obtener media sanción pasará a extraordinarias. El Ejecutivo quiere su aprobación en diciembre, no quiere perder un trimestre de recaudación en 2014. Días atrás aparecieron, con la excusa de la inauguración de un instituto peronista, María Eugenia Bielsa, Omar Perotti y Jorge Obeid. En realidad lo único en común de los tres personajes en cuestión es que perdieron: Perotti en su territorio, Obeid en su intento, Bielsa al apostar por Artola. Bielsa a último momento no quería concurrir, pero bastó un llamado de Julián Domínguez (apurado en mostrar sin que se note su sueño de ser vice de Capitanich, en un tiempo de candidatura presidencial imperfecto), para que Bielsa se prestara al flash. Si esta foto era el inicio de un proyecto territorial 2015, rápidamente envejeció ante el acto que realizó días atrás el ministro Agustín Rossi con la presencia de cuatro mil militantes y lo más granado del kirchnerismo con el cierre a cargo del secretario de Estado Carlos Zannini.
