"Las primarias la ganaron tres propuestas: nueva constitución, reforma tributaria y reforma educacional…"

“Bachellet le ha quitado muchas de las banderas a Ominami”
"Estamos ante el desafío de ver si los partidos políticos se conectan con la ciudadanía"

Dr. Manuel Garretón: Sociólogo y politólogo chileno

MHG: Qué análisis hace del proceso que va a derivar en las elecciones presidenciales chilenas a fin de año?
MG: Estamos en un año electoral bastante crucial, aunque me parece bastante predictible el resultado de las elecciones. En las primarias, que es la primera vez que se dan en Chile para las presidenciales, la Nueva Mayoría y la Concertación de Partidos por la Democracia que gobernó al término de la dictadura, más el Partido Comunista y otros partidos chicos obtuvo dos tercios de los votos del total. Y Bachellet obtuvo al interior de la Concertación un porcentaje enorme. Por lo cual quedó ella como la candidata y en la derecha quedó como candidato Longueira, de la UDI (Unión Demócrata Independiente), que es el partido duro de la derecha, y eso fue una relativa sorpresa, diría que representa al régimen militar, que tiene una entrada en sectores populares de cierta importancia. Entre los dos partidos del oficialismo: Renovación Nacional y la UDI, el primero es el partido del presidente actual y creo que esto es una derrota para el gobierno, porque la votación de la derecha fue bajísima, un 25 %, votó mucho menos gente porque las primarias eran voluntarias, de modo que ya tenemos conformado un panorama para el próximo calendario electoral, en el cual Bachelet probablemente va a ser elegida. Hay además, dos o tres candidatos más, entre los cuales está quien fue candidato la vez anterior y que proviene de la Concertación y que obtuvo el 21 % de los votos, que es Marcos Ominami.
MHG: Qué paso con este candidato?
MG: Ocurre que en este caso él no fue a primarias, por lo tanto aparece un tanto desdibujado, él es candidato para noviembre, pero no tenía primarias internas. Mi impresión es que es una candidatura más dibujada y con muchos menos rasgos de ser la novedad de lo que fue en la elección anterior, entre otras cosas, porque han surgido otros sectores críticos dentro del centro izquierda. Creo que Bachelet ha mostrado una voluntad de cambio que le ha quitado muchas de las banderas que tuvo Ominami, sobre todo porque ella, desde que llegó desde los Estados Unidos, había planteado que se cerraba un ciclo, que ella sería la presidente de la ciudadanía para realizar ciertos cambios resumidos en tres: reforma tributaria, nueva constitución y reforma educacional. Y esos tres puntos representan a mi juicio un cambio en el modelo económico social, cambio en el modelo social cultural, que es la educación y cambio en el sistema político. Porque no habla de una reforma de la constitución, sino de una nueva. Y se agrega una gran reforma en educación y una gran reforma tributaria. Ésta última está orientada no sólo a los recursos, sino también para disminuir la desigualdad. Y esto lo anuncia ella la noche del triunfo de las primarias; esas tres reformas son las que ganaron las primarías. Estamos en presencia por primera vez ante una transformación del modelo. Vamos a ver cuánto de eso lo puede modificar y cuánto los partidos que conforman la Concertación la van a respaldar. Porque aquí hay otro problema, las elecciones se hacen junto con las elecciones parlamentarias.
MHG: Bachellet necesitará mucho apoyo político para hacer estas modificaciones… Un año atrás usted nos manifestaba la necesidad de reponer la política
MG: Creo que de algún modo con toda su crítica a la política, estas manifestaciones estudiantiles repusieron la política, la posibilidad del cambio. Sólo que lo hicieron desde una crítica a la política y aumentó la crítica a la clase política, y en las últimas elecciones municipales votó menos de un 50 %. De modo que tenemos una cosa interesante; por primera vez tenemos el planteamiento de un proyecto político, que significa una transformación del país; y, por otro lado, una escisión entre el sistema de partidos y la población que ha hecho muchas movilizaciones. Por otro lado, además, a pesar de la ciudadanía activa, hay apatía. Hay que ver si los políticos son capaces de movilizar para una elección a distintos sectores de la sociedad, que está movilizada, pero critica a los políticos y dice a quién no está dispuesta a votar y quizá tampoco esa ciudadanía quiera ir a votar en noviembre; y, por otro lado, una ciudadanía cuya preocupación es el consumo. Eso es lo que está en juego en esta elección.
MHG: Bachellet plantea que le preocupa la movilización.
MG: Creo que aquí hay un punto. Por un lado hay un movimiento social bastante desprendido de lo político y también hay partidos que están demasiado enfrascados en las cuestiones electorales y tiene razón en hacerlo. Hay una diferencia entre la política argentina y la chilena, la política argentina siempre ha tenido un componente personal bastante alto. En el caso chileno el sistema de partidos es muy fuerte. Ha tenido líderes importantes como Salvador Allende, pero es una política en que los partidos han sido los actores principales. Bachellet tiene un carisma enorme, muy reconocido por la derecha. Ahora hay que ver si va a usar ese carisma para, a diferencia de la otra vez que gobernó, ser realmente un líder de la Coalición, o si lo va a usar para meterse e intervenir en los partidos, respetando su autonomía, entiendan los partidos el mensaje, se reconecten con la ciudadanía y sean una fuerza política que reme en la misma dirección para estas transformaciones. Ella tiene una doble tarea, gobernar y llevar a cabo lo que ha prometido y la otra tener una muñeca política, una capacidad y conducción política porque hay un problema de los partidos que forman la coalición.
MHG: Qué está pasando en América Latina con los partidos?
MG: Tengo la impresión que después de las transiciones democráticas los países se ocuparon de problemas de fondo -más allá de sostener el régimen democrático-, que tenían que ver con que en algunos países heredaban el modelo neoliberal, otros se enfrascaban en ese modelo, y eso significó una transformación muy profunda de la sociedad. Por otro lado hay cambios culturales en todas partes del mundo que hacen que los partidos que duraron casi 40 años en algunos casos colapsaran simplemente, como en Venezuela. Pero en otros casos continúan siendo casi un lema, un título, una cáscara, en algunos casos con bastante menos conexión con la sociedad, por lo menos en el caso chileno durante los últimos 15 años, pero en otros casos desaparecieron. El caso de Uruguay es el más interesante de todos, allí se ha mantenido la relación entre partidos y sociedad, no sólo por los que votan, sino que el Frente Amplio y el Partidos Blanco y Colorado son lo que representan. No hay salidas por fuera de los partidos. En el caso argentino quizá no hay salida por fuera de los partidos, pero la verdad que cuando uno habla de los partidos ya no está hablando de un partido sino de una coalición. En otros países como en el caso de Bolivia, se construyó un partido a partir de un movimiento social que fue el de los indígenas cocaleros. Lo que mirábamos con admiración, hasta hace unas dos semanas, era el caso de Brasil, donde se había podido combinar bien el movimientismo, las organizaciones sindicales, el partido y el manejo del estado… ese modelo, no digo que se derrumba, pero sí entra en una crisis importante. En el caso de Brasil hay que tener en cuenta la cantidad enorme de diputados que hay, lo que hace que uno tenga que negociar permanentemente con cada uno de ellos y sus partidos. Los riesgos que hay en estos sistemas es enorme y eso da un pretexto a la ciudadanía. Leí dos noticias que me parecieron m interesantes; una la del ministro de relaciones exteriores venezolano preguntando ustedes qué prefieren papel toilette o la patria? Y por otro lado, Romario, el gran jugador de fútbol, donde decía que el futbol es más importante que la gente. Estamos viendo un problema de disolución no sólo en cuanto a la ciudadanía política, sino al interior de la propia ciudadanía que reclama básicamente por derechos individuales, incluso por no cambiar el modelo, es decir, quiere más de lo mismo. Y las expresiones de los movimientos sociales que quieren cambios profundos. El movimiento estudiantil chileno quiere transformaciones profundas, la de Brasil combina indignados, es decir, rechazo con transformaciones. Y en ese sentido la respuesta de la presidente es mucho más complicada. Es una respuesta dentro del sistema apolítico y mucha gente podrá decir ¡y a mí que importa el sistema político!.

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