Uno de los vehículos que tiene la sociedad para promover una adecuada redistribución del ingreso son las convenciones colectivas de Trabajo

Miguel Olaviaga: – Titular de AMMA (Asociación Mutual Mercantil Argentina)

MHG: Vamos a conversar con un ex dirigente sindical, si es que se puede dejar de ser sindicalista; radical, alfonsinista para mayor precisión. Fue titular de la Federación Nacional de Empleados de Comercio de Córdoba, se sentaba en la mesa grande del sindicalismo, junto a Armando Cavallieri. Recuerdo que por aquel momento, luego del gobierno de Alfonsín, analizó en un reportaje a fondo en mi libro "CGT, el poder que no fue”, el accionar de la política sobre el sindicalismo. En algún momento decía que “en definitiva cuando se llega al poder, los distintos sectores políticos terminan confesando en la intimidad que los sindicatos son innecesarios para la sociedad”. Hay una cuestión de la política hacia el sindicalismo de tratar de aguantarlos, o de convivir, o de tener una relación con ellos, pero en realidad no terminan de ser parte integrante de la sociedad en todos sus estamentos… El sindicalismo, conciente de esta situación, se impone de prepo… Olaviaga decía: “el poder sindical está como fuerza potencial, está toda la estructura armada., sólo que los feligreses no van a la misa…”. Cómo analiza hoy lo que está sucediendo a nivel del movimiento obrero?
MO: La concepción que yo tengo de esta realidad es exactamente la misma que tenía entonces. En mi caso, yo llegué al sindicalismo de la mano de necesidades muy concretas que fue la incorporación al mundo del trabajo de una visión colectiva de los problemas de la sociedad, el ejercicio de una actitud democrática… Todo esto va de la mano de una forma de ver la sociedad. En primer lugar digo que los sindicatos no son sólo necesarios, son indispensables. Lo mismo sucede con las representaciones gremiales empresarias. Cuando las sociedades tienen crisis, la concertación tiene que ir de la mano de entidades vigorosas. Por lo tanto cualquier actitud en el camino que confunda una posición antiburocrática con una posición antisindical puede naturalmente desvirtuar este principio. Particularmente yo tengo una posición antiburocrática, soy de Córdoba… recuerdo las epopeyas del sindicalismo cordobés y realmente vivo con dolor lo que sucede en la superestructura sindical. Pero eso no tiene nada que ver con la revalorización y la reivindicación del sindicalismo como una fuerza potente en la sociedad…

MHG: pasado los años, después del gobierno del Dr. Alfonsín, recuerdo que en una oportunidad que pude hablar con él, me dijo -y no es el único político que me confesó esto- que le costaba entender al sindicalismo. Alfonsín conversó con usted sobre el rol del sindicalismo en su gobierno?
MO: Sí… Le costó entender porque hay que codificar hábitos y costumbres… Fíjese que una cosa es abordar por ejemplo la habilidad de la conducción para adaptarse a los distintos momentos políticos que vive el país. Pero es indudable que esta dirección sindical que tenemos ahora y que existía en el gobierno de Alfonsín, está vaciada de legitimidad. En el sindicalismo actual no existen alternancias, hay dirigentes con 35 ó 40 años en ese lugar ¡Cómo los va a comprender uno si ellos se sienten dueños de ese lugar! ¡Cómo hablarles de asambleas de base! ¡Cómo hablarles de elecciones internas! ¡Cómo hablarles de intereses de alguien que lleva un mendrugo a su casa y de pronto contrasta con un poder superestructural infinito! Es muy difícil comprender el comportamiento de esta eterna dirigencia sindical desde cualquier cantera de la sociedad… Lo mismo digo de la dirigencia empresarial… Porque en nuestro criterio hay una connivencia que retroalimenta a los dos sectores. Hay organizaciones sindicales que son dueñas de paritarias empresarias, y entidades empresarias que son dueñas de paritarias sindicales… Cuando en realidad la paritaria tendría que ser un elemento vivo que ordene la distribución de la riqueza, que mejore las condiciones de vida de la gente… Hoy cuando hablamos de paritarias hablamos de “enjuagues”, de acuerdos superestructurales, de aprietes, de violencia… esto está desvirtuado…

MHG: Por qué se dedicó al mutualismo?
MO: El mutualismo es primo hermano del sindicalismo. Por eso uno habla de superposición de actuaciones en la sociedad, yo digo como trabajador soy sindicalista, no concibo un trabajador des-sindicalizado, incluso descreo de esa corriente filo ideológica que se llama solidarismo, creo en entidades verdaderamente fuertes por lo tanto como trabajador soy sindicalista. Como consumidor reivindico la economía social. Y como ciudadano reivindico los partidos políticos. Por lo tanto en un mismo sujeto tenemos vertientes que en función de nuestro tiempo, de las circunstancias, orienta el esfuerzo…

MHG: Encontró en el mutualismo el cobijo que no encuentra hoy en el sindicalismo o en los partidos políticos?
MO: No. En realidad el mutualismo en Argentina peca de los mismos problemas que peca el sindicalismo. No estamos en un movimiento impoluto. También hay burocracia, también hay episodios copulares, también hay un vínculo pecaminoso demasiado próximo del sector con los gobiernos de turno… Lo que yo digo es que en una organización sindical se establecen pautas de defensa económica que tienen que ver con el valor de nuestro trabajo; se establecen aspectos gremiales que tienen que ver con todo lo que se define como el constitucionalismo social; se definen también cláusulas sociales que tienen que ver con promover la acción mutual cooperativa ya no desde la perspectiva filantrópica de la buena voluntad o la generosidad, sino como empresas de gestión social que ayuden a ordenar la sociedad. Esta es una parte de los aspectos que tienen que ver con el sindicalismo. Y mi origen sindical hace que me sienta familiarizado con esta área de la definición global de lo que tiene que ser el ciudadano…

MHG: Tengo entendido que en la sede de Rosario ubicada en calle Urquiza 1539, en lo que era la vieja sala de la Cooperación va a funcionar una Universidad de la Economía Social.
MO: Efectivamente. De la misma manera que se impulsan actividades universitarias en el plano lucrativo, en el plano económico, nosotros creemos que ha llegado el momento de promover una Universidad de Empresas Sociales que nos permita intervincular a todas las actividades económicas que realizan este tipo de organizaciones en el mundo. En ese sentido Rosario, la capital nacional del mutualismo, tiene una impronta muy marcada, es mas la ex sala de la Cooperación es un lugar emblemático. Tenemos contacto con la gente de la cooperativa Mondragón, la poderosa corporación cooperativa vasca. Tenemos también relación con la Universidad Mutual francesa. Y estamos trabajando esa idea. Por supuesto que tenemos todos los problemas de los prolegómenos de su concreción…

MHG: Qué carreras se estudiarían?
MO: La idea es que nosotros podamos tener Ciencias Sociales, Ciencias Empresariales, abordar a la empresa desde estos aspectos, la empresa social, la empresa con un concepto de responsabilidad social. Y un campo tecnológico, en el cual realizaremos convenios de reciprocidad con la Universidad Tecnológica Nacional.

MHG: En momentos en que uno de los grandes problemas que tiene nuestro país es la injusta distribución del ingreso, toda esta actividad, este abrazo al mutualismo, apunta a ir remediando esta gran deuda social?…
MO: Por supuesto. Y en ese sentido, insisto, uno de los vehículos que tiene la sociedad para promover una adecuada redistribución del ingreso, homenajeando a los principios productivos, son por un lado las cuestiones tributarias y por otro lado las convenciones colectivas de Trabajo… Las actuales convenciones colectivas de Trabajo son una parodia., están envejecidas, no hay espíritu de concertación, hay una vocación de pactos de cúpulas… Por lo tanto me parece que habría que recrear el espíritu de estas instituciones que parecen como viejas, pero el único problema es que empieza su dirigencia a carecer de legitimidad. Hay que trabajar en esa dirección, la reparación debe comenzar por allí, no hay dudas…