El 2019 está a la vuelta de la esquina y el futuro de Argentina es tan incierto como nuestra selección previo al partido de ayer. Si las elecciones nacionales se realizasen ya, la contienda quedaría circunscrita entre dos grandes sectores cuyos adeptos mantienen sus respectivas lealtades. Ambos atrasan. Lo demás es incierto.
Mauricio Macri ha frenado a través del acuerdo con el FMI una hemorragia. Eduardo Amadeo me dijo: "Si el Gobierno no iba al Fondo, hoy el dólar estaría en 50 pesos y ante la desconfianza, la gente hubiera sacado sus ahorros de los bancos". Sucede que con esta manera de gobernar hay más pobres descartados que se revuelcan en su pobreza y más ricos en su riqueza. Enfrente, Cristina Fernández de Kirchner. Así como por sus errores Macri ganó, hoy, en silencio, por los errores del Gobierno de Macri se apoltrona en su porcentaje de adeptos y dice: "Si me traen alguien que mida mejor que yo, me corro".
Si estas son las opciones, Argentina está destinada a ser un paciente terminal, con mejorías momentáneas, dependiendo de los avances científicos a la hora de hallar el "descubrimiento" que la salve. Si la "ciencia" piensa en Tinelli, Manes, etcétera, seguirá la enfermedad. La medicina es la política.
El lunes la CGT, movimientos sociales, las CTA, expresaron su disidencia sobre la política económica del Gobierno. Si hablamos del costo del paro, según diferentes analistas, es de mil millones de dólares, aproximadamente un 10% de lo que la timba financiera consumió en diez días. Si se lo analiza como un plebiscito, debiese el Gobierno entender que hay una proporción muy grande de personas, con no pocos de sus votantes, que le está solicitando rever políticas.
Es la Iglesia, a través de un documento emitido por la Comisión Episcopal de la Pastoral Social, la que se expresó en esa misma dirección, solicitando que las políticas de ajuste no se practiquen sobre los pobres y que se consolide la democracia, para saldar la deuda con los descartados. Ante esto, el diputado Amadeo me decía que cree que están siendo un "poquitito injustos", dado que su Gobierno destina el 60% del presupuesto al gasto social. He aquí un problema de concepción política: creer que el rumbo es correcto porque el mayor gasto va a lo social es no admitir el problema. Y el problema es, una vez más, la falta de un proyecto que achique ese gasto a través de políticas que fomenten la producción y el trabajo. Y esto no solo no lo entiende el Gobierno de Macri, tampoco lo entendió ni se ocupó el Gobierno de Cristina de Kirchner. Así como los números de un presupuesto describen la preocupación de un gobernante, también hablan de las deficiencias y los errores que la política comete. Sin acordarlo ni proponérselo, Cristina de Kirchner y Mauricio Macri han hecho con esto —la no resolución del problema de la pobreza— la primera política de Estado.
Hace apenas algo más de una semana que Federico Sturzenegger y Juan José Aranguren no están en sus cargos. Resulta extraño que el hombre que había ejecutado al pie de la letra lo solicitado por su Presidente, Aranguren, fuera renunciado por mala praxis. Su reemplazante aún no dijo qué hará en esa cartera. Aumentará el tercio de las tarifas faltante que el presidente Macri menciona que debiese ser más temprano que tarde? En el caso específico del gas, las aumentará respetando el 70% o más que debiesen ajustarse dado el incremento del dólar?
Argentina y sus dirigentes políticos siguen tras los barquinazos, siempre surfeando lo central. Un ejemplo de esto es el proyecto de despenalización del aborto que obtuvo media sanción de Diputados. De paso, nadie le va a decir a la diputada Elisa Carrió que debió haber hablado desde su banca y defender allí sus principios? Acaso pudo más la supuesta vida de la coalición que la vida por nacer? Desde cuándo le preocupa más que no aborte su proyecto político que la vida de un inocente?
A propósito, en el Senado las modificaciones que quieren introducirse al proyecto van en camino a salvaguardar a las instituciones o los médicos por la violación a la objeción de conciencia y no al niño por nacer. Es raro, no? Como también es raro que los legisladores que defienden la vida no hayan presentado proyectos alternativos al de la eliminación. Por ejemplo, por qué no se trata con la misma vehemencia y predisposición una ley de adopción? Parece que en Argentina es más fácil eliminar al débil, en el útero o fuera de él, que ayudarlo a crecer y realizarse.
