¡Me obsesiona dar y comunicar en esta época!

“¡Vivir en un presente donde el balance nos permite seguir dando!”

Beatriz Gambartes: – directora de teatro y ópera, guionista, pianista

MHG: Cómo era la vida en su casa con un padre, Leonidas, que ha recibido tantos elogios?
BG: Mi padre era un hombre muy consciente de lo que estaba haciendo y de su búsqueda. El tuvo mucho reconocimiento en vida, para mí era una especie de trauma. Recuerdo que en la escuela primaria me decían “hacé tal cosa”, una vez fui a una quinta y tenía que pegar un salto muy largo y lo hice con todo mi esfuerzo y el padre de una compañera me dijo que no lo había hecho tan bien como los cuadros de mi padre. Fue un bajón tremendo. Yo tenía consciencia que tenía un padre que, de alguna forma, llamaba la atención. También era un problema en la escuela cuando me preguntaban qué era mi padre y yo respondía: “pintor”. Mi mamá me enseñó que tenía que decir “artista pintor” porque no se entendía si era pintor de brocha gorda o pintor de cuadros. Fue un hombre muy reconocido, tenía muy clara su misión y también una necesidad de no perder tiempo e ir y trabajar en el objetivo de esa cosmogonía, su visión de lo que ya él decía era América.

MHG: Qué heredó de su papá?
BG: Creo que de él heredé, una búsqueda de la autenticidad, de no perdonarme cosas, de tratar de ser auténtica, y esa búsqueda de una voz propia.

MHG: Y de mamá Beatriz?
BG: De mamá Beatriz la contracción al trabajo.

MHG: Empezó desde chica sabiendo que iba hacia…
BG: Hacia la música. A los 5 años tocaba el piano, inclusive, por mi madre que bailaba y cantaba cuanta pieza y cuanta cosa había por allí sonaba por el aire.

MHG: ¡Yo la vi hacer eso a los 90, me imagino en esa edad!
BG: Ella baila y puede sacar cualquier cosa. Para mí era traumático. Parece que todo esto fuera para mí un trauma de mis honestos padres. Ella tiene esa enorme habilidad y goce para con la música. Mi mamá debió haber sido pianista o música. A veces uno empieza por un lado y termina por el otro, son los caminos. El mío fue la música y una consciencia clara que me ponía en conexión con algo esencial que no estaba en la vida diaria, era como una cosa troncal con algo que uno lo podía percibir cuando estaba en ese estado tocando y que eso era una forma de esa cosa que se llama la felicidad.

MHG: Cuándo el piano pasó a ser un instrumento más?
BG: Cuando me caso y vengo a Buenos Aires y ya tenia a mi hijo Ariel. Me pregunté qué hago con toda esta cosa que tengo, estos bagajes que tenía por mi vida: lo que era mi formación musical, lo que venía de la plástica, lo visual, el amor a la literatura. Ahí empecé con el teatro y con la ópera y entré al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y me dijeron “usted qué quiere hacer con la ópera”, porque todos los que ingresaban eran muy operómanos; como yo venía de Rosario, cosa que no me canso de explicar y de decir; dije: llevar la ópera hacia el interior. Rosario ahora está haciendo ópera, una cosa absolutamente invalorable, pero cuando yo era chica no teníamos opciones de ver ópera. Me acuerdo que en esa mesa examinadora le dije “y que se pretende de mí, que sepa de ópera, si yo soy de Rosario”. Entonces le dije que quería hacer ópera en lugares como por ejemplo el patio de mi casa. Y sigo con esa idea de poder desacralizarla, de llevarla a distintos ámbitos, la ópera es un arte vivo, cercano, maravilloso, uno no tiene que esperar de las grandes producciones y de los grandes esfuerzos por que llegan muy poco. Hay que poder acercar la ópera a distintos ámbitos… llevarla a los colegios, armar escenas, mostrar, acercarla a la comunidad.

MHG: Se va renovando la mirada sobre la ópera y cómo montarla sobre un escenario?
BG: Sí. Yo dirijo la carrera de dirección Escénica de Ópera, en el Instituto de Arte del Colón y siempre es un placer ver los reggistas jóvenes que vienen con sus ideas. Y eso es el arte. El arte debería ser esa posibilidad de crear algo que si no existiera sería una ausencia. Lo que quiero decir que uno, la meta de uno, con los que yo trabajo es poner una voz propia y única que comunique algo, que se sintiera como una ausencia si no existiera. Pero para eso se necesita ser también ser muy coherente con uno mismo y muy respetuoso con la obra, así surgen infinitas posibilidades de ella misma, para la representación, como en el canto.

MHG: También es autora de tangos y sigue haciéndolo….
BG: Sí, sí. Estoy trabajando en un proyecto que tiene que ver con eso. Con el tango escribí una ópera con Diego Vila, que fue comisionada por Holanda y se llama “Orestes”, se basa en un libro de (Sergio) De Cecco, que es “El Reñidero”; por supuesto está basada en ese libro, es una versión y viajó a Holanda, Bélgica y nos fue maravillosamente bien. En ese momento existía, esto fue en el 2003, una necesidad mía de combinar distintos lenguajes, o sea, el lenguaje operístico con el lenguaje popular; cantantes que cantan con una impostación operística con cantantes populares. Por ejemplo: estaba Julia Zenko con Susanna Moncayo, que es una cantante muy conocida en el ámbito operístico; o (Carlos) Vittori, que es un cantante que tiene mucha repercusión en el mundo operístico, sino también en los musicales, como “El fantasma de la ópera”, por ejemplo.

MHG: Usted combina lo popular y la ópera, dicho entre comillas, por qué no ha “bajado” a lo popular?
BG: Fíjese que cuando hay grandes figuras como Plácido Domingo la gente acude masivamente. A veces, se tiene miedo de cómo llegar a determinados ámbitos, por ejemplo el Colón, pero la ópera es un género popular, así nació y la gente salía del teatro cantando (Vincenzo) Bellini, (Gioachino) Rossini, y eran canciones populares. La canciones francesas… basta escuchar a Edith Piaf … dice que escribían así porque venían de una tradición lírica. Se entremezclan, son más pruritos que lo que es en realidad.

MHG: En algún momento habrá una fusión con el rock?
BG: Sí, está el ejemplo de Freddie Mercury, que vino como cantante lírico, acuérdese lo que hizo con Monserrat (Caballé). Creo que son nada más que posibilidades y que uno podría hacer mucho más y no se hacen porque hay condicionamientos económicos, en fin, que impiden, llevan o conducen a que quieren montar determinadas cosas. Pero creo que hay gente que está trabajando en cosas muy interesantes y que no tienen la posibilidad de ser conocidas.

MHG: Cumplió con su sueño de llevar la ópera al patio de su casa?
BG: Buena pregunta para esta hora de la mañana. Yo no sé si eso todavía lo pude cumplir. Es interesante que me lo plantee, porque ahora voy a ponerme en eso y decir si lo logro.

MHG: Cómo es Betty Gambartes de entrecasa’?
BG: Me encanta la casa, me encanta limpiar, cuando limpio me concentro mucho… siempre estoy como buscando, como estudiando, siempre intentando que me venga ese perfume del aire, en donde uno pueda sentirse siempre en primavera, en esa vitalidad de la ilusión, en la vida diario intento que no me roben la ilusión.

MHG: Con el amor cómo le ha ido?
BG: Variado…

MHG: Le va bien?
BG: También hago exactamente lo mismo. Es como una larguísima novela que me da mucho pudor hacerlo. Fíjese usted que no me atrevo al Facebook, porque toda cosa que sea intimidad me siento horrible.

MHG: Es feliz?
BG: Intento también, la felicidad no existe. Es la búsqueda de esos momentos, de esa armonía, de esa posibilidad de sentirse mínimamente armónico, en donde las ausencias y las presencias, las carencias, lo deseos no lastimen, sino vivir en un presente en donde uno pueda hacer un balance y estar conforme y seguir apostando y seguir soñando. Siempre tengo la necesidad de dar, a mi me preocupa mucha dar. Yo insisto mucho con un artista cuando lo tengo delante que dé, que se brinde, que esa es una puerta maravillosa para la interpretación. Esa es mi preocupación, poder dar y poder comunicar en una época en que justamente la comunicación más profunda o la verdadera y, a pesar, de todas las redes sociales; la intimidad o la verdad de brindar de algo profundo de uno parece desvanecido en tanto ruido y tanta polución.

 

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