De pronto me sorprendí con la radio en mi mano esperando oír la sentencia sobre el triple crimen. Retuve el aliento y apreté fuerte mi portátil, como si a través de ella abrazase el dolor irreparable de lo que nunca más tendrá vida: Jere, Mono y Patom. La voz del juez sonó a lo esperado: Justicia. 33,32, 30 y 24 años para los responsables del asesinato en la canchita de Villa Moreno. Rosario tuvo un punto de inflexión aquel 1 de enero de 2012. Ese crimen visibilizó una ciudad vulnerable (que lo peor de la política y lo peor de la policía ocultaban): el narcotráfico y las guerras por los territorios. Tres familias y un puñado de pibes militantes de férreas convicciones pertenecientes al Frente Darío Santillán y al Movimiento 26 de junio; fueron los encargados primero de separar la paja del trigo: Jere, Patom y el Mono nada tenían que ver con esa guerra sucia. Segundo: exigir justicia.
Jere, Mono y Patom eran (suena cruel el verbo en pasado) tres pibes del barrio que trabajaban con el ideal claro de lograr un mundo mejor. La balacera no les preguntó con qué soñaban ni tampoco qué hacían por los demás…. los mató.
Ninguno de los homicidas nunca pidió perdón. La mirada final al conocerse el veredicto que los asesinos dispararon sobre los presentes en la sala de audiencias, mató tanto como aquel 1 de enero de 2012.
Fueron 24 meses tremendos. Miedo y valentía pujaron por igual en los habitantes del barrio de Villa Moreno. Las amenazas permanentes hacia las familias, amigos y testigos del barrio se tornaron por momentos insoportables. 70 testigos con una valentía impresionante dieron su testimonio, sabiendo que enfrentaban a lo peor de una sociedad: el narcotráfico.
Las lágrimas de los Trasante, Rodríguez y Suárez contagiaron (nos contagiaron) y fuimos abrazándonos para achicar el miedo y sostener el dolor.
El fallo de los magistrados Gustavo Salvador, José Luis Mascali e Ismael Manfrín, nos reconcilia con la Justicia. Sobre los familiares y amigos este fallo pone su ingrediente de paz, elemento clave para la resignación de lo que ya no es. Para tantas otras familias víctimas es una esperanza. Para la propia justicia debe ser el camino del “se puede” a transitar.
Siento que debo advertir que así como el 1 de enero de 2012 Villa Moreno produjo un corrimiento de velo para toda una sociedad; temo que traiga consecuencias indeseadas. La política no está preparada aún para ejercerse sin mala praxis. Por eso las bandas mutan, se metamorfosean y reptan. La policía tampoco zafa de la mala praxis. Como ironía del destino esta semana Ludmila Cabral, de 14 años, en el barrio La Tablada, fue víctima al igual que Jere, Mono y Patom del accionar de las bandas. La balacera la hirió gravemente dado que a pesar de su corta edad protegió a su bebé de solo 9 meses. Una parte de la sociedad cree que todo lo que estamos viviendo no lo pueden solucionar políticos honestos. Si la deshonestidad se asocia con fortaleza para enfrentar a lo peor, estaremos construyendo nuestra propia trampa
Un reconocido médico rosarino destacado y premiado en nuestro país y en el exterior, radicado en Estados Unidos, el Dr. Luis Tomatis, con quien suelo intercambiar ideas me dijo hace un tiempo atrás: “ Mire María, varios amigos desde la Argentina me preguntan:”Cómo nos ven desde allí’”. Tristemente como el país de las oportunidades perdidas. Si miramos Argentina a la distancia (muy posiblemente después de nuestro tiempo) esté destinada a volver a tener un lugar destacado en el núcleo de las naciones. Tenemos materias básicas que la humanidad necesitará, alimentos y energía potencial, tenemos capacidad de educar gente para generar valor agregado y producir sobre el nivel manual y quizá revertir el índice de natalidad para crecer sabiendo que esos hijos tendrán un lugar para florecer en ese nuevo país. El curso que ha tomado nuestro país respecto a la violencia empezó cuando no se reprimió la invasión de la droga y el desastre económico que afecta más a los que menos tienen y que ha desembocado en la ola de inseguridad del presente. Para retornar al control de la violencia va a ser necesario un Estado fuerte con un absoluto apego al cumplimiento de la ley para así garantizar la seguridad de los ciudadanos y devolverle a nuestro país al estado de derecho, igual para todos. Hay mucho por hacer pero el primer paso empieza por hacer un recuento de nuestros problemas y luego como dice Lao Tzu : “El viaje de mil millas comienza con el primer paso”.
