La política está extraña (Diario El Ciudadano)

No hay –al menos en las oposiciones– claridad conceptual y coherencia programática a las que ceñirse.

Los límites “geográficos” de los problemas en nuestro país son laxos; es más, a fuerza de juntar víctimas, se ensanchan. En cualquier tema que se quiera analizar, los enredos de las partes entorpecen el camino a cualquier conclusión. El fiscal Nisman está muerto y se llevó con él las respuestas a las preguntas básicas del manual de un periodista: qué, cómo, cuándo, dónde y por qué. A partir del hecho no sólo su cuerpo fue ultrajado y/o manoseado, sino su vida. La notoriedad de este caso que en sí contiene a tantas otras víctimas con distinto grado de anonimato, lleva a que la conclusión y pedido del doctor Claudio Stampalija sea válida para todos los casos. “Argentina no cumple con el manual del derecho a la víctima. Si observamos cómo se trata arteramente a una víctima, los argentinos debiésemos reflexionar sobre esto en forma individual y colectiva… es una conducta repugnante. Específicamente sobre el caso Nisman, he pedido a la Sociedad Internacional de Victimología que haga un dictamen sobre su tratamiento”. Las horas y los días transcurren y los casos, hasta los más resonantes, van acomodándose en el anaquel del olvido. Regino Maders, Julio López, por citar a dos de los más lejanos en el tiempo a nuestro presente, algunos correligionarios o algunos militantes de los derechos humanos y sus familias sólo mantienen viva la diluida esperanza del esclarecimiento. Si nos acercamos en el tiempo nunca más se habló del asesinato del jefe policial Morgans, ni se esclareció el ataque a balazos a la casa del gobernador Bonfatti.

En este año electoral las horas de los ciudadanos transcurren entre cortes de electricidad, una inflación que muerde los bolsillos desgastados de la población y en ciudades como Rosario conviviendo con el miedo a la violencia en sus distintas caras.

Este sábado el radicalismo, centenario partido nacional y popular, debatirá sobre dos grandes posicionamientos electorales con una sola certeza: la histórica UCR no irá con fórmula propia a las próximas elecciones. Su valor reside en tener una estructura política que le permite a cualquier candidato (paradójicamente, excepto, a un radical) tener un fiscal, un comité y un par de votos hasta en los confines de la república. Sin embargo los convencionales dirimirán si apoyan el esquema Macri presidente o apoyan un acuerdo más grande que incluya en las próximas Paso a Massa. Este desmembramiento de la UCR, que muchos festejan en vez de lamentar, es clave para la composición política de las futuras fórmulas de la oposición. El radicalismo no le va a ofrecer un candidato a Macri. Será éste quien se lo solicite, difícil decisión. Si Macri elije a un radical como compañero de fórmula, se asegura estructura pero no votos. Tal como le ocurre a Del Sel en Rosario. Si elige a Reutemann asegura votos. Si esto es así y lo que impera mayoritariamente en la Convención radical es un acuerdo reducido a Macri, seguramente Sergio Massa buscará ser acompañado por Julio Cobos o Gerardo Morales. Si es Reutemann, será Lavagna?

La política está extraña porque no hay –al menos en las oposiciones– claridad conceptual y coherencia programática a las que ceñirse. Por algo el papa Francisco les solicitó a los candidatos que tengan una plataforma, que sepan explicarla y sean claros a la hora del origen del financiamiento de la campaña. Macri está pensando, de ser presidente, en un gobierno al estilo Eduardo Duhalde, una coalición ejecutiva y parlamentaria. Cristina Kirchner desplazó de su entorno a Juan Carlos Mazzón. Me cuesta pensarlo a José Luis Gioja dándole sus listas a la presidenta para que las complete con La Cámpora. Si de paradojas hablamos, sin haber cumplido un año, Unen se desunió. Binner declinó su candidatura presidencial y postuló a Margarita Stolbizer, otro desprendimiento del radicalismo bajo la denominación GEN. El vicepresidente de dicho espacio, el diputado Fabián Peralta, dijo: “Volvimos a ser Frente Amplio Progresista y desde allí vamos a disputar el espacio progresista. Quedamos en el medio de Altamira y Massa/Scioli/Macri”. Cuando la fórmula presidencial socialista era Giustiniani-Lilita Carrió, muchos socialistas votaron al kirchnerismo creyendo en su progresismo. Se repetirá la actitud en esta ocasión? Miguel Lifschitz parece estar destinado a enfrentarse a los peores obstáculos. Cómo explicar que según el gobernador Bonfatti a Santa Fe “le sobran móviles policiales y recursos humanos” si, al decir de Andrés Mautone, de cada 10 asesinatos provinciales, 7 se producen en Rosario? Suena lógica la respuesta del senador Giustiniani: “Si los tiene que los saque a la calle”. Como cierre de este análisis cobran fuerza los dichos del diputado Pablo Javkin: “Lo primero que debe hacer la política es reconocer la realidad, y lo segundo, animarse a poner las coincidencias sobre la mesa”. Esta semana tres jóvenes precandidatos a intendente, Pablo Javkin, Roberto Sukerman y Fernando Rosúa, se animaron a poner sus coincidencias sobre la mesa a la hora de pensar una Rosario conducida por cualquiera de ellos.

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