"La ocasión perdida" (Reflexiones de María Herminia Grande par el diario El Ciudadano)

Fue tan espantoso lo generado en la crisis 2001-2002 que existe casi una inhibición al solo intento de comparar situaciones.

Los hechos de esta actualidad nos llevan a interpelarnos sobre el porqué de la implosión social que atraviesa nuestra Argentina. Fue tan espantoso lo generado en la crisis 2001-2002 que existe casi una inhibición al solo intento de comparar situaciones. Queremos creer que aquel ayer no tiene punto de comparación con este hoy. Lo cierto es que si aquel ayer se hubiese curado en salud como todo indicaba que así había ocurrido, hoy no estaríamos temiendo y viviendo viejas y nuevas pesadillas. Tampoco estaríamos dependiendo, cual meteorólogo social, de las fechas, de los meses, del frío, del calor…
Argentina tuvo todo para dejar en el olvido y sólo referenciar como un hito histórico aquel desastre. Fue en el 2001-2002 cuando Duhalde junto a Remes Lenicov devaluaron para así empezar de nuevo. En paralelo el mismo Duhalde junto con Raúl Alfonsín y a través de la Pastoral Social instrumentaron el Diálogo Social. Coincidencia política, profunda contención ecuménica… todos se “arremangaron” para volver a empezar. Hubo muchas urgencias. También grandes fatalidades. Enorme cantidad de personas perdieron sus empleos, sus ahorros, su salud, sus sueños y algunos sus vidas. Despaciosamente volvió la calma. Y Argentina que siempre está dispuesta a recuperarse, con la incorporación del doctor Roberto Lavagna, así lo hizo. Mientras la política se esforzó de la misma manera que los otros actores sociales, Argentina se fue recuperando y reencontrándose. El problema reapareció por, como he dicho varias veces, la ambición por el poder que todo lo puede, que todo lo demanda y todo lo corroe. Las ansias reeleccionistas matan. Olvidando que, como dice Eladia, “permanecer y transcurrir no es perdurar”. Y para permanecer y transcurrir se llega hasta a pactar con el diablo, y así comienza el enorme problema que padecemos por estos días. Así la moral quedó de lado, al igual que los valores como también la razón de ser de los gobernantes. Todo el tiempo que debiesen ocupar en achicar la brecha social para posibilitar una sociedad más igualitaria, lo que permitiría a ese político realmente perdurar; lo ocupan en tejer la enorme trama de acuerdos, concesiones, sometimientos para lograr el campo propicio para su cometido y garantizar a sus innumerables asociados prebendarios, que las distintas corrupciones tendrán impunidad.
Cuando Argentina transitaba la posibilidad de transfundirle al crecimiento, desarrollo; el diablo metió la cola.
El gobierno nacional no sólo ha perdido las elecciones de medio tiempo, ha perdido la oportunidad de producir cambios cuando cambió nombres. La inflación, la corrupción y la impunidad debieron haber sido las motivaciones de dichos cambios. Ante ello tenemos vacío institucional y Estado ausente. Las políticas que intentan aplicarse van en dirección contraria. Los precios siguen subiendo y lo seguirán haciendo, las tarifas con consentimiento o sin, siguen subiendo (en algunos casos pareciese que desde los distintos Estados se está a la caza del otro y no al servicio del ciudadano). No sólo el gobierno nacional ha dilapidado recursos, han sido copia fiel provincias y municipios. La Justicia debate su deber ser y opta, en la mayoría de los casos, por permanecer y transcurrir en lugar de perdurar. Quienes intentan perdurar, como el fiscal Campagnoli, se los conmina al ostracismo. Un sinfín de hechos similares ocurre con la prensa, la cual debiese ser la voz clara de los hechos oscuros.
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Maria Herminia Grande Periodismo
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