La obra del Tata, parafraseando un poco la actualidad política, es de necesidad y urgencia.

Roberto “Kolla” Chavero: – Hijo de Atahualpa Yupanqui

MHG: A su papá lo hemos conocido todos, los que queremos mucho al folclore y quienes tal vez simplemente lo hayan oído nombrar. Cómo era su papá?
RCH: Es como se lo conoció en general, su actividad artística no alteraba su forma de ser. Era un criollo, bastante reservado, con una buena dosis de humor, muy preocupado por la buena educación del hijo y la buena formación en particular. Para conocerlo bien o para hacerse una idea de cómo era él, creo que el libro de las cartas es un elemento fundamental.

MHG: Quien lo ha oído o lo ha escuchado, lo imagina como un padre consejero es así?
RCH: No era consejero, simplemente estaba atento. Básicamente daba el ejemplo. A veces hacía una reflexión como al pasar, pero nunca se sentaba a conversar y a explayarse en un tema. Creía mucho más en el ejemplo que en otras cosas. Desde ese lugar él enseñaba.

MHG: Lo crió con la libertad que él expresaba en su obra?
RCH: Absolutamente. Siempre tuvo un gran respeto en el sentido que yo me expresara en mis actividades o pudiera desarrollar una vida que tuviera enmarcada en la libertad. Cuando uno se disponía a hacer algo, a estudiar algo o a leer algo, él jamás emitía una opinión, salvo que fuera algo peligroso para “mi salud”. De no ser así, simplemente observaba y callaba. Le daba a cada uno un crédito en el sentido que si la experiencia iba a ser frustrante o negativa, que la aprendiese yo solo. Él estaba muy convencido que la experiencia es intransferible y que había que darle al joven, -y él operaba así-, todos los elementos para que pudiera sacar provecho de las experiencias, las buenas y las no tan buenas.

MHG: Cuál es el primer recuerdo que tiene del papá con guitarra?
RCH: Recuerdo verlo tocar la guitarra en Cerro Colorado, en el patio de casa. A la nochecita se sentaba con mi madre a tomar mate y a tocar la guitarra, tocaba para nosotros, no para ejercitarse, simplemente tocaba para él. Para mí, con la guitarra, este es uno de los recuerdos más claros.

MHG: En realidad usted es hijo de dos artistas, su mamá tuvo mucho que ver con el arte es así?
RCH: Mi mamá falleció un año antes que mi padre. Ella era pianista, había dado conciertos. Dejó esa profesión por mi nacimiento y por haberse unido al Tata quien ese entonces estaba en una actividad política… no era fácil en esos momentos la vida de la familia…

MHG: “Las coplas al payador perseguido” se originaron por la persecución política?
RCH: Sí, así se iniciaron. Como respuesta a la cárcel, a la persecución. Pero después, evidentemente, inclusive los primeros versos que él escribió no están en “el payador…”, están en otros versos. Después se dedicó a escribir “el payador…” como un relato de su vida anterior a toda esa situación que le tocó vivir. Cuando empezó a escribir la segunda parte, es como que le costó mucho hacerlo, porque no le encontró la vuelta para poder expresar lo que estaba viviendo en ese momento, y no poder tener una visión atemperada que suele dar el transcurso de los años. Nosotros hemos hecho una revisión del “Payador perseguido” con esa segunda parte que él empezó a escribir, escribió ocho sextillas y no siguió adelante… Lo mismo pasó con la autobiografía. Le habían contratado en Europa para que escribiera una autobiografía, hizo cincuenta páginas… y no se hallaba cómodo hablando de sí mismo…eso, indudablemente, a él le molestaba…

MHG: Su padre llega antes a la guitarra que a la poesía o al revés?
RCH: Llega a la canción popular a través de mi abuelo, o de algún vecino, o de algún tío. Obviamente se inició primero en la guitarra, compró un guitarrita de chico con los vueltos del almacén, con eso empezó a tocar las primeras cositas muy primariamente. Después el abuelo lo mandó a estudiar violín con un cura, porque no había otra posibilidad donde estaban. Unos años después lo mandó a estudiar guitarra con el maestro Almirón. Cuando empezó con la guitarra indudablemente tenía afición por la lectura, por la poesía… Seguramente ha escrito en su preadolescencia versos que después se comentaba que eran horribles, nunca conservó nada de eso, pero indudablemente estaba marcada su vocación y su necesidad de expresarse…

MHG: Usted cuándo se encontró con la guitarra?
RCH: A mí de chico, como a los 10 años, me mandó con un profesor amigo de él, maestro de guitarra, Marcelo González, un entrerriano que vivía cerca de casa en Buenos Aires. Pero a mi me costaba mucho, me resultaba muy ingrato estudiar guitarra. Estudié un tiempito con el amigo del Tata, debe haber sido muy duro para él tener un alumno como yo… No le encontraba la vuelta… Aprendí a rasguear algunas cositas. Me gustó más el piano, mi madre me sentó a estudiar piano durante 2 ó 3 años, ahí me sentí mas cómodo. En casa escuchábamos mucha música clásica, mis padres hacían comentarios sobre las interpretaciones, sobre sonidos, o sea todo lo que puede apreciar un músico en lo que escucha. Con los años, ya pasada la adolescencia, retomé la guitarra, porque uno la puede llevar a cualquier lado y ayuda a expresarse. Ahí empecé despacito en forma muy amateur, cosa que siguió siendo así. Ya lo tomé con un poquito más de dedicación y fue y es una buena compañera para la vida…

MHG: En familia llegó a tocar con su papá?
RCH: No. Alguna vez me escuchó, yo tocaba para mi mismo algunas piezas instrumentales que sacaba de oído y las tocaba a mi manera. Vivíamos en departamentos contiguos con mis padres y una amiga que estaba con ellos le comentó que escuchaba a alguien que tocaba la guitarra y cuyo sonido era muy parecido al del Tata. Me preguntaron si era yo y les dije que sí. Entonces un día vino mi padre a casa y yo justo estaba tocando el Estilo de Quijano y me hizo alguna corrección, y me dijo algo que no le presté atención hasta que pasaron los años: “seguí practicando, que alguna vez la guitarra te puede matar el hambre”. En ese momento creí que sólo era una ocurrencia, pero indudablemente la guitarra me ha ayudado no a matar el hambre pero sí a matar otras cosas…

MHG: En sus últimos tiempos su papá siguió componiendo?
RCH: Compuso prácticamente hasta los últimos años antes de fallecer. Era tanto lo que había escrito y compuesto… A él lo motivaba mucho las experiencias que vivía, viajar, conocer territorios nuevos, extrañar el terruño, recorrer el país y conocer personajes., situaciones, paisajes… Para él esto siempre fue un disparador muy importante a la hora de escribir y componer. Con los años el hecho de llevar una vida más profesional y abocada a dar conciertos, y además una salud en general menguada, tenía problemas de artrosis , de reuma , era cardíaco…En los últimos 5 ó 6 años, papá falleció a los 84 años; le costaba trasladarse, le costaba hasta cumplir con los compromisos, era algo que hacía con gusto pero arrancar le costaba mucho… Todo esto hizo obviamente que menguara su dedicación a escribir y componer… de todas formas creo que lo último e importante que hizo fue escribir la letra de la Palabra Sagrada, una cantata que se estrenó en Francia con motivo de los 200 años de la Revolución Francesa. Eso fue de las últimas cosas mas importantes que hizo hacia el final de su vida…

MHG: De su obra, por las razones que fueran, si tuviera que elegir una, diría: ¡Quiero ésta…!
RCH: Es muy difícil para mi, tengo mucho cariño por muchas obras porque tienen distintos significados, o significaron algo en nuestra vida en un momento dado, o significaron una enseñanza para mi cuando las descubrí, o siento que representan algo importante para mucha gente incluido yo, por ahí me da la sensación que tengo muchas preferencias. De todas formas creo, que de todo lo que escribió mi padre, el poema titulado “Hermanito del mundo”, que escribió en algún momento de su vida, seguramente en la época de combatividad política, pero sobre el final de su vida, un mes antes de morir, mi padre lo dijo en un recital de Ángel Parra en Zurich. Él durante esa noche lo modificó al decirlo, seguramente por la traición de la memoria de un hombre que había sufrido diez edemas agudos de pulmón, había fallecido mamá… Este es el poema que yo propongo para que las escuelas trabajen… Se llama, como decía, “Hermanito del mundo”, a lo que yo agrego, versión final, porque es la que él dice en ese último recital y es distinta a la versión escrita que dejó en algún libro:

Hermanito del mundo, (versión final)
Forastero me llaman
Porque no tengo ni un miserable rancho pa´ mis inviernos
pude tenerlo, es cierto, pude tenerlo
pero gasté mis cobres con forasteros.
Hermanito del mundo, préstame un libro
yo te daré mi copla que es mi destino.
Dame tu pan hermano, bebe mi vino
y sigamos andando por el camino
Mi tierra está llenita de forasteros,
campesinos sin campo,
indios sin cerros.
¡Qué tremendo silencio sobre nosotros!
Hagamos con silencios un nuevo grito
y hagamos otro mundo para los niños
¡Hagamos otro mundo para los niños!
Hermanito del mundo, préstame un libro
yo te daré mi copla que es mi destino
Dame tu pan, hermano
bebe mi vino y sigamos andando por el camino
Me has comprendido hermano? Me has comprendido?
Detrás de las palabras hay un sentido
¡Hagamos otro mundo para los niños!
¡Hagamos otro mundo para los niños…!

MHG: Gracias Roberto. Es difícil encontrar la palabra justa a tanta emoción en este mensaje tan profundo. Que en sus últimos años haya puesto el acento en la responsabilidad de cada uno de nosotros para con los chicos: el futuro y su bienestar, me parece que es la síntesis de toda su obra…
RCH: Yo también lo interpreto así. Esto lo dijo a menos de un mes de morir en un homenaje a Violeta Parra y a él de parte de Ángel Parra. En ese recital mi padre intentó cantar, canturreó algunas canciones, con una voz muy débil, sin poder prácticamente tocar al guitarra, no podía manejar la mano derecha… Dijo este poema con mucha fuerza, con mucha convicción… para mi es un legado que nos dejó a todos, una apelación a la conciencia de los hombres y es el cierre de toda su obra.

MHG: Hablando de homenajes, usted cree que Argentina, su pueblo, las autoridades, le han dado a Don Atahualpa el verdadero reconocimiento?
RCH: Yo me pararía en donde él estaba, no era muy afecto a los homenajes. Creo que el mejor homenaje sería que su obra llegara a las escuelas, se difundiera, se debatiera, se profundizara entre todos. Es una obra que fue escrita para nosotros. Para que los argentinos, los latinoamericanos encontráramos un mejor rumbo en todas las cosas de la vida. Él dedicó su vida a eso. Mi padre jamás buscó enriquecerse con su tarea. Simplemente sostenerse para poder seguir escribiendo, componiendo y difundiendo su pensamiento, su filosofía si se quiere, dicha en términos criollos, en canciones criollas. Creo que lo importante es que pueda llegar a todos, pero no en el sentido de la difusión masiva para que cobremos más en SADAIC, sino en esa otra difusión en donde los niños, jóvenes y grandes podamos crecer en un rumbo que marca su obra, en donde nos habla de otra forma de convivencia, de otros valores que él recibió de sus mayores y por ahí hoy están muy ausentes. Yo diría que la obra del Tata, parafraseando un poco la actualidad política, es “de necesidad y urgencia”. Creo que fue una obra formadora, formadora de conciencia, formadora de conducta, él refrendó con su vida esta obra, con su conducta artística, con su conducta personal, con muchos renuncios a las tentaciones y a los atajos …con mucho sacrificio escribió esta obra. Le puedo asegurar que donde nosotros vamos a dar charlas a los jóvenes y a los niños, a ellos se les despierta un gran interés por la obra de mi padre…

MHG: quizá la pregunta que le voy a hacer debiera responderla su padre, pero usted seguramente lo ha podido percibir, cree que ha sido feliz Don Atahualpa?
RCH: Él no pensaba mucho en esos términos. La felicidad no sé si era un valor en su vida. Creo que el valor que para él era muy importante era la plenitud. Nunca lo escuché hablar de que la felicidad sea un valor importante a alcanzar en la vida, pero sí la plenitud. O sea vivir plenamente, entregarse plenamente a la existencia y justamente estar muy atento y procurar retribuirle a la vida con los mejores actos, con lo mejor de uno. Estar atento a los zorros y a los lobos que la vida nos pone en el camino y saber alejarlos. Él más bien era un buscador de paz. Buscaba sentirse él en paz y procuraba que los otros, -y eso se refleja mucho en sus recitales-, alcanzaran esa paz. Esa paz que es un valor interno sin la cual es imposible alcanzar la otra paz…