“La muerte siempre es digna, lo que a veces no es digno es la forma de morir”.
(Pbro. Alberto Bochatey: Magister en Bioética, Licenciado en Teología Moral. – Presidente del Instituto para el Matrimonio y la Familia de la UCA)
MHG: En Italia, a una pareja quería tener un hijo, no podían, tampoco pudieron adoptar. Recurrieron a la fecundación artificial y al nacer el pequeño el Estado se los quitó bajo el argumento que son personas de avanzada edad. La pregunta es qué va a pasar con la familia en esta modernidad en donde pareciera la ciencia podría discutir la teoría de la relatividad con la aparición de un neutrino? La familia será la misma, esta unidad se mantendrá así? … Como decía Borges todo es tan raro y tan posible? El padre Bochatey participará de un congreso, organizado por la Universidad Católica Argentina, que tratará temas relacionados a la familia.
AB: Hace usted una presentación muy completa de la complejidad de lo que ha pasado en pocos años, se ha visto un cambio en la familia bastante radicalizado. Se puede decir que en la época de nuestras abuelas era una tarea sencilla tener un hijo y sabían cómo había que hacerlo. Hoy se ha complicado no obstante el saber ampliado con el desarrollo de la ciencia, saber cuándo se inicia una vida, cuál es la dimensión de la paternidad y la maternidad… el caso que usted comenta de Italia es un suceso social muy complejo, no sólo entra en cuestionamiento la edad de los papás, sino también el estado psicológico y emocional. Porque hay que ser papás en la edad justa, la naturaleza nos enseña esto. En la U.C.A. nos preocupamos por el matrimonio y la familia y este año tenemos un congreso de gran importancia.
MHG: En el año de la vida, que interesante revalorizar la vida.
AB: Exactamente. Hemos hecho un esfuerzo grande y en ese sentido tenemos que agradecer a las autoridades de la universidad que, pese a las dificultades, nos siguen apoyando y ayudando. Hemos podido traer a Monseñor Jean Lafitte, secretario del pontificio consejo para la Familia, diríamos que es la mano derecha y la izquierda del Santo Padre en los temas de familia; y al Monseñor Carlos Simón Vázquez, subsecretario de ese mismo consejo. Al mismo tiempo viene el vicepresidente del Instituto Juan Pablo II de Matrimonio y Familia de Roma, catedráticos de España y de Argentina, estamos nosotros presentes para intentar presentar una visión bastante completa de la complejidad del matrimonio y la familia en nuestros días.
MHG: Dado los avances de la ciencia y el tema de la muerte digna, el Vaticano ha llegado a una conclusión acerca de hasta cuándo hay vida?
AB: La Santa Sede tiene la Pontificia Academia para la Vida. Esta entidad se dedica específicamente a estos temas y convoca a científicos de primer nivel de todo el mundo y no sólo católicos. Hace varios años se ha hablado mucho sobre el inicio de la vida. Sobre el final de la vida también ha habido varias declaraciones. En el tema del corazón la problemática que tenemos hoy es lo que se llama la muerte cerebral. Hoy hay un estado de muerte que puede ser diagnosticado por el sistema neurológico, es decir, por el sistema nervioso, por la funciones del cerebro. Esto es una gran novedad en la historia, fíjese que durante milenios sólo se podía diagnosticar la muerte de una persona por el corazón, lo que se llama el paro cardiorrespiratorio, así la persona estaba muerta. Hoy con las tecnologías y los soportes mecánicos se pueden mantener órganos en funciones vitales. Podemos Relacionarlo con el tema de los transplantes de órgano: se sabe que una persona está muerta y se retiran los órganos solamente en personas con muerte cerebral, pero en general los latidos del corazón sigue siendo la causa de muerte del 95% de los muertos. Eso es una realidad.
MHG: Y para la finalización de la vida acerca, qué consideración la merece de la muerte asistida?
AB: Es muy importante la pregunta porque se habla mucho de la muerte digna, uno pude decir que la muerte siempre es digna, la muerte es parte de la vida. Nos va a tocar a todos. Los que tenemos una visión antropológica y espiritual creemos que es un momento existencial fundamental, creemos que es el paso de una vida a otra vida. Quien no crea, bueno es el final de la vida biológica. Lo que no es digno es la forma de morirse, si a mí me matan en la esquina por robarme, eso no es digno. Mi muerte, mi final en esta tierra, mi encuentro con Dios, tiene una dignidad propia. Entonces es un término un tanto ambiguo y bajo ese término se pueden encontrar diferentes formas de hacer terminar la vida de una persona. Por eso es muy importante que la ciudadanía esté atenta a los proyectos de los legisladores y no nos dejemos llevar por las emociones. Cuando uno ve una niñita muy pequeña que sufre, se puede entender a los padres, se puede entender la emoción que provoca el hecho, pero uno no puede legislar por emociones, hay que legislar con la ciencia, con la razón, con la sabiduría, con el buen arte de entender de las ciencias médicas. Hay que tener mucho cuidado que bajo ese término no se escondan formas de eutanasia o de selección de vida. Ciertos enfermos terminales o crónicos les van a hacer terminar su vida, eso sería muy peligroso. El otro argumento por el cual la Iglesia está muy preocupada y ha realizado pasos muy adelantados es respecto de lo que se llama el encamisamiento terapéutico, o sea, cuando la atención médica es desproporcionada al bien que se busca. Todos sabemos que la muerte en ciertos momentos es inevitable, es inútil que una persona que está en un estado terminal de una enfermedad gravísima dispongamos una operación menor que no hace al cuadro general. Eso sería una acción médica desproporcionada, no adecuada al paciente. Hay que estar muy atentos que no se produzcan abusos de parte de los médicos.
MHG: La manipulación de la vida tiene sus límites, cuándo es ciencia y cuándo es manipulación?
AB: La palabra manipulación se ha desacreditado mucho por los abusos, porque en sí manipular no es malo, uno manipula muchas cosas, es el uso de las manos y de la tecnología que tenemos. Lo que es malo es abusar de esa manipulación, cuando se utiliza como una actividad comercial o una práctica médica que no ha sido todavía del todo comprobada científicamente o no ha pasado por todas las etapas que necesita la investigación. La palabra límite también está mal vista en nuestros tiempos. A nadie nos gusta que nos pongan límite de nada, ¡Menos a un científico! … cómo decirle: usted tiene un límite. Pero la ciencia tiene límite, el límite es la ética.
MHG: Es la ética o la técnica que muestra?
AB: Si me permite un ejemplo: tiempo atrás, cuando íbamos por las rutas, parábamos a un costado de la ruta, abríamos el capot de nuestro auto para que se refresque el motor y así poder seguir el viaje en verano de vacaciones. Hoy tenemos las autopistas, son más seguras, más rápidas, pero hay que parar en ciertos lugares, si bien no es como el camino anterior. La ética es a la ciencia la autopista, o sea, para que una ciencia, una tecnología se desarrolle bien, sin problemas necesita de un marco ético para estar seguros. Es como cuando uno va al médico, si hay un profesional que sabe mucho pero no tiene ética profesional, uno termina yendo a otro, porque prefiere un médico que sea completo, que sepa y que sea ético. Acá pasa exactamente lo mismo, las técnicas que utilizamos tienen que estar enmarcadas en un campo ético o bioético como exigen las normas internacionales. Y eso le va a dar al científico la libertad de poder seguir investigando, seguir avanzando sin cometer accidentes, para ir más rápido se necesita a la ética, que la ética ponga algún límite. Y los límites no son malos. Los limites que aparecen en las autopistas los respetamos porque nos ayudan a ir más seguro. No va a venir nadie de contramano, no me voy a topar con una curva peligrosa queme saque de la ruta.
MHG: Hay límites que se corren en la bioética a partir que la ciencia demuestra ciertas cosas?
AB: Lo que sí puede pasar lamentablemente, no todo en el mundo tiene paciencia, como en cualquier parte, no somos todos buenos, hay mucho dinero de por medio, hay intereses políticos, hay intereses internacionales, hay carreras por publicar primero el desarrollo de una novedad científica. Hemos visto casos de abusos e inexactitudes. Pero, seamos honestos y esperanzados y reconozcamos que hay un gran número de personas que se dedican a la ciencia y son muy responsables, que trabajan intensamente la dimensión ética. Piense, que hoy por hoy, en ningún lugar serio del mundo se acepta un protocolo de investigación que no tenga la aprobación de un comité de bioética. Esto ha sido un paso muy importante.
MHG: En qué lugar quedan ubicadas las células madres a los fines de ser utilizados en personas?
AB: Una cosa son las células madres y otra cosa son las células madres embrionarias. Las células madres adultas que se encuentran en la médula o en algún otro tejido, hoy por hoy son las usadas en un 99% en las investigaciones que se están haciendo y no tienen mayores problemáticas éticas más que las comunes de cualquier investigación con tejidos humanos. En cambio, las células madres embrionarias se han prácticamente abandonado en el mundo porque han sido un fracaso, un bleff total. Fíjese que actualmente hay registrados en el mundo cerca de 14 mil protocolos de investigación con células madres adultas y 4 ó 5 con células madres embrionarias. Es claro que sólo siguen las investigaciones con células madres embrionarias aquellos laboratorios que han tenido un compromiso comercial con ello. Pero han sido un fracaso porque no ha dado ningún resultado. En cambio, con las células madres adultas están siendo un suceso, más lento de lo que parecía porque aparecieron un montón de complicaciones que no se tuvieron en cuenta pero ¡gracias a Dios! es un camino esperanzador. Ya tenemos varias acciones terapéuticas, eso es lo que nos interesa al hombre de la calle, que nos curen, que podamos sanar y salvar más vidas. Y tenemos unas 16 acciones médicas que se logran, que se están utilizando con mucho éxito y que son gracias a las células madres adultas. Trabajar con las otras células esta fuera del círculo serio de las investigaciones y de la ciencia.
MHG: Se han dado casos que ante determinado problema de un hijo se recomienda tener otro para tratar de superar el problema del primero. Cómo se analiza esto?
AB: El llamado bebé medicamento. Así se llama en bioética al bebé al que se le va a usar un tejido para curar la enfermedad de otro. El deseo de unos papás de curar a un hijo enfermo es como sacrosanto y no admite ni la mínima discusión. Hora el medio con que se lo va ha hacer debe ser cuidado, es decir, que no se ponga en riesgo la vida de otro hijo. Porque para obtener ese nuevo bebé que sea compatible con el material biológico que necesito para la curación del hijo ya nacido voy a destruir muchos embriones, hay que seleccionar el sexo, que sea compatible, teniendo en cuenta que en la vida normal un hermano no siempre es compatible con el otro hermano. Entonces para obtener ese bebé se utilizarán y descartarán 12, 14, 20 embriones, es decir, 20 vidas humanas… Eso tiene un precio que los papás tienen que reflexionar y esto es también la motivación, por más que amen a ese hijo, lo cuiden, lo amen como al cualquier otro hijo, el motivo por el cual lo tuvieron no es que querían tener un hijo, sino para obtener material biológico para curar al otro hijo. Puede haber un motivo utilitario de la vida que nosotros condenamos.
MHG: Cómo visualiza el futuro de la familia?
AB: Ese es uno de los grandes desafíos, en estos momentos estoy en Salta en con congreso de todo el noreste argentino con más de 1400 participantes. Esto ha sido acción de los obispos del noroeste argentino, es una maravilla lo que estamos viviendo, lleno de jóvenes. Porque hay un país que cree en el matrimonio y en la familia y que no siempre es respetado y muchas veces es discriminado. Hay una cultura nacional, una antropología humana y argentina que habla de un papá y una mamá que se aman y tienen hijos. Hay muchos desafíos contra la familia, contra el matrimonio, contra la vida. Estamos viviendo en la Argentina momentos de grandes desafíos donde se quieren imponer criterios culturales, ideologías modelos que son totalmente ajenos a la cultura del pueblo. Ayer me llevaba un taxista y me decía acerca del cambio de sexo que él tenía una postura opuesta. No es algo que se encuentren en el corazón del hombre. Hay cuestiones muy delicadas, que hay que tener en cuenta y que hay que respetar, pero eso no quiere decir que haya que cambiar la legislación nacional o la identidad de la persona o la sexualidad del hombre.
MHG: Este es el año de la vida, parece increíble que haya que revalorizar la vida.
AB: Los obispos argentinos han querido unirse al llamado de Benedicto XVI para dedicarnos a reflexionar sobre la vida y la familia. Hemos recibido tantos bombardeos externos contra la vida, contra la familia, que casi nos hacen creer que la gente no quiere vivir más en familia, ¡eso es una mentira, es un engaño muy grave!. Nosotros sin entrar en discusión con nadie, queremos reflexionar sobre los nuestro: cómo nos amamos, cómo lo hacemos, cómo queremos crecer, cómo queremos educar a nuestros hijos, en qué libertad, en qué país libre queremos vivir de poder pensar diferente, cómo seguir construyendo esta patria de hermanos. Estoy en Salta, cerca de Tucumán. Mañana estaremos ahí en un encuentro con legisladores y el mundo de la cultura en la sede de la independencia, en este bicentenario, donde justamente la patria que se hizo fue una patria de amor, de respeto, de matrimonio y de familia y esa es la patria que queremos seguir celebrando.
