Cuando el presidente Kirchner haya aceptado un nuevo préstamo del Fondo Monetario Internacional a través de dinero anexo (250.000 millones de U$S más otros 750.000 millones para socorrer a países emergentes), disponible en Derechos Especiales de Giro, habrá hipotecado su último capital político, sintetizada en aquella frase: "FMI: serví a los pueblos o no vengas nunca más, porque para explotar a los argentinos no te necesitamos". Ya nada le queda a Kirchner para mostrar en su haber político, es más, si el crecimiento argentino sostenido durante su gobierno hubiese sido por obra de su política, hoy, a pesar del mundo, Argentina seguiría en camino ascendente… y eso no ocurre. Sólo hay que ver como los gobernadores de varias provincias amenazan con emitir bonos.
La muerte del doctor Raúl Alfonsín puso blanco sobre negro, estilos y formas. Hubo una enorme y silenciosa ciudadanía que habló con sus gestos. Es verdad que el radicalismo perdió y lloró a su líder; pero también el resto de la sociedad argentina se condolió con la pérdida de los valores con los que vivió y militó el presidente Alfonsín. Tal vez un par de años atrás esta misma ciudadanía no hubiese sido tan explícita, y no justamente por quitarle méritos a Alfonsín, sino porque sus valores no estaban en extinción en el damero político.
Alfonsín todavía perteneció a los políticos que honraron a la política, aún en sus errores; porque cuando se es político la calidad humana hace a la calidad institucional. Y los errores se asumen en primera persona, justa o injustamente.
Otro rasgo típico del político es la construcción permanente. A veces, como Kirchner, se construye con la prepotencia de una billetera gubernativa generosa, otras por convicciones inamovibles. En política la negociación debe ser permanente, ¡pero los valores inflexibles!, de lo contrario se transforma en oportunismo. Cuando esto último acontece, el político que ostentaba grandes estructuras se va del poder solo… con su fracaso como único aliado.
Alfonsín era un defensor a ultranza de los partidos políticos, tal vez porque tenía claro que cuando se eligen candidatos fuera de la política es porque se ha fracasado. Con mínimas excepciones, la calidad política de sus dirigentes se debe a su compromiso con la política. Lo otro hace al oportunismo, hace a la opinión pública, que ya sabemos es absolutamente volátil. Si fuese por esto último, ya quedaría atrás la preeminencia de representantes de sectores del campo en las listas de las próximas elecciones, y toda lista, independientemente de su color político, ¡debería incorporar a radicales!
Otra de las características de un político, es que no elude la realidad. Se apoya en la ciencia: médica, política, contable, social, educativa… porque lo que realmente lo desvela es transformar las realidades que hieren, que lastiman, que avergüenzan. Alfonsín no la eludió, a veces no pudo con ella, pero no la negó: la enfrentó.
Y hablando de realidades, por estos días llama a la puerta el dengue; del otro lado le contestan con la disquisición semántica entre brote o epidemia. En el medio los casos mortales, y los que podrán serlo ante una nueva visita de este mosquito. Como dice el doctor Seijo: "Atención a todas las personas que tal vez ignoran que han sido picadas por el mosquito donde la enfermedad pasó desapercibida, porque quedan predispuestas a tener en el futuro dengue hemorrágico". Estamos también en este aspecto hipotecando nuestro futuro, porque la política faltó a la cita.
Y la política viene faltando a la cita del 2 de abril. Sólo acuden las familias de Malvinas con su dolor y los sobrevivientes de Malvinas con la vivencia de sus gestas heroicas personales, intentando por el resto de sus días descongelar demasiadas indiferencias para con ellos. Rubén Rada (ex combatiente) decía el otro día: "La sociedad está en otros temas, los políticos están en otros temas. Sería importante que no fuera así, y que los políticos estén en todos los temas de nuestra Argentina. Nos tuvimos que juntar, esa es la lucha, porque la verdad, es que los Centros de Ex-Combatientes existen porque el Estado no estuvo presente".
Lo ocurrido con la muerte de Alfonsín hace pensar que la ciudadanía comprometió con su acción también un desafío para con ella misma, sacudirse para siempre "el no te metás", para ello se vuelve imprescindible dar un paso más, involucrarse en los partidos políticos… la República espera.
