Hay que pasar el invierno, decía el ingeniero Alsogaray. A veces la historia se cura sola en salud y reacomoda los tantos; otras, se itera ampliando sus fracasos. En este junio parece no alcanzar la ilusión incierta de la selección en el Mundial. Tampoco sabemos si podría ser objeto de alguna alegría para algunos futboleros o motivo de la profundización que por estos días marca la sensación térmica de Argentina: frío y decepción. Dos vocablos que no figuran en la agenda del Gobierno nacional.
El problema principal en nuestro país, tanto de oficialismo y oposición, es la carencia de planificación. Hasta la CGT, que siempre fue pionera en señalar rumbos, perdió la impronta ante los movimientos sociales que hoy en la calle ocupan su lugar.
El oficialismo llegó con propuestas que no estaban desarrolladas ni pensadas para su implementación. Su convicción se centró en seis letras: cambio, a secas; no alcanzó. Han pasado dos años y medio y estamos, con algunas modificaciones, como en el 2015 y sin saber hacia dónde se quiere ir. El Gobierno no entendió que el acto de gobernar no admite mirar para atrás. De eso se ocupa la historia y eventualmente la Justicia. Gobernar es siempre mirar el hoy desde el mañana.
Queda claro que el Gobierno, en su batalla contra la inflación y el crecimiento sostenido, ha fracasado. Las dos diferencias con aquel 2015, para el Gobierno de Mauricio Macri, es que hoy el tipo de cambio se ha recuperado y eso es bueno para la balanza de pagos; y las tarifas se han recuperado, y eso es bueno para bajar el déficit fiscal. Sucede que se viene realizando descontroladamente. Las tarifas pudieron haber tenido un aumento progresivo. No es así, por lo cual este junio irascible puede traer más problemas que soluciones.
Los especialistas en economía que he consultado manifiestan sus enormes reservas sobre la situación actual y marcan grandes interrogantes sobre la inflación, que no se determina por la tasa de interés, sino por tarifas, tipo de cambio, etcétera. Y coinciden en que es muy difícil imaginar escenarios. Dado que reducir la balanza de pagos depende de la inflación y los salarios. También de una menor importación, por lo tanto, nos estamos encaminando más temprano que tarde a un estancamiento que, de no corregirse, nos transportará a una recesión. Es decir, de aquí a fin de año la perspectiva no es alentadora. También ante mi consulta, los diferentes economistas creen que entre el FMI, el Banco Mundial y la CAF el Gobierno obtendrá entre 35 y 45 mil millones dólares, es decir, oxígeno hasta fin de 2019.
Algunos sostienen que el acuerdo con el Fondo está garantizado porque siempre presta para asegurar la rentabilidad de los capitales golondrinas. El FMI le pedirá pautas, objetivos, que no se expanda la base monetaria y que se acelere la reducción del déficit fiscal. Es decir, no lo que hay que hacer, sino adónde se debe llegar. Entre mis interlocutores que prefirieron la comodidad del off, nadie cree que este año Argentina crezca más allá del 1 a 1,5 por ciento. Hoy, entre otras incógnitas, figura lo que harán los gremios con sus paritarias. Las naftas en su carrera alcista. Las tasas del 40% del Central que en cualquier país no pueden sostenerse más allá de dos meses.
Ante mi pregunta: "El dólar es imparable?", la respuesta es "no", pero la credibilidad juega un papel principal. Algunos de mis interlocutores sostienen que aún no ha encontrado su precio y estiman que ha dejado de subir de manera transitoria. También me dicen que no es bueno "vender optimismo a partir de un desconocimiento importante". El Gobierno debería contar cuál es la estrategia para contener el dólar. El año pasado se fueron 22 mil millones de dólares, en el primer cuatrimestre de este año se fueron 9 mil millones de dólares del Banco Central y la semana pasada, para frenar la corrida, dos grandes fondos aportaron 3 mil millones de dólares; 1.500 millones de dólares se fueron a través del Nación. Si el remedio es la credibilidad, lo único que puede modificar la reacción de los inversionistas es decir qué se piensa realizar.
Hoy la situación económica es de monitoreo semanal. Las tarifas van a seguir aumentando, por ende, los precios y, como consecuencia de todo esto, la pobreza y la exclusión. Si bien aún es un informe reservado, el nivel de despidos es importante y se está acelerando, al igual que la caída del consumo y una inflación que no bajará del treinta por ciento.
El mundo no está mal, está en crecimiento. El anuncio el año pasado del aumento de la tasa de Estados Unidos a un 0, 25% trimestral hasta llegar al 3,5% el año próximo no tomó por sorpresa a los países, previsionaron. Argentina es la que no anda bien, y el Gobierno parece más dedicado a buscar empatar las derrotas políticas (ejemplo, tarifas) que a pensar cómo posicionarse ante posibles aciertos. Parte de las políticas que decide implementar llegan tarde. En un primer momento debió congelar vacantes, supuestamente no se hizo para acomodar gente propia. También, si la idea era el crecimiento razonable, debió impulsar reformas para las que hoy no está en condiciones, dado que no ha preparado el terreno de los consensos.
Hoy solo trabaja sobre las urgencias, el corto plazo. El país necesita políticas de largo plazo. Pedir el desafuero de Cristina Kirchner hoy suena más a una maniobra distractiva que a los sustentos legales que podría tener. El gabinete inmenso sigue tal cual. Es más, no se entiende por qué, habiendo un canciller de reconocidos méritos, es reemplazado por el jefe de gabinete. (Será que Fulvio Pompeo así lo aconseja?).
Históricamente, cuando el peronismo estuvo desarticulado, fue la CGT quien con su orgánica lo contuvo hasta su reestructuración. Hoy la CGT está sin plan, ni proyecto ni programa. Es decir, peronismo y CGT necesitan por igual un proyecto nacional. Con nombres aislados no se construyen naciones. El desafío para el movimiento obrero y para el peronismo es "salir de la defensiva y proponer", como me decía Sergio Sassia. Si esto se concretase, tanto el PJ como el movimiento obrero podrían sentarse ante el Gobierno con su propia agenda.
Hoy la calle no tiene conducción política. Los movimientos sociales no tienen correlato en votos. Para el Gobierno este es un problema adicional.
No se prevé que Argentina tenga un impasse con el Mundial. Tiene sus propias eliminatorias. Hoy el tema es quién resiste. Los bancos no dan crédito. Las cadenas de pago están crujiendo. Y una pyme que necesite 500 mil pesos por un apuro debe devolver 900 mil pesos.
