Es la hora de la sociedad – Diario La Capital

La liviandad con la que en los últimos tiempos se viene ejerciendo la política en Argentina, alejada de los partidos políticos, del compromiso ideológico; -más entretenida en llegar bajo cualquier circunstancia- que en concentrar poder, planificar un proyecto de país digno de ser vivido, puede ser la causa de ciertas confusiones… Y de ser así, la sociedad toda deberá someterse a un profundo autoexamen. Los últimos días transcurrieron en Argentina, con signos de normalidad, en donde cada sector social medianamente, se abocó a su tarea y responsabilidad. Los análisis de esta conducta tendieron a interpretar que había en ellas un crecimiento en la adhesión a la acción gubernamental. Por supuesto, que en la gama de posibilidades siempre está la oportunidad de un cambio de actitud en el accionar político del kirchnerismo que lo vuelva a reconciliar, mayoritariamente, con la ciudadanía; pero eso depende de ellos. Lo que se observa, por estas horas, son políticas que forzosamente han debido implementar sumado a corrientes económicas auspiciosas para con Argentina. Este clima favorable lleva a no pocos analistas a interpretar un crecimiento del gobierno. Que el gobierno intente con esto reposicionarse, es absolutamente legítimo. Que la sociedad olvide el andamiaje de corrupción sobre el que transcurre, es otra cosa.
El domingo pasado en Buenos Aires ocurrió un hecho importantísimo para despertar de la siesta a la dirigencia política nacional. Se llama Ricardo Alfonsín. Tiene un apellido que lo ayuda, pero un estilo propio ganado per sé, que lo instala y con fuerza ante una sociedad que deberá decidir si: se identifica con una forma de hacer política como la que propone Alfonsín; o, si -acomodada la economía- , sigue con anteojeras el camino de un oficialismo, gritón y sin profundas convicciones morales.
El peronismo no kirchnerista empieza a reaccionar. La foto de Duhalde, Reutemann, etc., resultará importante si existe una correlación en las acciones que vengan. Pero la importancia de esa foto reside, en que muestra a todo lo que hoy aparece como la reserva del peronismo. Este sector que se manifiesta a contramano del kirchnerismo, carga a partir de este momento con la responsabilidad de comunicarlo y fundamentalmente de demostrarlo.
Alfonsín, quizás hasta sin quererlo, hoy, esté marcando los modos y los tiempos.
Es la hora de la sociedad, porque es ella quien debe saber que se puede hacer política sin ser millonario, que se debe hacer política sin corrupción. Que debe sepultar aquellas tristes aseveraciones de “roba pero hace”… Y debe creer – y trabajar para ello-, que el ADN de un político no es la corrupción sino el servicio. Es mucho lo que está en juego, porque y fundamentalmente, la sociedad debe decidir si está dispuesta a pensar más allá de su persona, más allá de su bolsillo y su circunstancia. A modo de ejemplo pregunto, el campo que votó a la presidenta Kirchner, ignoraba todo lo que después descubrió y reprochó al gobierno más allá de la política sobre la 125? No será, que todavía está muy arraigada aquella concepción individualista que se podría resumir en siete palabras ¡“mientras que a mi no me pase”!?
El gobierno jugará el juego que más le gusta y que más resultados le ha dado hasta hoy. Aprieta y dilata, somete y acaricia…y en este terreno hechos de gran significación recaerán – para su resolución-, en manos finales de la Corte Suprema de Justicia de la Nación: Papel Prensa, apropiación o no de niños (Ernestina Herrera de Noble), el desalojo de los ambientalistas del puente en Gualeguaychú, la aplicación de la ley de medios.
Vuelvo sobre la difícil y crucial definición que deberá asumir la sociedad. La disputa no es entre los adjetivos calificativos que abundan y se endilgan unos dirigentes a otros, siempre descalificándose. La disputa debe pasar entre quienes más convenzan cuando muestren sus planes para crecer educando; para desarrollarnos trabajando, para incorporar a los excluidos, para convocar a un largo trabajo de reparación por tanta injusticia fríamente calculada.
Por estas horas en donde la pasión por el fútbol puede más que la pasión por la política, es de esperar que ningún resultado futbolístico sirva de excusa para que cada argentino no asuma su responsabilidad. Recordar que en lo que hace a nuestra realidad, el mundial no retrazará nada, porque ocurrió antes. Ante tanta turbulencia, la inacción política por el Mundial es una excusa injustificable.

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