Transcribimos en este artículo la entrevista de María Herminia Grande al Lic. Santiago Kovadloff, realizada en el programa radial Convenio.
Lic. Santiago Kovadloff: – Licenciado en Filosofía
– Ensayista, poeta, traductor y antólogo de literatura de lengua portuguesa.
– Profesor universitario en Argentina y Honorario de la Universidad Autónoma de Madrid.-
– Integra el Tribunal de Ética de la Comunidad Judía de la Rep. Argentina
– Miembro de Número de la Academia Argentina de Letras (desde 1998)
– Miembro Correspondiente de la Real Academia Española (desde 2l 2002)
– Su obra poética incluye: Zonas e indagaciones (Botella al mar, Buenos Aires, 1978), Canto abierto (Botella al mar, Buenos Aires, 1979), Ciertos Hechos (El lagrimal trifulca, Rosario, 1985), Ben David (Torres Agüero, Buenos Aires, 1988), El fondo de los días (Torres Agüero, Buenos Aires, 1992) y Hombre en la tarde (Vinciguerra, Buenos Aires, 1997). Como cuentista ha dado a conocer Mundo menor (Torres Agüero, Buenos Aires, 1986) y como autor de relatos para niños, Agustina y cada cosa (Colihue, Buenos Aires, 1993), Natalia, queluces y cierto lugar (Magisterio del Río de la Plata, Buenos Aires, 1990), El tobillo abandonado (Colihue, Buenos Aires, 1994) y República de evidencia (Lugar Editorial, Buenos Aires, 1993). Sus libros de ensayo son: El silencio primordial (Emecé, Buenos Aires, 1993), Lo irremediable (Emecé, Buenos Aires, 1996), Sentido y riesgo de la vida cotidiana (Emecé, Buenos Aires, 1998), La nueva ignorancia (Emecé, Buenos Aires, 2001) y Ensayos de intimidad (Emecé, Buenos Aires, 2002).
P: El Dr. José Luis Cordeira, quien preside la Sociedad Mundial del Futuro de Venezuela, manifiesta que hay equipos científicos en Inglaterra que están trabajando sobre la muerte como enfermedad curable. Si hablamos sobre un remedio para la muerte, o sea que la muerte es curable, estamos hablando de la inmortalidad. No avanza sobre el desclabro de lo que representaría ésto sobre cualquier sociedad y su gobierno. Por otra parte el científico argentino, Facundo Manes, manifiesta que el hombre hoy puede razonar, aportar, estar en actividad hasta los 140 años. Qué pasa ante ésto, el pensarnos inmortales…
R: La aspiración a la inmortalidad es una aspiración milenaria. El hombre desde hace mucho tiempo aspiró y aspira a escapar de las leyes de la finitud, de la muerte. De hecho la concepción religiosa que propone entender la muerte como una transición a la eternidad, ya anticipa en este orden de cosas, como creencia, la convicción de que hay un procedimiento y una terapeútica para alcanzar la inmortalidad que consiste en consagrar nuestra vida terrenal a llevar a la práctica una conducta éticamente perfectible y cada vez más intachable, que garantizaría esa transición tras la muerte a la eternidad. Ahora la idea de no transitar por la muerte, o sea la idea de que no sea necesario pasar por la muerte para alcanzar la eternidad, comienza a irrumpir como conviccion allí donde de alguna manera el pensamiento pretende que la muerte tenga justamente el carácter ya no de un pecado en el que se cae como consecuencia de una incondcuta moral, sino de un trastorno orgánico. Esto traduce profundamente la necesidad que el hombre tiene, y esta epoca en particular, de vivir sin límites, de trasgredir permanentemente la frontera de lo posible para incurrir e instalarnos en el territorio de lo virtual y de lo definitivamente triunfal. La sola idea de aspirar a una vida sin muerte , es una idea fascista, porque implica concebir el poder omnipotente del hombre como la única respuesta a la altura de sus posibilidades y de sus necesidades. La muerte es un límite saludable, no es un limite al correponda ver como una enfermedad, es bueno que el hombre transite por esta vida sabiendo que forma parte del tiempo como todo lo viviente y en particular con el atributo paradojico de tener conciencia de la muerte. Nuestra época, al ingresar en la virtualidad , desdeña lo real; y presume que vencer a la muerte no solo es posible sino que es conveniente, cuando yo creo que en verdad la muerte es un proceso que nos acompaña durante la vida y no después de ella. No morimos al terminar nuestra vida, vamos muriendo mientras vivimos, vamos viviendo mientras morimos… lo que ocurre después que expiramos ya no es la muerte, la muerte es ahora mientras vivimos, es este proceso de ida y vuelta de la energía y de la vitalidad, del sentir y del sinsentir que nos va acompañando y generando lo que tenemos de más humano, de más hermoso, de más tremendo, de más trágico y de más fecundo, que es la capacidad de advertir que somos tiempo…
P: Si siguiéramos con la línea filosófica del Dr. Cordeira, él mencionaba que las religiones, tal cual usted lo dice, llegaron al mundo con ese sentido de trascendencia y de abrazar esta inmortalidad, y que en caso de que el Hombre encuentre la inmortalidad, ya no existirían las religiones sino existiría, según el Dr. Cordeira, una especie de espiritualidad. Ahora bien la reflexión es, si fuese así, qué poca convicción y qué poca fe ha tenido el hombre en sus creencias si sólo la usó para una cuestión egoísta de trascendencia…
R: encontrar la inmortalidad significa haber abolido todo límite. Ahora qué es la inmortalidad? La inmortalidad entendida como algo que el hombre puede alcanzar a través de su evolución “científica”, es una idea que responde al hecho de que el hombre pueda no tener ya límite alguno en el despliegue de sus deseos, de su necesidad, de no verse restringido en la realización de sus anhelos más desenfrenados. Situémonos en ese punto que el psicoanálisis plantea con enorme profundidad, cuál es el beneficio secundario de la ilusión de la inmortalidad?: haber escapado a toda ley a la que deba subordinarse el deseo. Esto es nefasto, porque el hombre puede ser hombre porque su deseo está acotado por la ley, está acotado por un no que le dice todo no, y la inmortalidad es el todo sí…nos deshumanizamos. Si la inmortalidad ingresa al terreno de lo viable y si aparece como algo que el hombre puede y debe alcanzar, estamos terminando por decapitar el último límite, la última barrera que aparece en el horizonte de la vida humana como la presencia de una alteridad , como un “no lo eres todo” que viene a hablarnos de nosotros mismos. Esta visión colonizadora, imperialista, autoritaria de la ciencia, aspira fundamentalmente a hacer del hombre un NO Humano.
P: Cuál es el destino de las religiones hoy?
R: es difícil augurar cuál es el destino de las religiones. Pero lo que creo yo, lo que se advierte son transformaciones sumamente interesantes. Hoy las religiones monoteístas en particular, que son aquellas a las que nosotros estamos más cercanos, están empeñadas en un doble fenómeno sumamente interesante. El Islam está reivindicando un protagonismo histórico que difícilmente se le haya reconocido hasta hoy, y que proviene fundamentalmente de las tensiones políticas que todos conocemos. Entre judíos y cristianos, desde Juan Pablo II y también desde antes, yo creo que desde Juan XXIII, se está llevando adelante un intercambio y un diálogo que me parece muy propiciador, porque apunta fundamentalmente a admitir la presencia del otro, o sea a reconocer un límite, un límite en el propio saber, en la propia concepción de las cosas. Entonces si las religiones se encaminan hacia ese descubrimiento y esa práctica que está básicamente regida por el principio de que el otro entiende a su modo lo que a todos nos resulta igualmente indispensable, estamos en el camino de lo que yo llamaría una auténtica internalización del diálogo, y me parece fecundo. Por otra parte, yo creo que el núcleo más rico de las religiones, es aquel que descansa en la idea del descubrimiento de una alteridad, de una otredad que está más allá de nuestra propia identidad. Esto es fecundo, ahora bien, todo lo que atañe a la idea de lo que nosotros podemos llamar un saber inequívoco, un saber dogmático, me parece que ha contribuido a generar muchas tensiones e históricamente mucha sangría. Es conveniente no tener toda la razón, creo que Dios estaría de acuerdo conmigo…
P: Por qué creer?
R: Uno no cree porque deba, uno cree porque puede. Me parece que es importante situar la fe en el terreno de las posibilidades. Quien cree por ignorancia, en un sentido general, en un sentido amplio, debe informarse para luego medir la consistencia de su fe. Pero la fe tiene un origen que no necesariamente es el de la ignorancia, es justamente el del descubrimiento de los enigmas que plantea el saber, como planteaba en cierta medida muy bien, Santo Tomás de Aquino, a medida que el hombre conoce su perplejidad aumenta y justamente los enigmas fundamentales se hacen más evidente a medida que el conocimiento progresa. Por ejemplo: tome usted las hipótesis de Stephen Hawkins, el físico contemporáneo, gracias al saber que él aporta, con sus hipótesis sobre el Big Bang y el nacimiento del tiempo, el misterio y el enigma de la conciencia que se sabe temporal, es decir del hombre, aumenta y se enriquece y eso induce a creer en el sentido de reconocer un enigma que debe ser sostenido por la conciencia para que el hombre pueda ser, en ese sentido, espiritualmente más rico. Ahora cuando la creencia está vinculada al fetichismo, cuando es una forma burda de sostener el dogmatismo, no es interesante.
P: Uno puede llegar a Dios por desesperación…
R: … si por transacción comercial alentada por la desesperación…
P: ¡Exacto! O puede llegar por el lado de la felicidad…de algo que está más allá de mí…
R: hasta lo que a mi me resulta comprensible y posible encarar este problema, el tema está en que si yo encaro a Dios como un padre cuya responsabilidad es ponerme a salvo de los dilemas de la vida, me parece que hipoteco tanto la complejidad de Dios como la mía. Ahora bien, si yo concibo a Dios como el enigma del origen , es decir , como el enigma que entraña el hecho de que no solo haya podido irrumpir vida en el Universo sino vida conciente como es nuestro modesto caso, si yo parto de la idea de que el enigma del origen está vinculado al enigma de una conciencia que se sabe protagonista de la vida, no hay ninguna duda que ya no necesito allí a Dios como un padre protector, sino fundamentalmente como un interlocutor o una fuerza, una energía, a la cual yo me dirijo permanentemente y a la que descubro en mi vida cotidiana como algo que me interroga, como algo que alienta el desarrollo de la emoción y del pensamiento. Pero esta concepción de lo divino tiene poca rentabilidad, yo reconozco que es muy difícil sostener la idea de lo divino como un enigma que interroga allí donde fundamentalmente se lo busca para que resuelva los problemas de la vida. Esto no le quita evidencia sin embargo al hecho de que concebir el enigma del origen como aquello que me interroga, es infinitamente mas interesante porque respeta la autonomía del misterio y la autonomía de mi propia libertad…
P: El pecado cómo juega? Cómo un mecanismo que hace diferenciar el bien del mal?
R: Hay que remitirse primeramente al concepto de ley. La ley, los mandamientos, por ejemplo en la tradición hebrea, cuándo nacen? No solo nacen para prevenir la trasgresión, sino en virtud de la trasgresión que no ha sido prevenida. Convengamos que la ley es una respuesta a la desmesura de la trasgresión. Yo puedo llamar pecado a la trasgresión de la ley, pero fundamentalmente debo entender que la trasgresión de la ley es funcional al sistema. Ahora, el sistema siempre está en manos de alguien, el poder defiende sus intereses muchas veces concibiendo como pecado la trasgresión de la ley cuya preservación aconseja. De todas maneras el hombre no puede vivir fuera de la ley, hasta el delito tiene su ley. Pero podemos decir que en principio la idea de lo pecaminoso es una idea que está asociada a la inmovilidad de la idea del bien. Yo puedo decir que esto es pecado porque estoy absolutamente seguro de que el bien es una cosa única e inamovible. Debemos replantearnos permanentemente si el concepto de pecado es un concepto fecundo para el desarrollo de la responsabilidad subjetiva en el cumplimiento de la ley…
P: …la vida tiene que ser linda…
R: nosotros no tenemos el deber de ser felices, tenemos la posibilidad de matizar la desgracia… y eso es una alegría…
