En busca de perfil político -Maria Herminia Grande p/Infobae

Una vez más, el Gobierno actúa como efecto-reacción con las consecuencias de abordar tarde los grandes problemas

Parecería que el presidente Mauricio Macri, a un año de llegar al poder, busca aún su perfil político. Cambiemos no está consolidado, porque el PRO aún no se ha consolidado. Internamente se debate a lo Hamlet sobre ser o no ser y qué ser. Es la banalidad del timbreo que el propio presidente Macri encabezó hace dos meses, con lo que adelantó los tiempos electorales del 2017, su definición de hacer política? (Parecería una forma más de ir prescindiendo de la estructura radical). O será el PRO un partido político que se edifique sobre el territorio radical? O aún más ampliado, como propone Emilio Monzó, para anexar a cierto peronismo desencantado? Esta pregunta también vale para Sergio Massa y su Frente Renovador. Lo cierto es que hay una enorme porción de peronismo suelto, sin pertenencia y con gran desilusión. Parece que Massa, por su lado, y Monzó, por el otro, se lo disputan.

El Gobierno de Macri sigue realizando concertaciones exprés, por un lado, con trabajadores y empresarios y, por el otro, a través del Consejo Consultivo de la Economía Popular, con las organizaciones sociales. En el primer caso, debe lograr que el compromiso moral de no más despidos y suspensiones hasta marzo de 2017 se transforme en una realidad palpable. En el segundo caso, la ministra Carolina Stanley dispondrá de un fondo de 30 mil millones de pesos para atender las necesidades del empleo informal que el peronismo le señaló a través de la ley de emergencia.
Aquí también hay dos visiones dentro del Gobierno que pujan entre sí, sobre cómo ejercer y proyectar la política: los que no creen en las bondades de la concertación ni de las políticas de Estado y los que creen que sin esto las acciones del Gobierno se diluirán. El presidente Macri transitaría por la avenida del medio de ambas disputas. Podrá seguir surfeando a dos aguas? Seguramente sí, hasta que la realidad lo obligue a definir un camino. Hasta hoy, a través de la concertación en grajeas, no adopta una actitud clara pro pacto social. Con la silla caliente, el empresariado puso en dudas el cumplimiento de lo acordado. Ante esto, el Gobierno mira impávido el aumento de precios de los formadores de ellos; y por otro lado, vocinglea que las próximas paritarias se harán con la inflación a futuro, pero sus impuestos, al igual que los de los gobernadores y los intendentes, se ajustan con el peso de la inflación pasada.
Mientras el jefe de gabinete Marcos Peña sigue denostando al ex ministro Roberto Lavagna, el Gobierno intenta corregir algunas de las observaciones que, hace más de dos meses y por espacio de una hora veinte, conversaron a solas en Olivos el presidente Macri y el doctor Lavagna. En aquella oportunidad, el Presidente sintió curiosidad por saber por qué las inversiones no llegaban. En un tono absolutamente cordial, como cada vez que se encuentran, el ex ministro de Economía le contestó que sencillamente porque el Gobierno de Cambiemos no les da importancia al consumo, a la pérdida de competitividad y a la tasa de interés crediticia que se aplica a las pymes, y así mata toda posibilidad de producción y empleo. Es lógico que nadie invierta sin un mercado interno que consuma y sin productividad. Transcurridos dos meses y denostación de por medio, lo cierto es que el dólar llegó a 16,10 pesos y el presidente del Banco Central bajó la tasa. Una vez más, el Gobierno actúa como efecto-reacción, con las consecuencias de abordar tarde los grandes problemas.
En el caso del impuesto a las ganancias, el Gobierno había decidido no cumplir este año con la promesa electoral y enviar un proyecto en el 2017. La presentación del diputado Massa llevó a que el doctor Alberto Abad y su equipo trabajasen toda una noche para presentar, 24 horas después, un proyecto oficial. El proyecto del Frente Renovador se presentó junto a planillas de cálculo en las cuales se determina que el mayor impacto del costo fiscal se vería compensado en creces por una recaudación final mayor.
Parecería que el Presidente espera con ansiedad el 2017 para lanzar medidas políticas electorales como, por ejemplo, un gran paquete de obra pública. De ser así, debería procurar iniciarla cuanto antes, dado que muchos argentinos la están pasando muy mal. De no aparecer trabajo en cualquiera de sus formas, los fondos manejados por la ministra Stanley resultarán escasos, ante una realidad social complicada que se ensancha.
Se le reprocha al diputado Massa estar en acción política, en definitiva, hace lo mismo que el presidente Macri. Sucede que el fiel de las responsabilidades claramente se inclina sobre quien gobierna. Ambos realizaron promesas electorales. Massa las dosifica a través del Congreso, sin el riesgo del día a día. El Presidente no se convence en cumplirlas. Hasta hoy, el Presidente tuvo el poder de concertar y armonizar en el Congreso de la Nación. Es un gran logro. Pero hay temas, como la reforma política, que impulsa su Gobierno, al igual que la reforma de la Constitucion de la provincia de Santa Fe, que no están dentro de las necesidades de la gente.
En este primer año, el presidente Macri deberá decidir si oxigena o no su Gobierno. Si reemplazando algunos de sus fusibles, algunos muy desgatados, otros sin brillo, ayudará a su mandato. Macri sigue incorporando a su entorno amigos del cardenal Newman. Se conoció además que un joven asesor buscará definir la inserción inteligente de la Argentina en el mundo. La pregunta es: Hasta ahora qué fue? En qué lugar coloca a su canciller y los embajadores ante esta definición?
Lo que se observa es que no alcanza con la voluntad política de algunos ministros para definir hacia dónde quiere llevar al país y cómo quiere el presidente Macri conducir su proyecto.

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