El futuro acuerdo nacional del macrismo y la crisis del peronismo (María Herminia para Infobae)

A partir de hoy, el Presidente ya no podrá utilizar el espejito retrovisor para gobernar. Deberá hacerse cargo de sus políticas

En cuanto a sus comportamientos políticos, Argentina resulta ser un país raro. En el 2015 Cambiemos venció al kirchnerismo. El periodismo, entonces, se encargó mucho más de preguntar qué harían el cristinismo o el kirchnerismo, o las expresiones peronistas, que del flamante gobierno. Lo extraño es que, para ganar las elecciones dos años después, fue el Gobierno el que echó mano a la figura de la ex Presidente, blandiéndola como el pasado que no debe volver, pero a su vez como pasavante al futuro que el Gobierno promete llevar a los argentinos.

Hoy, con un rotundo apoyo a lo largo y ancho de la geografía del país para el presidente Mauricio Macri, vuelve a insistirse desde el periodismo sobre qué pasará con el peronismo, con más énfasis que si se tratase de lo que el Gobierno hará en los dos años que le restan, más los que ambiciona vía reelección para sostener la esperanza que le fue depositada en las urnas este domingo.

Claro está que los herederos de Juan D. Perón están pasando por su peor momento desde la vuelta de la democracia. La ex Presidente contribuyó a la división del peronismo como lo seguirá haciendo, taponándolo si llega a asumir como senadora nacional. El Gobierno alentará a la Justicia a avanzar raudamente con el tema traición a la patria y distintas causas por las que deberá visitar asiduamente Comodoro Py.

En 1985, el doctor Raúl Alfonsín arrasó en las elecciones intermedias. Los argentinos de entonces sabían que nunca más querrían "las botas". Ese valor fue tan fuerte que se terminó naturalizando. En 2017, la necesidad de proyectar un país más vivible, donde la política no se dirima en Tribunales, donde la pobreza, la corrupción, la miseria, el narcotráfico no sean ya protagonistas de lo diario, fue un motivador del resultado. Hoy el presidente Macri tiene toda la cancha para él. A partir de hoy, ya no podrá utilizar el espejito retrovisor para gobernar. Deberá hacerse cargo de sus políticas.

Primera buena reacción del presidente Mauricio Macri es la de convocar a todos los sectores para acordar reformas políticas claves para Argentina desde un gran acuerdo nacional, que sería inminente.

Algunas dudas motivadas por sus propias declaraciones: De qué manera bajará el déficit fiscal de un poco más del 7% al 3,5% en el 2018? Cómo se sostendrá el país que ya tiene un peso de deuda sobre cuatro pesos que gasta, y que ya destina el 14% de su presupuesto sólo a pagar intereses de deuda? Esto es el doble del presupuesto que se otorga a salud.

Este lunes aumentaron las naftas; de aquí a febrero aumentarán otras tarifas que impactarán con tres puntos de inflación. El presidente Macri ha dicho que, mientras no se pueda con el déficit fiscal y la inflación, seguirá tomando deuda. Es caminar al filo de la navaja.

A propósito del peronismo, serán Juan Manzur y Sergio Uñac los convocantes a una reunión de gobernadores con la CGT, conjuntamente con los presidentes de los bloques peronistas, con la intención de fijar posición ante el paquete de leyes que enviará el Gobierno al Congreso. Pero el plato fuerte es trabajar sobre la unificación del peronismo. Asegura este sector que Cristina no los obstaculizará, porque sostienen que su reduccionismo político pesa más que los tres millones de votos obtenidos en Buenos Aires. Es probable que nueve integrantes del Partido Justicialista renuncien en masa a su conducción buscando un llamado a elecciones; si esto no ocurre, es posible una toma que recaería en intervención.

En Santa Fe es más noticia la caída electoral del socialismo que la victoria de Cambiemos, teniendo en cuenta que el partido de Macri ganó con un candidato desconocido y con un desempeño pobre a la hora de sus exposiciones públicas. Por lo bajo, históricos dirigentes del socialismo sostienen que este desastre es producto de la ausencia de Hermes Binner, quien supo administrar poder y liderazgo. Pero lo cierto es que el propio Binner salió cuarto como candidato a senador en el 2015, retuvo para sí un 12,9% de los votos, 245 mil. Dos años después, el extrapartidario Luis Contigiani logró superarlo en un 1,5% más —14,6%—, es decir, 286 mil votos. Lo cierto es que el 10 de diciembre el socialismo santafesino se despide del Congreso Nacional. Remata una de mis fuentes: "Las mezquindades se pagan caro". El gobernador Miguel Lifschitz reconoció la derrota muy temprano, recogió el guante de la situación diciendo que iba a fortalecer al Frente, modificar su gabinete e incorporar a otros espacios, inclusive justicialistas. Tengo la impresión de que si esto último ocurriese, estaría sujeto a un acuerdo por la reforma constitucional, hecho que el gobernador insiste en concretar.

Rosario estuvo enamorada mucho tiempo del socialismo. Cuando este sector político logró ser gobierno provincial, pensó y se dedicó a conquistar esas lejanas geografías santafesinas, pensando que Rosario le pertenecería siempre. El desembarco del narcotráfico fue resquebrajando esa relación de 28 años y terminó este domingo con el 16% de los votos encabezado por un extrapartidario, al igual que Contigiani, Pablo Javkin. Esta fuerza política que llegó a ser una opción presidencial en el 2011 puede, si no reacciona a tiempo en el 2019, dejar de ser opción tanto en Rosario como en Santa Fe.

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