El caso Maldonado no tuerce voluntades electorales (María Herminia Grande para Infobae)

El respeto a la institucionalidad no puede aceptar el ropaje del derecho a la libertad de expresión. Si seguimos por este camino, la institucionalidad argentina, que viene malherida, no logrará sanarse

Maldonado sigue sin aparecer. Argentina no tolera no saber qué pasó con Santiago Maldonado. Queda claro que la sociedad ya no permite traspasar ciertos límites. Se movilizó por la aún hoy no esclarecida muerte del fiscal Alberto Nisman. También lo hace por los femicidios, que lamentablemente se siguen repitiendo. Tal vez se moviliza adelantándose al pedido que el Papa argentino realizase en tierra colombiana antes de su regreso al Vaticano, donde manifestó que la humanidad debe hacer propio el desafío de cambiar la cultura de la muerte por la de la vida.

En lo que a nuestro país se refiere, el principal desafío sobre el que debe decidir la sociedad es si construye para una Argentina republicana o sigue agigantando la grieta y, con ella, su decadencia. Resulta increíble que en los primeros sondeos preelectorales con miras al 22 de octubre, midiendo la repercusión de la desaparición de Maldonado, no se modifiquen prácticamente los guarismos de las PASO. El escenario principal es Buenos Aires, dado que la ex presidente Kirchner tomó como propio el reclamo por la aparición de Santiago. Este posicionamiento no le aporta votos a Cristina Kirchner ni le resta a Cambiemos. Una primera lectura sería que la ex Presidente llegó a su techo de votantes y que al electorado de Cambiemos no le modifica su adhesión al Gobierno el caso Maldonado. En el interior, Maldonado está presente como un reclamo a esclarecer, no como un voto a definir. Lamentablemente, el Gobierno reaccionó tarde y mal, perdió casi cuarenta días en la búsqueda de la verdad. La prensa y los organismos internacionales donde el presidente Mauricio Macri fue muy bien tratado hasta este momento objetan su proceder.

El caso Maldonado pone en las manos del gobierno de Macri, una vez más, la posibilidad, que será desaconsejada y por ende desaprovechada, de consensuar una política de Estado sobre la violencia cotidiana. Se debería acordar un protocolo con el involucramiento de todos, no como el actual, concebido unilateralmente, sino con todos los sectores políticos y sociales coincidiendo en cómo combatir al delito en gobiernos democráticos.

Lo increíble es cómo los grandes temas se embarran hasta desdibujarse y así alejarnos de la verdad. La política argentina debería romper el triste récord de no descubrir nunca a los culpables de las atrocidades cometidas en democracia. Convengamos que a las atrocidades de la dictadura el presidente Raúl Alfonsín se ocupó de juzgarlas. Los polarizadores han sido responsables, uno de ocho años de gobierno y otro lleva dos. Y la verdad juega otro juego no atendida por ellos. El 25% de los argentinos con nombre y apellido, como les gusta relatar a Macri y a Cristina, goza de pobreza extrema. Otro 35% con nombre y apellido propios tiene su día a día absolutamente complicado y sus estómagos, más aún.

También la sociedad argentina debería reflexionar a manera de introspección por qué la desaparición de Maldonado y su credibilidad dependen de quién lo motoriza.

Argentina no merece la burla de Tinelli hacia el ex presidente Fernando de la Rúa. Argentina no merece que a la ex presidente Cristina Kirchner se la llame "yegua". Argentina no merece que al presidente Macri se lo exponga en una facultad en un afiche con una bala en la frente. El respeto a la institucionalidad no puede aceptar el ropaje del derecho a la libertad de expresión. Si seguimos por este camino, la institucionalidad argentina, que viene malherida, no logrará sanarse.

En Argentina estamos acostumbrados a correr el arco de los valores de acuerdo con las circunstancias. "Roban pero hacen". "Estos roban menos que los otros". Por suerte, Uruguay, tras las desafortunadas expresiones del ex presidente José Mujica: "Enfrente unas monjitas tiran unos bolsones de plata y nosotros discutimos unos calzoncillos", no sucumbió a la tentación de correr el arco de la institucionalidad. Su vicepresidente, Raúl Sendic, debió renunciar por sospechas de corrupción.

Otra de las cosas fundamentales para Argentina es definir si la política se hará a través de 140 caracteres, inclinándose definitivamente por marcas, o se arremanga y construye partidos que expresen valores e ideología. Hace ya un tiempo que venimos asistiendo al surgimiento de partidos políticos que nacen cuando llegan al poder, viven mientras sus referentes están en el poder y desaparecen cuando sus protagonistas se quedan sin poder.

Deja un comentario