Elvira Gonzalez Fraga: – socióloga y filósofa, compañera de Ernesto Sábato durante los últimos 30 años de su vida, albacea de la obra y presidenta de la Fundación Sábato en Buenos Aires, escritora y presidente de la Fundación Ernesto Sábato
MHG: Tengo una imagen de sus manos entrelazados con las de Sábato y usted diciendo que lo más difícil era que esas manos tomen su rumbo…
EGF: Yo viví cerca de Ernesto muchos años, traté de alentarlo en todo lo que podía y que nuestras manos estuvieron juntas en momentos de tristeza y en otros de gran plenitud. Ernesto era un hombre muy vital a pesar de sus depresiones, y me ha ido costando arrancarme de esa mano que sostuvimos juntos. Pero de algún modo tengo muy en claro que un día preguntándome que quería que yo le dejara, él quiso casarse conmigo y yo no, entonces él se preocupaba por mi futuro, de hecho ahora estoy en una especie de desastre económico, pero no importa. Me preguntó que quería y yo le dije que tenía la sensación que si él me faltaba yo me podía caer, pero que yo sería incapaz, por él, por mi familia, por cómo he sido criada, de dejar de lado a gente que estuviera necesitando, a gente que estuviera necesitando alegría o alimento o esperanza. Y así fue que surgió esta fundación que contó de origen con gran cantidad de apoyo de escritores y otras personalidades.
MHG: Sigue contando con ese apoyo?
EGF: Sí y no. en este momento que Argentina alcanzó un PBI determinado ha dejado de ser un país prioritario para la cooperación internacional. Los países que están en una buena situación tienen un compromiso de ceder una cantidad, pequeña, para la cooperación. Pero de todos modos yo soy de ir y convencer a unos y a otros, de todos modos estamos andando bien, tenemos cuatro programas abiertos: uno en el Bajo Flores que lo hacemos desde hace años, es la continuación del primer programa que se llamaba Fogones y por el que Ernesto dio mucho. En Santa Fe tuvimos un Fogón en Vera, al norte. Fue un Fogón más bien educativo que a Ernesto le dio mucho placer porque se bajó el abandono escolar y los chicos que repetían fueron contenidos. Después tenemos un programa en Los Andes, Ernesto también fue aquí, porque Ernesto era muy animoso, y yo me preguntaba cómo podía aguantar. Y también tenemos uno con los chicos de la secundaria y el del agua con España, pero ese está un poco atrasado pro la situación de España.
MHG: Cómo es Elvira o Elvirita como él le llamaba?
EGF: Es una pregunta bastante difícil porque uno no se ve a sí mismo. Yo creo que he compartido con él la pasión por lo posible, Ernesto consideraba que siempre hay más por dar y yo soy sumamente utópica. Juntos hicimos grandes utopías, creo que teníamos un gran cariño el uno por el otro y lo que se dice de Ernesto que trataba mal o que tenía mal carácter, nunca tuvo mal carácter conmigo.
MHG: Su novela ya está finalizada?
EGF: Cómo sabe?
MHG: No puedo menos que prepararme para hablar con usted.
EGF: En realidad yo lo conocí a Ernesto porque él quedó muy admirado de un escrito que yo había hecho, pero después no escribí por 28 años. Sí escribía los discursos de Ernesto y parte de borradores de libros que le llevaba, pero no volví a escribir algo mío, porque para escribir hay que estar como en una pecera, que es algo que usted conoce, un poco aislado y Ernesto estaba en una permanente urgencia. Con decirle que un hijo, se llevaba muy bien con mis hijos, yo tengo 4, uno de ellos le dijo. “sabés Ernesto que no has dicho en mucho tiempo una palabra”; y él le dijo de qué palabra se trataba y mi hijo le dijo que se trataba de “urgente”.
MHG: Vivió con urgencias casi 100 años?
EGF: Sí… recuerdo de los últimos tiempos a Ernesto dando unas 16 conferencias en España y tenía 93 años. Le fue muy bien, fue muy querido. En ese sentido este año tuve una experiencia muy linda porque fui invitada por la Universidad de Colombia, en Bogotá, y era una muchedumbre para escuchar hablar de Ernesto. Me quedé muy contenta.
MHG: Su participación en los Derechos Humanos, le favoreció o no al escritor?
EGF: Es una pregunta difícil porque yo fui la primer persona que le dije que había un problema en esto, cuando entró en la comisión del Nunca Más, recuerdo a Ernesto soñando que le sacaban los ojos a los suyos… Ernesto bajó un escalón, vivía en un estado de angustia enorme, porque además la mayor pare de la gente que iba a hacer declaraciones pedía que se la tomara él porque era la persona más conocida en ese momento. Entonces sufrió mucho. Ernesto tenía muy marcado a la gente que estaba en una situación de necesidad, como todo artista tenía varias maneras de ser, de pronto tenía una vitalidad y un humor tremendo y de repente un mal humor, depresión, también enormes. Pero algo que yo siempre miré cómo era de deferente y de cuidadoso cuando estaba hablando con una persona que de alguna manera estaba en una necesidad. En cambio, era bastante arrogante en otros momentos, con gente que no se encontraba en esa situación.
MHG: Sábato dijo que a través de la ciencia íbamos a fabricar un hombre sin lágrimas…
EGF: Bueno… eso lo escribió Ernesto en el año 45 en “Hombres y engranajes”, que es un libro muy espeluznante hasta el día de hoy. El se fue muy golpeado de la ciencia, porque él decía que en París en el año 38 cualquiera sabía que se venía la guerra, se lo olía en la calle, sin embargo en los laboratorios luchaban frenéticamente para ver quién tenía primero la bomba atómica. Él se fue muy mal de la ciencia, entonces le quedó la necesidad de advertir que habíamos tomado el camino equivocado. Y ahora, de hecho, es muy probable hacer un hombre sin lágrimas.
MHG: Le gustaba el teatro a Sábato?
EGF: Ernesto gustaba mucho del modo de hablar de las distintas personas. Es un gran logro de su novelas que uno se dé cuenta quién habla. En casa teníamos una persona que lo deleitaba escuchándole su hablar antiguo. Entonces, de alguna manera, me lo mostraba imitándolo. Y una vez yo le propuse que actuáramos, a partir del hecho que él le había dicho a Amado Alonso, éste fue una eminencia en lingüística, que era notable que los chicos de todo el mundo cuando se ponían a jugar hablaban en un idioma mítico, no dicen vos vas a ser el ladrón y yo voy a ser el héroe, sino que decía dale que vos eras el ladrón y yo era el héroe Y a partir de eso yo le dije porqué no hacíamos eso.
MHG: Y usted que le dijo dale que vos vas a ser qué…
EGF: yo le pregunté quién quería ser, además me retaba a mí si yo no lo hacía bien, y como yo siempre quise ser actriz, entonces me encantaba este juego. Él interpretaba memorablemente a Pedro Páramo, también del último Quijote, y ha hecho de otros, es decir, era como un momento… Ernesto tenía varios problemas consigo, siempre andaba con algún problema: del país, de los amigos, de la política. Y yo siempre sentí que le tenía que abrir un espacio como de juego de los niños o de los sueños. Entonces hacíamos eso.
MHG: Con qué imagen o anécdota o momento se ha quedado de la vida de Ernesto?
EGF: Le cuento uno, porque para mí marca una parte muy importante y por eso prefiero quedarme con este. Ernesto era muy vital, muchas veces hacía cosas que una persona de su edad no las haría, pero, en ocasiones, caía en depresiones enormes y yo no lo podía recuperar, mayormente trataba de recuperarlo, pero recuerdo muy bien que encontré una manera que era llamar yo a la cárcel de Ezeiza. Allí había una chica que había entrado por complicidad en la venta de drogas, ella se había quedado sin padres, entonces tuvo una cárcel de 4 años, nosotros le mandábamos libros… Recuerdo que especialmente cuando Ernesto estaba muy deprimido, llamaba a Cristina, – quien ya salió de la cárcel y tiene hijos- , él llamaba y le decía que le hablaba Ernesto, entonces iba donde Ernesto estaba sentado, sombrío hasta no dar, en eso era también muy actoral Ernesto¸ se sentaba y parecía que toda la depresión del mundo la tenía él. Entonces ella llamaba desde la cárcel, yo le decía que era ella y él me respondía que no podía atenderla, que no podía vivir, y que por ellos no podía atenderla; entonces yo le decía que no la dejarían que llamara otra vez, y yo le decía que se lo dijera él, entonces Ernesto arrastrando los pies, así como bien actuando, y al principio decía hola, cómo estás, pero luego recuperaba y le decía que nosotros íbamos a estar en la puerta cuando vos salgas, Elvira no te mando los libros, enseguida llenaba de ánimo la vida de esta chica. Y para mí eso era un acto de generosidad y él quedaba bien.
MHG: Esto demuestra cómo los actos de generosidad van y vienen.
EGF: Sí, sí. Él tenía un afán y se podrían contar mil anécdotas. Por ejemplo una vez lo dejé con una persona que estaba muy mal y me dijo cómo me dejaste solo. Ernesto ha sido una muy linda persona.
EGF: Cuál va a ser el título de su libro?
EGF: Todavía no lo tengo, pero creo que se va a llamar Ofrenda.
MHG: La esperamos para cuando venga por Rosario.
EGF: Sí, tengo muchas ganas de ir porque rosario es una de las ciudades más lindas de la Argentina, tengo recuerdos hermosos de Rosario.
MHG: En el Congreso de la Lengua realizado en Rosario, Sábato pudo disfrutar del cariño de la gente.
EGF: En el Congreso de la Lengua no estaba tan bien porque él no esperaba la tremenda ovación que recibió, estaba muy emocionado. No todo el tiempo, Saramago hizo una presentación de un libro, ellos eran muy amigos, y Ernesto estuvo estupendo en la presentación. Rosario le hizo una gran demostración de afecto.
MHG: En esa oportunidad estuvo también en la cancha de Central?
EGF: Sí, estuvo también en Central.
MHG: En esa oportunidad tuvo todas las emociones.
EGF: Sí todas. Tanto que en un momento yo lo llevé en auto hasta Victoria para darnos una vuelta fuera de la enorme presencia de gente que se le venía encima.
MHG: Con la última mirada que le dijo?
EGF: Ernesto siempre me miraba con profundo amor.
