Para trabajar en el restañado de las profundas roturas de esta Argentina tan destruida, no se puede apelar a la sumatoria de acuerdos, nunca dará un gran acuerdo
Dicen que Jaime Durán Barba (un asesor) convenció al presidente Mauricio Macri para que no informara a la población sobre el estado real del país al asumir. La infantil teoría de no dar malas noticias impactó en el Presidente y así pasó su primer año de gestión, predicando sobre las bondades del "Sí, se puede". Lo cierto es que a esta altura queda claro el grado de improvisación con que Cambiemos asumió el gobierno. Extrañamente, la dificultad urgente: salir de la encerrona que el capricho kirchnerista produjo de alejamiento del mundo, se resolvió rápido y bien.
Vayamos por parte. El Gobierno de Cristina de Kirchner políticamente desnaturalizó al peronismo dado que empobreció a gran parte de la población más de lo que ya estaba; y además convirtió a un sector importante de su electorado en rehén político a través de los planes sociales. Cristina creó el partido de los dependientes, de los que nunca saldrán de su pobreza provocada. De los cada vez más desnutridos. De los cada vez más excluidos. (¡Pensar que algunos dirigentes del llamado peronismo están pensando que la solución es Cristina candidata porque mide!). Esto se parece al síndrome de Estocolmo de la política. La mayoría de los votos del Conurbano bonaerense se "han enamorado de su captor". El 30% de personas empobrecidas es la realidad insoslayable que comenzó con la última dictadura y fue continuada con los gobiernos democráticos. Resulta inmoral seguir ofreciéndose como alternativa electoral. Recordemos que una persona pobre es pobre en ideas, en educación, en salud, en amigos, en creatividad, es pobre en todo y encima no tiene plata. En cuanto al costado corrupto del Gobierno kirchnerista, es la Justicia la que debe dejar su pedestal y trabajar a ley.
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En cuanto al Gobierno inaugural del ingeniero Macri y la evaluación por él otorgada, suena cuanto menos torpe. Primero, a los actos de gobierno los evalúa el voto de la gente. Segundo, al aumentar la pobreza, la exclusión y el desempleo, parte de sus políticas han fracasado, por lo tanto, en términos de estudiantina, la calificación contendría un "nos vemos en marzo".
Para trabajar en el restañado de las profundas roturas de esta Argentina tan destruida, no se puede apelar a la sumatoria de acuerdos, nunca dará un gran acuerdo. Ni a la sumatoria de parches (ejemplo: reforma al impuesto a las ganancias). Nunca producirá el efecto de una necesaria reforma tributaria.
La previsibilidad no se consigue con voluntarismos ni con gurúes espirituales. La esperanza no es infinita. Argentina, entre otras cosas, necesita un hacia dónde, un con cuántos, un de qué manera, un con qué costos, un quién los paga. Mientras la pobreza del otro me conmueva en tanto y en cuanto no modifique mi riqueza, no habrá soluciones posibles.
El doctor Guillermo Nielsen anuncia: "Estamos corriendo el riesgo de otra década perdida". Entre otras cosas, dice: "En la última década, el empleo público creció el sesenta por ciento. La economía no está en condiciones de pagar salarios y jubilaciones sin quebrar al Estado, estamos endeudándonos para pagar sueldos y jubilaciones". Aporta los siguientes datos: "Los salarios en el gobierno central representan el 12% del gasto global del presupuesto. Jubilaciones y pensiones casi el cincuenta por ciento. En las provincias, lo salarial representa el 55% del presupuesto". Remata con la siguiente afirmación: "El gasto social se está institucionalizando de una forma que lo cristaliza en el tiempo. En los países en donde el gasto social funciona bien, ayuda a romper la cristalización de la pobreza, quebrando su círculo reproductivo con capacitación, nutrición y salud. El debate público sobre estos temas en nuestro país es muy pobre. El Gobierno de Mauricio Macri y muchos opinólogos no terminan de entender que bajar el gasto público, como habría que hacer, no va en contra de mantener el gasto social".
Estas apreciaciones deberían servir para alertar a la política, no para crear incertidumbre. Cuando la política no ordena, la anarquía reina. Además, las desviaciones de su correcto accionar producen la aparición de personajes que crecen al amparo de su mala praxis. Es hora de que la política admita sus errores y se rescate.
