El director de uno de los avances científicos más importantes del último tiempo (el Atlas Genómico del Cáncer), el suizo-argentino Jean Claude Zenklusen, me decía: “Los problemas se resuelven cuando entendemos cuál es el problema”. Esta aseveración con la que se rige la ciencia debería ser también norte para la política. El gobierno de Alberto Fernández entendió cuál es su principal problema: el hambre y la pobreza, así como para este consorcio mundial de 1300 científicos lo es el cáncer. Fernández sabe que para ir solucionando su principal problema debe poner en marcha la producción y desde allí, o en paralelo, generar trabajo. Para que esta concatenación de hechos sea realidad, debe acordar una solución para la deuda interna y externa. Sus dos giras internacionales –sólo con un pero- fueron muy buenas. Esta semana debería comenzar a cosechar lo sembrado. El ministro Guzmán explicará mañana la estrategia negociadora ante los diputados, un hecho no habitual. Tal vez esta actitud opere en reciprocidad a la ley aprobada la semana pasada. El italiano Sergio Mattarella, la alemana Angela Merkel, el francés Emmanuel Macron y el español Pedro Sánchez fueron explícitos en sus apoyos a la renegociación de deuda que encare la Argentina, un país cuasi quebrado que necesita, aunque a muchos no les guste, transformar al FMI en un “socio” para que acepte el pedido de Fernández y así comenzar a crecer. Las breves pero contundentes palabras de Donald Trump al recibir al embajador argentino Jorge Argüello, señalando que ayudará a Argentina, permitieron al gobierno cerrar la semana con expectativas positivas.
A propósito del pero mencionado anteriormente, el presidente Fernández tuvo luego de los gestos del papa Francisco, que van en igual dirección que los anteriores; un “exabrupto forzado”, como lo califica el Dr Abel Posse, que entiende se va a aclarar. El Presidente, quien es un hombre moderado, no podría haber respondido a los gestos papales, aseverando que enviaría al Congreso el proyecto de despenalización del aborto, sabiendo lo que implica para la Iglesia el cuidado de las dos vidas. Tal vez, y aquí vuelvo al amigo Zenklusen -“para solucionar un problema primero hay que reconocerlo”- el segundo problema del Presidente y no menor, que hasta el lunes no había reconocido públicamente por prudencia, es la interna política que hay dentro de su gobierno.
Ayer Fernández puntualizó sobre dos temas: dijo “no hay presos políticos” y en segundo lugar desechó de plano la sugerencia de quita en la deuda, que desde Cuba hizo su vicepresidenta: “No sé lo que dijo Cristina, pero en las declaraciones públicas en este tema hay que ser muy prudente”. En el primer caso, el ministro del Interior y la ministra del área de la Mujer, sin estrenar sus carteras, desafiaron ideológicamente al Presidente. Deberían retractarse. El mandatario es un hombre de carácter y convicciones. Convengamos en que el sector que representa su vice no se la hace fácil. Esta cronista le cree a Fernández cuando manifiesta que decide per se, a cada rato, más allá de escuchar a Cristina Fernández. De la misma manera no dudo de que designaciones como las de Aníbal Fernández, Ricardo Echegaray, Martín Sabbatella no figuran en su preferencia a la hora de elegir acompañantes de su gobierno. La tensión de esta semana, la cual quedó evidenciada cual fractura expuesta, tuvo de parte del Presidente una rápida reacción.
La semana que se inicia está signada por lo económico, no sólo por la presencia del ministro Guzmán en el Congreso, sino además por la primera visita de una delegación de técnicos del FMI, la cual no sólo analizará la marcha de la renegociación de deuda sino el perfil de crecimiento y la inflación que se compromete a alcanzar el gobierno argentino. Además, el jueves se dará a conocer el primer guarismo de inflación de Fernández. Si se da una desaceleración, aún con el corsé de cepos y congelamiento de tarifas, el Gobierno podría mostrar un logro, cuyo impacto operaría favorablemente en la mesa de negociaciones paritarias.
El ministro Guzmán sabe que sobre él recae la necesidad de dar a su gobierno la primera y no menor satisfacción: el acuerdo con el FMI. La parálisis que se observa en la mayoría de los sectores del Estado -excepto el ministerio de Arroyo- también llega a las provincias. Si en Santa Fe el gobernador Perotti logra esta semana consensuar con la oposición la aprobación de su proyecto de emergencia, trasmutado en necesidad pública, a la hora del endeudamiento que la ley le permitiría, su ministro coordinador Rubén Michlig me dijo: “Hasta que el gobierno nacional no arregle con el FMI, el gobernador no podrá tomar deuda”.
Decía que el ministerio a cargo de Daniel Arroyo es un activo catalizador de la economía local donde llega la tarjeta alimentaria. Se conocieron los primeros datos de consumo y gasto en una semana en los distritos de Almirante Brown, Avellaneda, San Martín y La Matanza. Sobre 8546 tarjetas, se observó que $6 cada $10 se destinó a la compra de alimentos saludables y recomendados. Menos de $2 a los no recomendados. En el transcurso de esa semana los hogares gastaron en promedio de $2724. Ayer comenzó en la ciudad de Rosario el reparto de las tarjetas alimentarias.
También mañana el canciller Felipe Solá se encontrará personalmente con su par brasileño Ernesto Araújo. Solá tendrá la misión no menor de buscar puntos de acuerdo -más allá de las diferencias ideológicas- tendientes a priorizar el aumento del comercio bilateral (que viene en caída en los últimos años) y el Mercosur. Se avanzará en la posibilidad de revisar el arancel externo común, el cual Brasil quiere eliminar, en tanto que Argentina cree conveniente revisar caso por caso. Planteará el canciller Solá, además, la necesidad de que los sectores privados participen de las negociaciones de libre comercio con la UE, también con Canadá, Corea, Singapur, Líbano y otros proyectos.
Jean Claude Zenklusen dejó dos definiciones no menores. La posibilidad de que en 30 años la mayoría de los cánceres, al igual que el SIDA, se conviertan en enfermedades crónicas. En segundo lugar, que este avance científico fue posible porque sin individualismos ni mezquindades todos los actores compartieron sus logros.
Si el presidente Alberto Fernández consigue que la enfermedad terminal de la deuda se convierta en crónica, habrá dado un gran paso. Y si logra que su gabinete trabaje con un único objetivo político y sin mezquindades, el aporte será mayúsculo.
