Al rescate político de los marginados (Por María Herminia Grande para Infobae)

Argentina debe reordenar sus prioridades políticas, dado que sus acciones hacen foco en la epidermis de los problemas y no bucean en la célula madre de estos.

Resulta extraño que quien gobernó durante dos períodos Capital Federal llegue a la Presidencia de la República Argentina y esté sorprendido por la magnitud del problema energético, sin encontrar la fórmula de resolución. Pasaron ocho meses y la política se subordinó a lo judicial.

Como ya se ha dicho desde esta columna, el presidente Mauricio Macri y su Gobierno apostaron a que el cambio de aire y su buena performance internacional produjeran el milagro de la llegada rápida de inversiones. En el mundo, las inversiones productivas tardan como mínimo un año en concretarse, desde que se toma la decisión de realizarlas. El presidente Macri hace del tema tarifario el eje de la gobernabilidad; parecería que, de tanto buscar diferenciarse de lo peor del kirchnerismo, está atrapado en él. Su política perdió iniciativa. Esto es grave cuando no se tiene pensado un plan B. Si un camino se cierra, otro debe abrirse inmediatamente. El tema tarifario y su aumento deberían haber guardado relación con el tema inflacionario. El Presidente y su equipo económico anunciaron que a su Gobierno le demandará los cuatro años controlar la inflación. La pregunta es por qué no ha fijado el mismo parámetro para rescatar de su atraso a las tarifas.

Hoy, en el Congreso, el ministro Juan José Aranguren tratará de recostarse en la herencia recibida —parece que el Gobierno ya abandonó la indicación de Jaime Durán Barba de no dar malas noticias, tal vez porque las malas noticas se generan solas en el día a día. El ministro de Energía no sólo deberá explicar el componente tarifario, la carga impositiva de la tarifa, las compras de energía al exterior, los precios de estas, sino y fundamentalmente la política de exploración y generación energética para nuestro país.

Aunque el informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) haya quedado sepultado en los titulares de la semana pasada, lo cierto es que el 33% de la Argentina es pobre. Lo cierto es que los cuatro millones de personas en riesgo alimenticio existen. Los ocho millones de personas con riesgo en la salud existen. Los cinco millones de personas sin acceso a servicios básicos existen. Los siete millones sin vivienda digna existen. Y las siete millones de personas sin integrar el ciclo educativo existen. Es decir, lo cierto es que Argentina tiene doce millones de personas pobres y cuatro millones de indigentes. El papa Francisco ha pedido colaboración en la colecta Más por Menos al expresar: "Todos debemos ser sensibles ante el gesto de dolor de tantas personas marginadas y descartadas, que, postradas en su pobreza, buscan una mano amiga que las ayude".

El Presidente recorrió el país y se asombró ante hermosos paisajes; habrá observado también que hay argentinos que viven aún en el siglo XIX, otros, en el siglo XX y algunos, en el siglo XXI. El rescate político de los marginados y los descartados debería ser el eje y la prioridad de su Gobierno, dado que prometió pobreza cero para el final de su mandato.

Las tarifas y su pulseada ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación y el Congreso son un tema no menor, pero el alerta máxima reside en un índice: el 5,7% de la caída del consumo y el descenso de la actividad industrial, en junio, en un 9,5 por ciento. Estas realidades pronostican más pobreza. Se evidencia la ausencia de un plan que vaya al rescate de quienes quedaron fuera del sistema. Creyéndole siempre al Presidente en su intención de ir a la pobreza cero. La pregunta es: con qué incentivos las pymes contribuirán al rescate laboral?

Los ministros de Economía y de Energía pulsean a la Corte Suprema de Justicia por el fallo tarifario con la advertencia de que, de ser desfavorable para el Gobierno, deberán usar el dinero destinado a la obra pública. La duda es por qué Macri, entonces, la semana pasada les dio plata a los gobernadores, acordó la devolución de dinero a las obras sociales y, en sus actos inaugurales de gestión, les reconoció tres mil millones de dólares a los petroleros y sigue subsidiando increíblemente el 40% del barril de petróleo por encima del precio real.

Si bien la matriz del problema energético le pertenece al kirchnerismo, eso no autoriza al actual Gobierno a apartarse de la ley. Se debería avanzar con las audiencias públicas que fija la ley, explicar el proyecto energético y proponer un plan escalonado de ajuste de tarifas. Los apoyos buscados el viernes con un grupo de ex secretarios de Energía constituyen un paso interesante, pero varios de esos ex secretarios hoy pertenecen a Cambiemos.

El kirchnerismo basó su política en el todo o nada, en redoblar la apuesta. Sería muy triste que el Cambiemos de Macri no resista la tentación de transitar el mismo camino, como ya sabemos nefasto para la República Argentina. República que no merece piedrazos para nadie, muchísimo menos para un presidente elegido por su gente. Tampoco autoritarismo de los electos para con sus ciudadanos.

Resulta llamativo, al cierre de este artículo, que no exista ni siquiera un demorado ante semejante atropello en Mar del Plata al Presidente de la Nación.

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