Argentina está atravesada por una delgada línea. Esta línea muestra la fragilidad de las definiciones entre lo legal y lo ilegal, lo blanco y lo negro, en definitiva, se vive a través de los grises. Hay debilidad donde debería abundar la contundencia. En lo jurídico, la semana pasada, con el episodio Hebe de Bonafini, se ha llegado, como me decía el doctor Alejandro Fargosi, "al epítome de la Justicia". En resumidas cuentas, un juez que, diciendo que quiere actuar a ley, con su conducta favoreció la anomia. Una defensora a ultranza de la ley en la dictadura, en democracia, la viola.
En lo político, sucede exactamente lo mismo. En el tema tarifario, hasta ayer, la conducta del Gobierno era: "Se debe aplicar el aumento que yo determino, aun violando el procedimiento legal de llamar a audiencias públicas", o, de lo contrario, como dijo el jefe de gabinete Marcos Peña, "que no se pague nada". O sea: anomia total. Ayer se conoció la decisión de convocarlas. Allí, el Gobierno debería, además, aprovechar para proponer un proyecto de aumentos viable. Sería interesante que se contemplara la posibilidad de la aplicación de tarifas planas, sin perder de vista que el problema mayor no son las compañías privatizadas de transporte y distribución, sino el incremento en la producción de gas y en la generación de energía, para lo cual se vuelven imprescindibles las inversiones.
Se observa que algunos operadores mediáticos del Gobierno han comenzado a mutar la responsabilidad del fracaso de la ausencia de estas. Ya no sería el Gobierno el que no logró atraerlas, los responsables serían los ciudadanos que se niegan a pagar lo que no pueden. Mientras tanto, el ministro de Energía, Juan José Aranguren, nunca ha explicado por qué su planilla Excel le indicaba un aumento de aproximadamente un dos mil por ciento, lo cerró en cuatrocientos por ciento y su Gobierno aumenta salarios en un treinta por ciento. La energía, como hemos dicho, es la columna vertebral de la producción; los productores y los consumidores pueden abrigarse con pulóveres y frazadas, pero si el Gobierno permite que los intermediarios sigan usando remeras y musculosas, porque son los que se llevan la porción más importante de la cadena productiva, será en vano cualquier sacrificio. La oposición está tratando de realizar una sesión especial para impulsar una ley que retrotraiga las tarifas y obligue a un aumento de vía consenso. Las espadas legislativas de Mauricio Macri en Diputados están preocupadas, dado que no sería aconsejable que, llegado el caso, su Presidente deba utilizar el veto, tal lo sucedido con la ley que limitaba temporalmente los despidos.
Otro ejemplo de la epítome de la Justicia se relaciona con los extraños vaivenes a que sigue siendo sometida la solicitud de conocimiento público del contrato YPF/Chevron que realizase oportunamente el ex senador Rubén Giustiniani. Una vez más, un fallo de la Corte Suprema es desobedecido. Reitero, la Justicia es la columna vertebral de una república; cuando esta no es independiente, la convivencia se convierte en connivencia.
La política precipitadamente amaneció al 2017. Y Santa Fe no deja de ser protagonista en este amanecer. Dos hechos así lo demuestran. En el Comité de la Unión Cívica Radial porteña, quedará oficializada la mesa santafesina de Cambiemos. Doce son sus titulares, demasiado número para hacer eficientes las resoluciones. El tema de fondo, y esto excede a Santa Fe, es que el PRO siente que sus socios, los radicales, siguen sin interpretar que el Gobierno de Macri es presidencialista (no hay cogobierno), con una alianza legislativa. La primera tarea que realizarán juntos es el 20 de agosto, cuando todo Cambiemos salga a timbrear a lo largo y lo ancho del país.
El segundo tema, y no menor, es la continuidad de la pulseada política entre el Gobierno central de Macri y el Gobierno provincial de Miguel Lifschitz. El domingo, el concejal radical rosarino Jorge Boasso, ex compañero de fórmula de Miguel Del Sel, tuvo diez minutos para denunciar, en el programa de Jorge Lanata, al gobernador Lifschitz, al aludir a su pasado como senador provincial y a la utilización incorrecta, según dichos de Boasso, de los subsidios disponibles.
El domingo, San Cayetano no sólo fue el preferido de muchos argentinos a la hora de pedir un trabajo, sino que, además, organizaciones políticas se acercaron con tal fin. Las espaldas del santito no alcanzan para tanta demanda social, sucede que quienes tienen que contestar están mirando para otro lado.
Los errores políticos siempre los paga con sobreprecios la gente.
