Margarita Barrientos: fundadora del comedor comunitario Los Piletones en Villa Soldati- Actualmente da de comer a 1500 niños y 300 adultos
MHG: Cómo fue su historia, por qué llega a hoy a tanta generosidad con los que menos tienen?
MB: Será porque yo cuando era chica pasé muchas necesidades, he conocido lo qué es bueno y lo qué es malo, sé lo que es el frío, el hambre y la necesidad de amor. Pasando todas esas cosas uno refleja y vuelca en los hijos, en los nietos y en las personas que uno ama, que son los niños y los mayores que son tan excluidos, todo lo que tiene y todo lo que vivió y lo que no le gustaría que le pasara a los demás.
MHG: Qué es lo primero que no le gustaría que le pasara a otro?
MB: Que un chico pase necesidad, que una madre golpee una puerta y no se le abra, que un abuelo busque un remedio y no lo tenga, que le gente busque trabajo y no lo encuentre… eso es lo que no me gustaría que ocurra, me encantaría que un papá venga feliz porque ha trabajado ese día y no que espere un fin de mes para recibir un sueldo de arriba…
MHG: Si los gobiernos se dedicaran a fondo a rescatar las economías regionales, nadie se movería de su lugar en los cuales debería haber trabajo, escuelas y centros asistenciales…
MB: Por supuesto y que funcione todo, sobre todo estos últimos… no hay los suficientes. Hoy se ha perdido mucho el respeto por la gente.
MHG: Cuándo usted llegó de Santiago del Estero a Buenos Aires se radicó en una villa?
MB: Cuando llegué aquí tenía 11 años, después cuando me junté con mi esposo, desgraciadamente, la vida me fue llevando a vivir en un asentamiento. Cosa que agradezco, era lo que me faltaba aprender. Mi esposo trabajaba, era camionero, trabajaba bien, pero un día tuvo un accidente muy grave y le tuvieron que amputar el brazo derecho, y creo que ha sido un volver a empezar y aprender un montón de cosas. Ahí aprendí lo que es el valor del amor y de la vida.
MHG: Cómo era en ese momento la villa en comparación con la actual que aparece con hechos que nos tiene a todos en alerta?
MB: Eran asentamientos que no tenían nombres, con muy pocas familias, alrededor de 50 o 60 familias, eran basurales y en los lugares que no había basura se armaban casitas. No tenían nombres. Le cuento esto porque dentro de eso estaba yo, éramos muy poquitos, pero con el correr del tiempo se ha ido haciendo grande… La villa se llama Los Piletones, cuando fui a asentar el comedor, en el gobierno de la ciudad me preguntaron cómo se llama la villa; respondí “Los Piletones”, y me preguntaron luego por el comedor, y yo les dije “Los Piletones”, también.
MHG: Cuál fue el elemento que la llevó a decir a partir de hoy le voy a dar de comer a alguien que lo necesita?
MB: Mi esposo salía todo los días a trabajar con un carro y un caballo. Un día 7 de octubre llegó, como todos los días, muy feliz porque lo rodeaban los chicos que vivían con nosotros y que trabajaban en el cirujeo y había traído tantas facturas y pan y miel y me dijo: “Margarita hacé un mate bien caliente para los chicos”. No necesitó terminar la frase que yo ya estaba haciendo el mate cocido y prendiendo el horno para calentar las facturas…
MHG: A partir de ahí no bajó los brazos nunca más… hoy a cuántas personas les da de comer?
MB: A 1500 chicos y 300 adultos. Chicos de la calle, adultos, familias completas, gente que va en los trenes de la provincia buscando comida, doy de comer a toda persona que se acerca. Le doy de comer a vendedores, a chicos que andan vendiendo servilletas u otras cosas. Me gritan de la vereda: “Margarita puedo pasar a comer”.
MHG: Y sigue siendo maestra?
MB: Usted sabe que eso es lo que yo siempre digo, soy un poco medio maestra, doctora, psicóloga, mamá, abuela y uno aprende tanto a escuchar a las madres, a los chicos, a escuchar a aquel chico que viene a pedir ayuda porque no se quiere drogar más. Uno escucha a todos y a veces lloro con ellos porque soy una mujer muy sensible.
MHG: Sabemos que no la ha muy bien a raíz de de sus declaraciones sobre lo sucedido con la ocupación en Villa Soldati, donde manifestó que muchas de las personas que estaban en el parque, en la toma del Indoamericano ya tenían vivienda…
MB: Y siempre voy a decir lo mismo, porque soy una persona muy derecha y siempre voy a decir la verdad aunque ésta traiga consecuencias… la verdad siempre trae consecuencias… digo y sostengo que toda la gente que estaba ahí adentro tenía casa. Lo que me indignaba era ver a mis vecinos estar adentro de un parque y andar con palos, piedras y fierros. Yo era capaz de ir a buscarlos de los pelos. Me causó tanta indignación.
MHG: Fueron llevados, les pagaron, qué pasó?
MB: fueron llevados por los punteros políticos, y lo digo nuevamente, fueron llevados por los punteros políticos del kirchnerismo, después uno escucha las agresiones y eso no me interesa. La persona que me agrede a mí es porque no se anima a decírmelo de frente.
MHG: Su tarea, además, se ha complementado con la educación y la salud?
MB: Tenemos un centro de salud en donde hay pediatría y clínica medica gineco y odontología. Tenemos una farmacia comunitaria, porque cuando hicimos en centro de salud, no hicimos farmacia y con el paso del tiempo veía a la gente que se hacía atender en nuestro centro con una receta en la mano y ¡dije que iba a hacer una farmacia, porque la gente no puede pensar cómo y adónde debe ir a comprar los medicamentos!.
MHG: En la gente de su barrio, de su villa, el mayor problema cuál es?
MB: El tema es que la gente se acostumbró a no trabajar, hoy la gente vive de un plan, de subsidios, de salarios universales. Le cuento una anécdota; estuve en Añatuya llevando pan dulce y le digo a uno de mis sobrinos: “Nene, adónde estás trabajando vos?” Y me contesta: “No, yo ya no trabajo más”. Entonces, le digo: “Cómo que no trabajás más, de qué vivís” Me dice. “La Marcela cobra el salario universal”. Entonces le dije que si a él preguntaban si era sobrino mío, que dijera que no. Cómo es la cosa?. La gente deja el trabajo para vivir de arriba, en eso no estoy de acuerdo. Con ese dinero que le dan a millones de personas prefiero que abran empresas, que le den trabajo, que le enseñen a trabajar, la gente no tiene por qué vivir de arriba. Yo siempre digo que el comedor no tiene que existir, tiene que existir el trabajo.
MHG: Allí también enseña oficios?
MB: Sí, tenemos un taller de carpintería, electricidad y herrería. Ese lo hemos abierto hace dos semanas y tenemos un montón de inscriptos. A partir del lunes (20 de diciembre) se empezarán con las lecciones de todo lo que es teórico. No le puedo explicar demasiado, yo escucho a los otros que hablan y lo transmito…
MHG: Cuál es su último pensamiento cuando se va a dormir?
MB: cuando me voy a acostar a la 1 y 30 de la mañana le agradezco a Dios por un día más y le vuelvo a pedir que el otro día sea, también, un buen día.
