Para salvar el futuro -Diario La Capital

La pregunta más frecuente que se realizan aquellas personas con posibilidades de reflexión es: cómo salvar el futuro en Argentina?, dado que el presente está tabicado por un juego político iniciado por el kirchnerismo y “comprado” por la oposición cuyo resultado, como ya hemos dicho, es de suma cero. El accionar de los políticos, con sus debidas excepciones, se retroalimenta en un círculo vicioso que suma conflictos y no los destraba. Que acapara la atención mediática. Y que se diluye ante la presencia de un nuevo conflicto y así sucesivamente… Esta actitud de la política hoy reinante, provoca malestar en algunos, indiferencia en muchos, alejamiento en otros y un vacío en los vasos comunicantes entre la sociedad y sus representantes. Hoy, con mayor fuerza que en otros momentos, la gente siente que la política no es importante para su vida. Sí lo es la inseguridad. El delito. El desempleo. La inflación. Todos ellos cada vez con mayor presencia en sus vidas. No se advierte que es la política la que debe dar respuestas a todos y cada uno de estos problemas… El grito, la destemplanza, el no entender -como sucedió en estos días que lo que dicta la Justicia, debe cumplirse- (los asambleístas de Gualeguaychú han dicho que no acatarán la resolución del Tribunal Internacional de La Haya, sobre la instalación de las pasteras en el Río Uruguay, dado que interpretan que esa resolución es para el gobierno y no para los ciudadanos); nos acerca mucho mas a la falda de la anarquía que a los brazos de la democracia.
Pero la pregunta era cómo salvar el futuro. Indudablemente primero hay que reconocer la magnitud de todas las pobrezas que habitan en Argentina. Segundo, generar políticas para doblegarlas. Desde esta columna hemos dicho no una vez, sino varias veces, que el 40% de los jóvenes vive en hogares pobres y que no trabajan ni estudian. Es en este punto donde se debe recordar que nuestro futuro, está en manos del presente de estos jóvenes. Los grandes conglomerados urbanos hacinan pobres, que ya no llegan desde el interior con la esperanza de conseguir un trabajo. Lo hacen, cooptados por la necesidad de obtener salud y educación prioritariamente… La realidad indica que terminan viviendo mucho peor que en su lugar de origen. El grave problema es que en su lugar de origen no tienen asegurado lo básico: salud y educación. Ingresan a los grandes centros poblados, en su inmensa mayoría, sin conocer los códigos que allí se manejan. Algunos se apropian de terrenos, otros de un techo. Lo cierto es que para los jóvenes la esquina es más cobijo que ese techo. Pero la esquina esconde también un costado oscuro, el consumo de droga primero, y el delito después. La escuela no los atrae y muchas veces los induce a abandonarla. Los planes educativos de este hoy están hechos para un argentino medio que no existe. Así lo define Daniel Medina, director de una escuela en un centro penitenciario de Rosario. Quien además sin querer, con un ejemplo nos muestra cuan lejos está la realidad de la pobreza, del conocimiento, cuando cuenta “hicimos un censo en los alumnos que asisten a la escuela de la cárcel y nos dio que sólo cinco de ellos habían ido alguna vez a un cine”. Esta anécdota nos debe servir para reflexionar que aún en los grandes centros urbanos la magnitud de la pobreza aparece invisible.
A esta altura de la descripción debiéramos pensar que parte de la solución para salvar el futuro tiene que ver con la implementación de políticas que contengan los intereses y necesidades de la gente para permanecer en sus lugares de origen. Inicialmente al menos, lo básico por lo cual migran: educación y salud. Los planes educativos, para los jóvenes antes mencionados, necesariamente deben ser flexibles en cuanto al contenido y vinculados a una capacitación para el oficio.
Este tema no menor, nos conecta con otra de las caras de la pobreza: los asalariados pobres y/o en negro, y los cuentapropistas que dada la dificultad para acceder a créditos van quedando desactualizados en cuanto a la prestación de sus servicios. Como dice el Lic. Daniel Arroyo: “se debería fortalecer el microcrédito. Desarrollar las actividades productivas como el calzado, los frigoríficos, las curtiembres o la construcción. Desde el Estado hay que fortalecer a estos sectores para que le den trabajo al pibe que aún no terminó el secundario… “
Hasta hoy y todavía se practica, el Estado es el gran “empleador” de los desocupados. Cultor de una vieja y deshonesta cultura clientelista. Debiese pensarse seriamente en fuertes incentivos fiscales hacia el sector privado. Trabajar con él las necesidades de empleo para desandar la informalidad económica.
La inflación y el desempleo son sin lugar a dudas, los generadores de la pobreza. Su resolución hace a la construcción del futuro deseable. Pero hay un tema que no puede esperar políticas de futuro: la indigencia. Dado que como dice el Lic. Abel Viglione: “debajo de la línea de pobreza está la línea de indigencia y esa es indiscutible porque establece el número de calorías que se necesitan para tener un desarrollo físico y psíquico normal en el futuro”. Hoy casi más de dos millones de personas son indigentes.
La complejidad que evidencia la resolución de este presente, en proyección al futuro deseado es posible sí y solo sí la política vuelve a estar protagonizada por hombres y mujeres que se reconozcan como servidores públicos, que no profesen su honestidad sino que la demuestren, que no juren lo que no van cumplir, que hagan de la ética su mandamiento cotidiano y que crean fervientemente en el consenso, el diálogo y las políticas de Estado.

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