Javier Milei no solo tiñó de violeta el mapa argentino: consiguió algo más raro aún, paciencia. En una elección marcada por el miedo y la emocionalidad, el país convirtió las legislativas en un plebiscito sobre su figura. El resultado, más que un aval, fue un salvataje: Milei recuperó aire y deberá traducir su milagro electoral en gobernabilidad. Indudable: salió de estar colgado del travesaño a meter un contraataque letal que terminó en gol a favor.
Además de pintar con violeta gran parte de la extensión geográfica argentina; el presidente Milei logró algo que suena increíble: paciencia. En momentos donde todo es vertiginoso, en donde la sociedad, incluida la más golpeada y urgida le extendió su paciencia, su tolerancia. En muchos, jubilados; discapacitados; le entregaron con esta actitud la llave de sus vidas.
El Presidente quizás fue tan sorprendido como el 7 de setiembre, pero al revés. Lo absolutamente meritorio, y bien político, fue la manera con la que encaró la adversidad. Revirtió el resultado electoral más brutal: provincia de Buenos Aires y además, convirtió “en milagro el barro” de las citas incómodas del presidente Trump: “si no gana no seremos generosos con Argentina; “Argentina está luchando por su vida, se están muriendo” etc; motorizando un miedo adicional en el electorado.
No pocos comerciantes, titulares de pymes y trabajadores de las mismas, se preguntaron qué pasaría con su futuro si el presidente Milei perdía las elecciones y el gobierno se quedaba sin el apoyo norteamericano. ¿Es una posibilidad? Sí.
Como también penetró en muchos el miedo –otra vez la negatividad- al regreso de kirchnerismo, como el brazo de penetración de Cuba y Venezuela a estas tierras. Con CFK presa e inhabilitada políticamente, sin sucesión a la vista; resulta –desde la razón- un análisis de factibilidad improbable. Sucede que el voto en general no es racional sino emocional.
Esta elección intermedia donde solo importó Milei sí o no, desvió la razón de ser de la misma: elegir legisladores. La campaña no tuvo altura política. Solo negatividad. Y el miedo nunca es buen consejero. Claro está que el núcleo duro del Presidente votó por convicción a su líder.
El gobierno nacional tenía dos planes: ganando o perdiendo. La estrategia en el caso de la derrota era desviar su impacto con un cambio de gabinete. Todo indica que Santiago Caputo se puso anticipadamente el traje que viste Guillermo Francos. Con los resultados electorales en la mano, el Presidente respaldo a su Jefe de Gabinete y lo premió por los malos días vividos cuando lo renunciaban por los medios amigos.
El Presidente habló de consensos, comenzó por el triángulo de hierro. Aparecieron Caputo y Karina en el escenario, uno a cada lado de Milei. Ahora bien cabe preguntarse hasta dónde el resultado de ayer fue aval a sus políticas y/o hasta dónde fue un salvataje al gobierno. No es lo mismo.
La situación de los gobernadores díscolos (Provincias Unidas) no es fácil. Necesitan del gobierno nacional pero la duda es si luego del resultado electoral, el gobierno nacional los necesita. El Presidente habló de convocarlos. ¿Bajo qué formas? . ¿Bajo qué condiciones?
Se podría pensar que el gobierno dador de sostenibilidad económica en las agónicas dos semanas previas a las elecciones -EEUU- le pide que acuerde con ellos, para tener Presupuesto y las tres o cuatro leyes fundamentales. Pero nadie sabe qué entiende Trump sobre la magnitud del resultado que no esperaba, y que Milei obtuvo. ¿Y si entiende que esa mayoría de votos es suficiente?
En esta elección cuyo leitmotiv fue la negatividad, la carencia de propuestas hizo también al resultado final. No olvidar que un 30% de ciudadanos no fue a votar por no encontrar quien/que lo seduzca.
La oposición debió proponer políticas alternativas para ser opción real y creíble.
