Las encuestas coinciden en señalar dos preocupaciones centrales de los argentinos: la falta de empleo y el deterioro de los salarios. Sin embargo, ambos problemas chocan contra la lógica del actual programa económico. Mientras el Gobierno apuesta a que la estabilidad macroeconómica y las inversiones impulsen una recuperación futura, los datos muestran una economía con baja generación de empleo, escasa inversión productiva y una creciente concentración de ingresos.
Las encuestas detectan dos grandes problemas sociales: desempleo y salarios pobrísimos. Pero sucede que estos dos problemas no pueden ser resueltos –si el gobierno desearía hacerlo- con el actual programa económico. Porque para que este programa cierre, estos dos componentes deben gozar de buena salud. El Presidente puede disimularlo con aumentos de la AUH o tal vez, si lograra acercarse a las peticiones de la universidad aunque obcecadamente se niegue a reconocer la ley aprobada; de lograrlo habría una mejora transitoria, solo para que las estadísticas luzcan mejor. Pero no habrá nunca ascenso social, al contrario, este es el camino buscado del descenso social. Por ende del empobrecimiento del 90% de la población.
Debiéramos tener en claro que lo buscado por el gobierno va a contramano de la necesidad de pleno empleo con salarios dignos. Un gobierno que solo trabaja para el mercado no pierde tiempo, ni se sacrifica, para que la gente tenga el estándar de vida que el Presidente, su hermana y los Adorni han conseguido.
Veamos. Milei trabaja para que los mercados le resuelvan lo que él no puede y no quiere. Es decir viene haciendo el trabajo sucio de echar gente y destruir empresas e instituciones, con la esperanza que bajando la inflación vengan las inversiones y un sector de desocupados sean los rehabilitados por el mercado. Eso no va a ocurrir.
La inflación, medida sin la actualización de la canasta real, no declina en forma notoria. Imaginemos lo que sería si los servicios mostraran su peso real en el INDEC, como a diario lo viven los argentinos.
Y si de inversiones hablamos, debemos decir que solo llegan las que no potencian salarios ni empleos masivos. Cuenta Carlos Leiva que con menos de 25/30% anual sobre el PBI de la IBF (Inversión Bruta Fija), no se puede crecer ni en empleos ni en salarios masivamente. Y Orlando Ferreres dice que en toda la gestión anarcocapitalista el promedio fue de 12.6%. Podemos decir que en el mejor de los casos Argentina se traslada hacia el futuro en una bicicleta fija.
La economía de la montaña –que debe seguir existiendo, tal vez con menos generosidades y más aportes-, no logrará resolver los dos grandes problemas que hoy padece mayoritariamente nuestra sociedad: más y mejores empleos.
Si el modelo Milei se consolida, Argentina mostrará una extensa geografía de la pobreza con islotes de riqueza.
El presidente Milei junto a su ministro estrella Sturzenegger impulsan el super RIGI para los tecnomagnates sin humanos en la conducción de esas empresas. De esta forma desaparecería la responsabilidad humana ante las consecuencias no deseadas y a veces deseadas que atañen a la vida y la salud del trabajador. Ahora los responsables con personería jurídica serían robots.
Debiéramos solicitar al Dr. Mario Ackerman que escriba rápidamente una nueva legislación para no humanos.
Argentina se está convirtiendo en un país en el cual de concretarse el proyecto Milei, el robot desplazaría al humano del centro de todas las políticas. La pregunta es ¿para qué quiere que el Papa Leo XIV nos visite en noviembre?
