*La obra plantea con humor y empatía la constante búsqueda humana de herramientas para facilitar la crianza (los pañales, los chupetes, las mamaderas) y mitigar la falta crónica de sueño que sufren los padres*
* Para la selección del repertorio, el punto de partida no es cronológico, sino territorial, comenzando por los pueblos originarios de América (con canciones en lenguas como náhuatl, mapuche, chaná y quechua) para luego abrirse al resto del mundo*
*En la puesta en escena, el niño no es interpretado por un actor infantil tradicional, sino que está representado físicamente por un muñeco en una cuna y sonorizado en vivo desde la consola técnica (risas, balbuceos, llantos), manifestándose como una presencia constante que condiciona la noche de los personajes.*
*Las canciones de cuna son una constante antropológica. La necesidad de la humanidad de hacer dormir a sus niños ha existido en todas las culturas y épocas históricas, dando origen a un repertorio global*
*Las letras de las nanas que hoy pueden parecer duras o amenazantes (como invocar al «cuco») respondían a realidades materiales concretas. Por ejemplo, en comunidades indígenas donde el peligro de fieras o animales salvajes era real, calmar el llanto de un niño rápidamente era vital para no alertar a los depredadores*
—– Dificultades del circuito teatral y cultural independiente: hay un contraste entre la gran cantidad de creadores con proyectos y la escasez crítica de salas disponibles en Rosario, sumado a un contexto socioeconómico que retrae el consumo cultural y la asistencia del público*
