Existe una única posibilidad para que el presidente Mauricio Macri sea recordado en la historia argentina. Y es convocando a todos juntos a un pacto social: sectores políticos, empresariales, sindicales, religiosos, sociales. O puede optar por seguir en el tobogán de la decadencia.
Hasta ahora todo es un mezquino juego de intereses. Bajo títulos que entusiasmaron apareció solo el interés propio. El último en ocasión del pacto fiscal, que terminó teniendo como principal objetivo darle a la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, 60 mil millones de pesos para un Conurbano doliente. Tan doliente como muchos otros conurbanos de la empobrecida Argentina.
Esta cronista viene reclamando esta actitud política desde antes que asumiese el Presidente. El ballotage define un ganador, no lo robustece si este no conquista el voto prestado. El Presidente pareció encaminarse a ese fin cuando convocó a sus adversarios de entonces. Solo fue para titulares y fotos que quedaron sepia al día siguiente. Si bien esto es contrafáctico, tal vez el primer error político de Macri fue bailar en el balcón de la Casa Rosada, en lugar de señalar el estado de la ruta, los mojones y los puentes caídos con que se encontraba la Argentina de entonces. Es decir: déficit fiscal, sobrevaloración del tipo de cambio, subsidios a la energía y los transportes, economía sumergida y, con ella, millones de argentinos sumergidos, y alta emisión monetaria.
En octubre del año pasado tuvo otra vez esa oportunidad, cuando su gestión se legitimó en la elección de medio término. Lejos de convocar ampliamente, eligió el camino de "soy Macri, puedo solo". Se puso al hombro un problema que lo excede ampliamente: Argentina involuciona desde décadas pasadas. Cuando nuestros vecinos disminuyeron su pobreza, nosotros la aumentamos. Cuando mejoraron en educación y salud, nosotros decaímos. Aumentamos nuestra desocupación e incrementamos el trabajo precarizado. Nuestras economías regionales, naves insignias de una Argentina en desarrollo, se fueron subsumiendo, las marchitaron.
Es necesaria una tregua política sin detenerse a buscar culpables. No hay tiempo para ello. Esto último lo incluye al Presidente y su equipo de colaboradores. Para investigar las distintas corrupciones está la Justicia. La política no tiene tiempo para detenerse en ello. No solo el Gobierno está en crisis, sino la Argentina toda. Si las fuerzas políticas no lo advierten, sencillamente no entienden nada. La gravedad es tal que no hay lugar para mezquindades. Por ello, querido Presidente, perdón que me dirija a usted, respetuosamente le pido que convoque a una tregua. Ya no solo se trata del dólar desbocado, de la inflación insaciable, el endeudamiento indómito, del Fondo asfixiante. Se trata de la vida misma. Sabemos que una vez más hay que poner esfuerzo. Lo que al menos correspondería es que sea consensuado y compartido.
Si la tregua solicitada fuese posible, lo primero a consolidar debería ser el frente interno. Desde el punto de vista político otro grave error fue haberse desembarazado de muchos colaboradores como Alfonso Prat-Gay, Martín Lousteau, Carlos Melconian, Emilio Monzó, hombres de la política que fueron descartados sin contención alguna. Cuando fue la crisis del 2001, el doctor Eduardo Duhalde se acompañó con seis ministros del peronismo, cuatro del radicalismo acordados con el doctor Raúl Alfonsín y un ministro frepasista.
El candidato Macri, al día siguiente de Gualeguaychú, servida la estructura de la Unión Cívica Radical (UCR) en bandeja para su cometido presidencial, dijo: "Solo coalición legislativa". Primer error pregubernamental; queda claro que su equipo no sabe de política y los que entienden fueron raleados, separados o descartados.
El presidente del radicalismo, Alfredo Cornejo, reconoce en la intimidad que el presidente Macri por momentos pierde la sensación de lo que está pasando. El gobernador mendocino se queja: "No alcanza con los focus group". Si bien Cornejo tuvo una postura inicial interesante sobre las tarifas, amainó su ímpetu luego de una comida a solas con Marcos Peña, donde este aceptó el pedido que primero le hiciese al propio Presidente de tener un hombre de su partido en el equipo económico. Ese hombre podría ser Enrique Vaquié, dado que trabaja con Peña desde una dirección de Desarrollo Federal. Sin menoscabar los méritos de Vaquié, el radicalismo debiese colocar allí a su mejor cuadro, no el que le caiga en gracia al jefe de gabinete.
En Argentina, junto al hot sale, hoy hubo un hot sale del Banco Central poniendo 5 mil millones de dólares; sumado a los 10 mil millones de dólares ya consumidos en la semana pasada, estamos quemando la mitad del crédito que le pedimos al FMI sin condicionamiento alguno. Hoy por las Lebacs y su renovación o corrida al dólar están en juego 28 mil millones de dólares más. Y después los imprudentes e irresponsables son los legisladores de la oposición que piden tarifas posibles con aumentos progresivos acordes con la inflación?
Los empresarios con cuerpo para la crítica como el titular de Arcor, Luis Pagani, dicen que el Gobierno no tiene plan económico. Los que son voceros del Gobierno, como Cristiano Rattazzi, anticiparon que el dólar tiene que estar a 26 pesos. Y finalmente están los que desde la Unión Industrial Argentina largan los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) sobre la radiografía industrial, la cual refleja que sobre 24 sectores industriales, en el 2017, contra el 2015, la caída es del 2,6% a la baja. Y si es sector por sector (ligados al cemento y al hierro) 3 crecen y 21 bajan, con pérdidas que van del 0,2% al 18%-19% en los sectores textiles y calzado.
Si el desmadre no cesa, es probable que la inflación se triplique. Si el Gobierno no es protagonista de una tregua, lo será del tobogán de la decadencia.
