Argentina es un país que se ha vuelto muy complejo. Fue descarrilando y, cada vez que acomodó el vuelco, nunca volvió a ser lo mismo. El callo de la mala praxis política se afianzó, creció y, si bien viene de larga data, hoy duele más que nunca.
La corrida bancaria puede haber pasado, el problema, no. Si no se produce un cambio de política económica, tenderá a empeorar. El Gobierno del presidente Mauricio Macri viene disminuyendo su credibilidad, la pérdida de imagen sería lo de menos. Se sigue hablando de temas y, lo que es peor, operando con medidas que no abordan la profundidad del problema; por lo tanto, estamos como perro que se muerde la cola: estancados, pero no, porque nada es estático, por lo tanto, el problema se ensancha.
Habría que analizar si Argentina admite políticas graduales, que implican resultados muy lentos, y la necesidad de parte de la política de explicar con consistencia para lograr la paciencia social. Las políticas graduales requieren el consenso de grupos extragubernamentales. Se advierte, y más aun con la aceptación de la partida de Emilio Monzó, que el Gobierno del presidente Macri cree que puede solo. El drama principal que atraviesa el Gobierno nacional es la falta de política. Sin amplitud política es imposible lograr los cambios de fondo que Argentina necesita para acomodar este nuevo vuelco.
El Gobierno comenzó inicialmente con las altas tasas y las Lebacs, para secar el mercado por la alta emisión producida por el Gobierno anterior. El resultado fue que ingresaron en el actual Gobierno 120 mil millones de dólares, lo monetizaron —convirtieron en pesos—, es decir, emitieron y, como capital golondrina que es, desaparece cuando algo los inquieta en su carrera por lograr más y más ganancias. Existía un antídoto para que su vuelo repentino no produjera un daño mayor, un decreto que los regulaba desde la época de Lavagna-Kirchner. Macri redujo a 120 días lo que era una protección por 365 días, para que el ministro Nicolás Dujovne terminara eliminándola.
Los costos de cualquier acción y reacción están, alguien los paga, el tema es quién los paga. Hasta ahora no hay cambio alguno en los destinatarios, que son los más pobres, los más débiles, los más necesitados y los trabajadores. Si mi percepción es equivocada, pregunto: Por qué el día viernes a la mañana el ministro de Finanzas insistió con las metas del 15%? Dado que es imposible considerar que el ministro lo crea, en realidad termina siendo una señal sobre quiénes son sujeto del costo de estas políticas. Este altísimo costo financiero impacta de lleno en el sistema productivo, revienta literalmente nuestras economías regionales, resulta imposible pensar en proyecto de inversión productiva alguno con tasas al 40%, que llevan a empresarios o comerciantes pequeños endeudados a pagar tasas por descubierto a 7-14 días que superan el cien por ciento. Otro elemento dentro del paquete de medidas para bajar el déficit fiscal va en la misma dirección de lo recién señalado, es decir, el recorte a la obra pública por 30 mil millones de pesos impacta decididamente en el sector de changas o empleo de baja calificación.
La inflación por expectativas, una vieja y perniciosa compañera de los distintos gobiernos argentinos, produce, como ya está ocurriendo, que los productos se encarezcan. Me reconocía el vocero de la Federación de Supermercados que, si bien la caída en el consumo impacta en las ventas, hay un 5%-6% que los productos aumentarán más temprano que tarde, por el aumento del dólar y por el posible aumento de los combustibles. Los asalariados no tienen posibilidad de negociar una cláusula de ajuste salarial por inflación de expectativas, y muchísimo menos quienes están en negro.
Sería deseable que el presidente Macri admitiese esta situación y convocase a los dirigentes políticos de buena voluntad, que siempre los hay, para intercambiar experiencias y consensuar una posible política de Estado. Una conducta de esta naturaleza, lejos de debilitarlo, le acercaría credibilidad y fortaleza. El pragmatismo es uno de los condimentos esenciales de todo político, especialmente cuando, como hoy, tenemos una Argentina varada.
El Presidente se ha reunido con sus socios de la coalición Cambiemos. La gran pregunta cuya respuesta no se conoce es: Hasta dónde y de qué manera acompañará la UCR este camino con final hoy oscuro? También se ha visto en las horas críticas que ya no alcanza Lilita Carrió para frenar el descontento ni para calmar la angustia de muchos argentinos.
La CGT ha respondido rápidamente, no obstante su debilidad, ante la complejidad de la situación. El dinamismo de la política ha llevado a que dejasen diferencias de lado y coincidiesen en un accionar colectivo. No solo con la novedosa actuación escenificando la situación tarifaria con jóvenes actores frente al Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE), sino que, a hoy, el próximo 22 de agosto no habrá solo un secretario general, sino que se normalizaría bajo el formato de cuarteto. Parecen diluirse de esta manera las aspiraciones del sector conocido como "los gordos" de colocar a Héctor Daer como único secretario general. Insisto, esto es a hoy. Como también es a hoy la convicción que tiene la CGT con sus actuales autoridades de convocar a un paro nacional inmediato y sin movilización si el presidente Macri vetase el proyecto de reducción o cambio en la composición impositiva de las tarifas, que parece que encontrará la aprobación tanto en Diputados como en Senadores.
Mientras tanto, el 17 de mayo, asegura el interventor del PJ, Luis Barrionuevo, se normalizará en esa sede, a las 11 horas, las 62 Organizaciones Peronistas. Su idea es normalizarla en todo el país y que recuperen su actividad las cuatro ramas que la integran.
Las políticas económicas que no tienen en cuenta los costos sociales sencillamente son mala economía.
