El caso Maldonado descubrió el velo de la falta de reacción política de un gobierno que no captó, no dimensionó la importancia que sigue teniendo en la sociedad argentina la desaparición de personas
Al cierre de este artículo Santiago Maldonado sigue sin aparecer y eso debería ser el tema excluyente de los unos y los otros. Pasó un mes y ni señales. Pasará a la larga lista de lo por hacer luego del 22 de octubre?
El caso Maldonado descubrió el velo de la falta de reacción política de un gobierno que no captó, no dimensionó la importancia que sigue teniendo en la sociedad argentina la desaparición de personas. El clima electoral cambió. Se volvió sombrío, con aumento permanente de violencia cotidiana. El diálogo viene perdiendo ante la confrontación. Ignoro si este hecho trágico influirá en los resultados electorales. La sensación de esta cronista es que lo ocurrido reconcentra a los adeptos de uno y otro lado. También creo que a nadie le sobra nada. Ni a los vendedores de pasado ni a los compradores de futuro. Sí queda claro que el escenario se monta sobre una piel social muy castigada por los unos y por los otros.
En cuanto al tema disparador del conflicto presente en lo referido a la posesión de las tierras de la Araucanía en Argentina, y de vieja data en Chile, podríamos decir que en nuestro país comenzó en los noventa, con la venta de 900 mil hectáreas a Benetton. En el 2011, la presidente Cristina Kirchner impulsó y logró sancionar una ley que limita las posesiones de tierras rurales argentinas en manos extranjeras. Sólo en el caso de Benetton, de haberse aplicado la ley en su momento, se excedía en 90 mil hectáreas a las permitidas.
Esta ley de difícil aplicación fue disparador de uno de los primeros actos de gobierno del actual presidente Mauricio Macri, cuando vía decreto dio marcha atrás con el límite del 15% a la compra de tierras y a la restricción de un máximo de mil hectáreas por parte de extranjeros.
La grieta que ya se refleja en Argentina en el libro El Matadero, de Esteban Echeverría, en 1838, sigue siendo el negocio de los políticos mediocres: los unos y los otros. También la política del relato parece haber llegado para quedarse. No hay cambio.
El fútbol adelanta situaciones que la política debería evitar. Hay ambiente de barras beligerantes con el agregado de servicios al efecto de provocar. Ante esto hubiese deseado que mi Presidente, que suele visitar la casa de distintos ciudadanos, hubiese concurrido a lo de los Maldonado. También hubiese deseado que convocara a las oposiciones con un único objetivo: nunca más un desaparecido en Argentina. Es hora de que los gobiernos piensen en el país, no en sus conveniencias.
No soy ingenua, al kirchnerismo le conviene un presidente Macri que come helados exóticos mientras que una sociedad, muchos de sus votantes, pide saber qué pasó con Santiago Maldonado. No soy ingenua, al macrismo le conviene el odio explícito de un sector del kirchnerismo. Mientras tanto, el dolor de lo humano queda preso de la miopía política.
