El sindicalismo, especialmente en épocas complicadas para el peronismo, siempre adelantó sobre el reloj partidario
En la historia argentina contemporánea resulta muy difícil separar al peronismo de la CGT. La polarización que propuso el gobierno de Mauricio Macri, aceptada por la ex presidente Cristina Kirchner, tuvo su epílogo pos PASO en la movilización de la CGT de una semana atrás. Junto con el recuento de votos de la provincia preferida, continuaron los escarceos que marcaron que la estrategia política a octubre no ha de cambiar. En todo caso, para qué cambiar si al gobierno nacional no le fue mal? Logró un tercio de los votos a nivel nacional, un tercio del 70% de los votantes, y que la ex Presidente ganara por un hocico, dirían en el turf, sobre el 40% del padrón electoral argentino, la provincia de Buenos Aires. Ahora bien, si la sumatoria es el panperonismo, el resultado es 60 a 30. Si el Gobierno en octubre mantiene lo logrado en las PASO, se convertirá en la primera minoría parlamentaria. Por lo tanto, el Parlamento sigue siendo fundamental para la política de Cambiemos.
La actitud del presidente Macri de expulsar a tres funcionarios luego de la movilización cegetista, de los cuales sólo uno de ellos es reconocido con familiaridad en el sindicalismo, Luis Scervino, suena más a picardía política bien utilizada para acomodar situaciones internas que a un episodio aleccionador hacia el sindicalismo.
El sindicalismo, especialmente en épocas complicadas para el peronismo, siempre adelantó sobre el reloj partidario. Basta recordar la movilización realizada por Saúl Ubaldini contra el gobierno militar exigiendo la vuelta a la democracia.
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Perón los ordenaba, luego de él, todos se animaron. Dialoguistas y confrontacionistas existieron desde siempre. Recordar la CGT Azopardo y la CGT Brasil. Más recientemente, el MTA o la CGT Rosada. El martes pasado, Juan Carlos Schmid no estuvo acompañado en el palco por sus pares del triunvirato. Mostró sin tapujos representar no sólo a algunos grandes gremios, sino también a los sectores sociales más desguarnecidos. Y supo captar para su fortalecimiento a algunos dirigentes enrolados en sectores independientes, el más notorio, Andrés Rodríguez, de UPCN. Schmid cree que falta mucho para que llegue el 25 de septiembre, fecha reservada para el Comité Central Confederal. Confía en que cuando, en quince días, se reúna el Consejo Directivo de la CGT, el triunvirato decida llegar juntos al final del mandato. No obstante, afirma que su principal tarea es construir el escalón que permita confluir en un conductor único.
Las vicisitudes que protagoniza la CGT son el fiel reflejo del peronismo actual. Por un lado, Cristina Kirchner, con una porción de votos muy inferior a la que alguna vez cosechó, pero, a su vez, para el peronismo es imposible de soslayar. Por otro, los gobernadores peronistas que con sus resultados electorales se convierten en actores que buscan y aún no encuentran liderazgos nacionales. Y Sergio Massa, dentro de este sector denominado panperonismo, conserva el 15% de votos propios que, con su aliado De la Sota, llegó a casi el 22 por ciento. Indudablemente, junto a Margarita Stolbizer, a la hora de los votos no le rindió de la misma manera.
En Argentina existe una historia no escrita de acuerdos básicos sostenibles y duraderos sobre determinados temas entre la CGT y la UIA. Esto el presidente Macri debiese tenerlo en cuenta para encontrar la manera de encarar las políticas que desea concretar su gobierno. Mientras el Presidente intenta mostrar un sindicalismo que dé miedo a los votantes, Luis Acevedo, titular de la UIA, le dice que no siente miedo por el sindicalismo y que, en la agenda de las urgencias de la UIA, está aumentar la producción, lograr el aumento del consumo, que la inflación vaya a la baja. Habla de la necesidad de acuerdos tripartitos graduales y sobre el tema laboral hace hincapié en el ausentismo, que con un 10% no es manejable, y la litigiosidad laboral. Claramente, le sugiere al Presidente de los argentinos sumarse al pacto de las fuerzas del trabajo.
Consultados, ex ministros de Trabajo no creen que se toque la estructura del modelo sindical. Sostienen, en general, que los convenios colectivos ligados a inversiones pueden ser pasibles, como ya ocurrió con Vaca Muerta, de algunas modificaciones. Y tal vez lograr algunas bajas en las cargas sociales y algunas concesiones a la hora de los despidos, en un plan de empleo para jóvenes.
En la central fabril también existe el ala más dialoguista y la más confrontacionista. Pero ambos sectores se sorprenden ante conductas del Gobierno que cercenan avances que, de concretarse, resultarían positivos para captar inversiones. Por ejemplo, la suspensión de un importante encuentro en España que se hubiese realizado en septiembre.
Finalmente, quiero compartir la visión del filósofo Tomás Abraham sobre la actualidad argentina: "Estamos viviendo una etapa nueva y frágil, hay contradicciones y conflictos. Hay una nueva gente, nueva camada, nuevo partido, era metropolitano, hoy es nacional. Hay algo nuevo que surge de una desilusión a los estragos anteriores. Los grandes desafíos en Argentina están ahí. Si este nuevo gobierno va hacia una nueva alternativa, se verá. De todos modos, el fortalecimiento del gobierno en las PASO es una buena noticia. No soy optimista, estoy más tranquilo que antes. En Argentina no funciona el diálogo, sí el miedo. Hasta ahora teníamos un Macri que bailaba, ahora se puso malo, y eso gusta".
