En este 2017 la sensación es que la mayoría de los sectores políticos apuesta con más energía a que pierda el otro que a ganar, más allá del otro
La Argentina de las PASO contiene muchos interrogantes y un puñado de certezas irrefutables. El próximo lunes será el día en que los actores políticos venderán la porción de verdad que les asiste. En el caleidoscopio exponencial de divisiones políticas que hoy conforma nuestro país, todos pueden ser beneficiarios de logros, de acuerdo con el parámetro con que se midan.
Si el federalismo unitario mira los resultados de la provincia de Buenos Aires, el título puede ser, si las encuestas en esta oportunidad resultan confiables: "¡Ganó el pasado!". Si esto es así, bien puede el oficialismo decir, dado que se presenta con su marca competitiva en todo el país: "¡El cambio se impuso!".
En realidad, el domingo es sólo un tanteo de realidades. En algunos pocos lugares la interna permitirá concluir en la lista definitiva de candidatos con miras a octubre. Los posicionamientos logrados el domingo 13 permitirán ajustar los desaciertos o volverse conservador con la estrategia que funcionó bien.
La gran pregunta es: Qué puede pasar en octubre? Puede ocurrir que Cristina de Kirchner integre el Senado de la Nación y piense en emular a Juan D. Perón soñando con un tercer mandato. A la reconvertida ex Presidente, dueña absoluta de sus silencios, se le debe reconocer que tiene una enorme habilidad para metamorfosearse, en ese terreno le juega de igual a igual al consultor ecuatoriano. Cristina Kirchner, si gana en octubre por cuatro o cinco puntos, le traerá un dolor de cabeza al Gobierno y taponará por un tiempo no muy extenso la sucesión vacante del peronismo. Claro que para octubre aún falta mucho y nunca, que recuerde esta cronista, un gobierno dispuso de tres presupuestos.
Increíblemente, cuando Mauricio Macri obligó, amable pero sin opción de negativa, a Lilita Carrió a batallar en CABA, donde a hoy gana por escándalo, lo hizo para reafirmar el liderazgo de María Eugenia Vidal y a la vez no regalarle nada a una aliada complicada. Lilita igualmente será la más votada. Paradojas del mundo mezquino de la política ahorista.
Al senador Miguel Ángel Pichetto y a la liga de gobernadores no les cambia el rumbo el resultado que logre la ex Presidente, sólo lo entorpece algo en tiempo.
Existe mucha apatía en el electorado, a tal punto que los carteles políticos no son ultrajados ni pasible de escrito soeces; permanecen tristes como a la espera de que alguien los tenga en cuenta, aunque sea para romperlos.
En este 2017 la sensación es que la mayoría de los sectores políticos apuesta con más energía a que pierda el otro que a ganar, más allá del otro. Sergio Massa tiene mucho mejor equipo que posibilidades reales de dar el batacazo. A Florencio Randazzo la ex Presidente le caminó la iniciativa. Se conformaría con llegar al 10% de los votos.
Las provincias grandes son teloneras y pueden servir, si la pelea del fondo es mala, para que el público sienta que no perdió la plata. A propósito en Santa Fe, a hoy, todo indicaría que el frente del socialismo puede lograr dos diputados; Cambiemos, otros dos; el PJ, otros dos; el restante es una incógnita. En Santa Fe, al presidente de la Cámara de Diputados, Antonio Bonfatti, no le conviene que al gobernador Miguel Lifschitz le vaya muy bien, porque vendría inmediatamente el proyecto de reforma constitucional, lo que entorpecería las posibilidades de un segundo mandato.
Dentro de las verdades irrefutables que no cambiarán hasta que el convencimiento de los actores políticos derive en un acuerdo de voluntades, léase políticas de Estado, es que existen seis millones de personas que tienen problemas para comer en el país que genera alimentos para 600 millones. Una rareza de la segunda ciudad del país, Rosario: los concejales decidieron que los clientes de los restaurantes puedan exigir que les sea entregado el resto de los menús que no consumen. No habría resultado más útil para las panzas vacías de mucha gente que dichos alimentos, por ordenanza, lleguen a los hambreados?
Otra de las verdades que llegaron para quedarse es que el 47% de nuestros niños son pobres. Y si a esta cifra se la mide en forma multidimensional, como lo hace el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, es decir, a la medición de hambre se le agregan indicadores tales como: acceso a una salud buena, vivienda, educación posibilitadora, el resultado nos dice que el 59% de nuestra infancia es pobre.
No es necesario seguir preguntando por qué Argentina posee un 30% de pobreza estructural, la respuesta es una: largas décadas de mala praxis política. Hoy en todas las grandes ciudades existen barrios tomados por los narcos. En ellos viven familias honestas que saben que sus hijos son carne de cañón, pero si la escuela no socorre, el Estado queda muy lejos.
Recomiendo con vehemencia leer el libro Los Monos, de Germán de los Santos y Hernán Lascano. Destapa sin pudores cómo la política siempre, por acción u omisión, es responsable de los desmadres sociales. Dicen los colegas: "Las Flores era un gran baldío. Más allá de la avenida de Circunvalación, signo de frontera cultural más que urbana, las casas de material peladas se aprietan en callejones estrechos, bordeados de basurales donde la gente vivió mucho tiempo, literalmente, entre el humo y la mierda".
