Esa sumisión del radicalismo a los deseos del PRO no les dio mal resultado, más allá de algunas legítimas quejas de algunos radicales que no admiten el todo vale
La política argentina viene trastabillando desde hace un par de años. Lamentablemente no hay piso para la caída, siempre se puede descender un poco más.
Después del 2001 la legendaria Unión Cívica Radical se desgajó y aceptó, cual manotazo político, no perder al menos el negocio de la subsistencia. Primero, llevando a extrapartidarios. Luego, sencillamente rentando sus estructuras. Así encontraron en Mauricio Macri a alguien que con sinceridad les dijo, al día siguiente de Gualeguaychú: "No son mis socios políticos, a lo sumo integrarán una coalición legislativa".
Pensaron entonces los herederos de Yrigoyen que el ofrecimiento a como dé lugar era mejor que nada, y aceptaron. Lilita Carrió, por su parte, aceptó rentarle (a Cambiemos) su prestigio de honesta, como Margarita Stolbizer hizo lo propio con Sergio Massa. Esa sumisión del radicalismo a los deseos del PRO no les dio mal resultado, más allá de algunas legítimas quejas de algunos radicales que no admiten el todo vale. Sólo basta ver cómo hasta este momento vienen cerrando las listas de candidatos a diputados nacionales. Ya en nueve provincias encabezan la lista de Cambiemos. En la provincia de Santa Fe sería por partida doble.
El peronismo apropiado por los Kirchner terminó embargado, quebrado; para ser justos este proceso de descomposición ideológica la protagonizó inicialmente el menemismo.
Mauricio Macri, con la mezquindad de la vieja política, devaluó a Sergio Massa —él también aportó lo suyo— y eligió lo peor para contrastar confrontando: Cristina Fernández de Kirchner. En realidad las necesidades de ambos, Macri y Cristina Kirchner, aparecen bien explícitas. Hace un par de meses desde este espacio de análisis manifesté que Cristina Kirchner debía salvar el reducido espacio político de su hijo Máximo: La Cámpora. Sin su fogoneo, apagaría el último reducto al que quedó subsumida la construcción kirchnerista de 12 años. Es más, tal vez su único heredero sea quien termine apareciendo en la puja bonaerense. No sería de extrañar que el nombre de Cristina mute al de Máximo.
Cristina Kirchner tiene mucho más que explicar en el vecindario de Comodoro Py que a las bases de sus seguidores. Lo cierto es que, sin Mauricio Macri, hoy no seguiría con el caudal de votos que dicen que tiene. Macri es responsable doblemente de la pervivencia de la ex Presidente. Su incapacidad para conducir la economía a buen puerto generando trabajo y vida digna aupó a un pasado que más temprano que tarde debiese ser un mal recuerdo. Y, en segundo lugar, por elegir mirarse en el peor espejo.
La presentación de Cristina Kirchner, si finalmente se da, es absolutamente funcional a un gobierno que no supo mostrar el cambio hacia lo nuevo. Macri se esmeró en la apertura de Argentina al mundo, pero allí no hay caudal de votos.
La nueva política de los unos, los otros y los demás está mostrando sólo fracaso. Dos grandes ejemplos: Estados Unidos con Donald Trump, Francia con Emmanuel Macron. Resulta desalentadora la recurrencia a incorporar en las listas electorales a víctimas de enfermedades o de la violencia callejera. Se especula que esta triste notoriedad traccione votos. Se argumenta que se debe escuchar la demanda social. Y creen los armadores de las listas que hay que darles participación política.
Entiendo que lo que la sociedad desea es que la política le resuelva sus problemas, no ser cooptada, para evitar escucharla en la calle. Se debiese recordar lo que sucedió cuando un padre dolorido por el secuestro y el asesinato de su hijo, Juan Carlos Blumberg, redactó un paquete de leyes sobre seguridad y Néstor Kirchner decidió que la votasen sin objeción. Los resultados no fueron los mejores para nadie.
También se ve con fruición cómo diputados nacionales o concejales o senadores con mandato a medio cumplir dejan sus funciones para intentar cubrir otros espacios. En la camiseta tienen grabado el 10 para el gol y en las manos, el guante de arquero. Esto indica la gran debilidad o la mezquindad de las construcciones políticas.
Resulta increíble ver afiches de candidatos postulándose, ahorrando definición de pertenencia, porque en realidad lo que buscan es llegar. Desilusiona escuchar sus apetencias monosilábicas: "Quiero ser concejal", "quiero ser diputado"; enmarcando así el principio y el fin de su proyecto. No se les escucha un para qué colectivo.
En Santa Fe, la novedad pasa por la decisión del triunviro cegetista Juan Carlos Schmid de encabezar una lista a diputado nacional. Su para qué parece traspasar la frontera corta del ego. Dice: "El peronismo santafesino está acéfalo y roto. Quiero encabezar su reconstrucción. Nuestro proyecto vino para quedarse aún más allá del 2019".
A propósito de Santa Fe, el socialismo encabeza su lista de diputados con el ministro de la Producción Luis Contigiani, un radical alfonsinista. Es la mejor opción ante la deserción del ex gobernador Antonio Bonfatti, quien parece decidido a quedarse a custodiar de cerca el territorio, para que no lo sorprenda la reforma constitucional que ambiciona Miguel Lifschitz y, con ella, la posibilidad de su reelección como gobernador. En cuanto a Cambiemos, sorprendió que el lugar casi seguro destinado para el actual diputado Barletta sea ocupado por otro radical Albor Cantard. Todo indica que el actual presidente de UCR, intendente de Santa Fe, José Corral, va eliminando de esta manera posible competidores para el 2019.
No obstante, el radical Jorge Boasso, desoyendo los pedidos de unidad, competirá. Los grandes traccionadores de votos para esta fuerza de hace dos años se encuentran abocados a otros enceres: Miguel del Sel, recorriendo escenarios y Carlos Reutemann, ocupado más en su estado de salud que en la política. Otro hombre que supo tener muchos votos en la elección pasada, Omar Perotti, decidió no intervenir ni conducir el peronismo del 2017. Así, ese escenario quedó dividido en tres.
Por su lado, la izquierda apuesta a un banca nacional para el actual diputado provincial Carlos del Frade.
