La grieta que produce el fallo de la Corte Suprema de Justicia (María Herminia p/Infobae)

Lo certero es que la inmensa mayoría de los ciudadanos argentinos coinciden en lo mismo: los genocidas juzgados deben estar en la cárcel cumpliendo la condena que la Justicia les impartió

Desde la larga historia del derecho, dicen los entendidos, los fallos tienen en cuenta el estricto ámbito judicial o el estricto ámbito social. Como en todos los casos, y el 2×1 parece no ser la excepción, hay una biblioteca divida para los dos gustos. Recuerda el doctor Ricardo Monner Sans que desde sus épocas de estudiante indistintamente se utilizó uno u otro criterio; por ejemplo, en el primer gobierno de Perón se tuvo en cuenta el alcance social con el congelamiento de la ley de alquileres, contradiciendo el artículo 17 de la Constitución Nacional. El constitucionalista Gregorio Badeni me dijo: "El fallo es a ley, aunque no me agrade". La pregunta sería cuál es la ley, quién la hizo y en qué consiste, ya que su cumplimiento genera todos los repudios y a la vez esclaviza.

No obstante, la gran pregunta es por qué este expediente se puso a consideración en este momento. A su vez, lo certero es que la inmensa mayoría de los ciudadanos argentinos coinciden en lo mismo: los genocidas juzgados deben estar en la cárcel cumpliendo la condena que la Justicia les impartió. Lo producido en este fallo de la Corte con votación tres a dos crea una grieta donde no lo había. No es de extrañar para nada que en las movilizaciones que se realicen a lo largo y ancho del país confluyan quienes votaron a este gobierno y quienes no lo hicieron. La reconciliación es un proceso que puede o no darse como resultado del diálogo. El diálogo no es sólo escuchar al otro sino tolerarlo. Lo que nunca podrá dar resultado es una reconciliación impuesta por ley.

Probablemente esa coincidencia mayoritaria a la que hacía referencia anteriormente se debe al horror que pudimos conocer gracias al Juicio a las Juntas. Ahí, en nombre del Estado, es decir de todos nosotros, se escuchó sobre la violación sistemática, la tortura, la apropiación de los recién nacidos en cautiverio, la desaparición de personas. Fue la brutalidad de lo conocido por quienes, primero, se apropiaron de la democracia argentina para luego adueñarse de la vida, de las pertenencias y de los hijos de quienes atrapaban. Todo desde el Estado. En el mundo se le reconoce al Juicio a las Juntas un valor adicional, y es que los genocidas fueron juzgados a través de las leyes existentes. Argentina adhiere a muchos tratados internacionales, entre ellos al Tratado de Roma. En él queda claro que los delitos de lesa humanidad no pueden ser ni indultados, ni amnistiados, ni conmutados. En definitiva, los crímenes de lesa humanidad no deben ser juzgados con la misma vara que el delito común.

Otras de las preguntas con dudosa respuesta es si el gobierno nacional tuvo o no que ver con el tratamiento de este tema. Hay elementos como para pensar que sí como para pensar que no. Lo que sí queda claro es que pasaron 120 horas hasta que algunas voces con peso del oficialismo se refiriesen a lo que hoy es cosa juzgada.

El doctor Ricardo Alfonsín mencionó dos conceptos de importancia cuando dijo: "Este fallo nunca será oportuno, nunca será necesario y claramente es equivocado". Por otra parte, remarcó la gravedad de las declaraciones del ministro de Cultura Pablo Avelluto cuando dijo: "Nosotros no cargamos con la mochila de la dictadura". Debiese recordar el ministro que los pueblos que viven el horror de los crímenes de lesa humanidad cargan sobre sus espaldas, generación tras generación, el recuerdo del horror para evitar que se repita.

Mientras tanto, se acercan las definiciones de este año electoral donde lo que cotiza como nunca es el envase y no el contenido, a la caza de un voto. Olvidémonos los medios de convocar a debates, porque no habrá posibilidad alguna de discutir ideas que delaten una ideología. Como nunca en estas elecciones veremos a "profesionales" de la política que en nombre de la carrera y los cargos no discutirán ideas. Se observan carteles que sólo dicen "Juan 2017", "María 2017". Es tal la necesidad de encontrar un roto para un descosido que ni siquiera se animan a colocar en letra pequeña en sus carteles una sigla tan abarcadora como hoy es PJ, UCR, PRO, o Cambiemos, renovadores.

Lamentablemente no sólo Elena de Nolasco puede cambiar de parecer en sus fallos. De quienes estamos votando en la República Argentina, devenidos de targets de famosos, ricos o conocidos, no esperemos que nos resuelvan la grieta, la inflación, la desocupación, la inseguridad, la pobreza.

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