Sindicalismo, paros, corrupción y grietas más profundas(María Herminia p/Infobaee)

Pareciese que el presidente Macri, encuesta en mano sobre el bajo enamoramiento que la sociedad tiene con el sindicalismo, estaría pensando en reeditar una especie de ley Mucci

Jorge Asís, quien desafía a la emergencia intelectual argentina aportando lucidez, aconseja al Gobierno de Cambiemos, con el énfasis de una caricia, que, ante la existencia de dos Argentinas irreconciliables, disponga la creación de dos nuevas embajadas. La idea no es mala, dado que una vez más la Argentina de las paralelas necesita quienes las intercepten, las acerquen y las amiguen. Claro que eso es tarea para el presidente Mauricio Macri, no sólo porque es el conductor político más importante que tiene el país, sino y principalmente porque fue parte de sus promesas electorales. Promesas a las que adhirió mayoritariamente la gente con su voto en el 2015. En esto es donde se evidencia si hay o no voluntad de diálogo. No hay unidad nacional sin diálogo. El diálogo no es sólo escuchar al otro sino tolerarlo.

Se avecinan grietas más profundas. Si sus gobiernos y las sociedades no reaccionan a tiempo, pondrán al mundo ante la paradoja de lo humano y lo inhumano una vez más. Algunos científicos diseñan una futura civilización de embriones perfectos; mientras tanto el hambre, la crueldad y la pobreza siguen siendo motivo de debate y pocas soluciones. Esto viene a cuento por lo manifestado por Henry Greely, profesor de genética de Stanford University, quien dijo: "En 20 o 40 años estimo que la mayoría de las personas en países desarrollados o con buenos sistemas de salud dejarán de tener sexo para procrear".

Expertos llaman a regular estas tecnologías. Hoy vivimos en un mundo en donde no se han resuelto aún los derechos humanos esenciales. Estamos asistiendo a la quebradura expuesta de la inequidad social. Para muestra sirve este dato: el PBI global se cuadruplicó, pero los ingresos de las clases trabajadoras colapsaron. Este detalle no menor debiese hacer reflexionar a la Argentina, que se ha vuelto totalmente refractaria a la acción sindical, sin analizar que, de a poco, si los resortes institucionales no actúan y el gremialismo sindical y empresarial no hace lo suyo, regresaremos a etapas superadas en el siglo XX.

Si el presidente Macri tiene en su poder los datos de la corrupción sindical, los debe presentar a la Justicia. Seguramente por pertenecer al mundo empresarial también conocerá a los corruptores de ese sector. Las mafias no se enquistan en forma aislada, buscan protección. La política también las tiene enquistadas.

El Gobierno de Cambiemos que supo reemplazar movilización callejera por timbreo domiciliario después del 1º de abril sintió a tal punto su pertenencia al palpitar de las concentraciones masivas que el presidente Macri en declaraciones a medios alemanes utilizó el plural de la tercera persona al decir "somos una mayoría que salió a la calle ".

Desde este espacio se vienen mencionando dos temas. Uno, que las sociedades están enviando mensajes que la política no está entendiendo y lo segundo es que existe un manual sobre reiteración de errores políticos. Pareciese que el presidente Macri, encuesta en mano sobre el bajo enamoramiento que la sociedad tiene con el sindicalismo, estaría pensando en reeditar una especie de ley Mucci. (El 21 de diciembre de 1983 Raúl Alfonsín, a 11 días de la asunción presidencial, con absoluta fortaleza política envió al Congreso un proyecto de ley de reordenamiento sindical. Fue el primer error político que le trajo como consecuencia muchos dolores de cabeza a su Gobierno y la pérdida de su primer ministro de Trabajo a menos de un año de su asunción, al perder la votación en el Senado).

Pareciese que el presidente Macri de hoy, no aquel inaugural del 2015 en apariencia más naíf, pretende rendiciones incondicionales. A la lista de insurrectos (Isela Costantini, Alfonso Prat-Gay, Carlos Melconian, Carlos Regazzoni) se debe agregar a Martín Lousteau. El Presidente no tolera la democracia interna. Adhiere a las PASO sí y sólo sí el resultado es predecible. No existe ningún argumento para impedirle al ex embajador en Estados Unidos que compita. El 27 y 28 de abril Macri se encontrará con el presidente Donald Trump, quien aún no ha designado embajador de su país en Argentina y el argentino en el suyo está renunciado.

Cuál será la actitud con el radicalismo cuando se entere de que su presidente (José Corral) no encabezará la lista de diputados nacionales en la provincia de Santa Fe? Y además, que la UCR santafesina pretende encabezar la lista con Mario Barletta o Jorge Boasso, relegando a segundo término a su hombre en la provincia, Luciano Laspina.

El Presidente ignoró la contundencia del primer paro nacional realizado por la CGT el jueves pasado diciendo "aquí se trabajó". Si la intención del Gobierno, como lo hiciera el ex presidente Carlos Menem en su momento, es dividir al movimiento obrero, la ley Mucci o su homónima hoy no es el camino, dado que todo ataque sectorial tendrá como respuesta el fortalecimiento de la unidad. El sindicalismo, por su parte, debiese analizar entre otras cosas dos temas: por un lado, los sectores de izquierda y los movimientos sociales que cobran notoriedad con la estructura de la CGT y esta se lleva los dolores de cabeza. A propósito, el Presidente aquí también cuenta con aliados voluntarios e involuntarios a la hora de dividir las aguas. Los piquetes, al igual que Hebe de Bonafini, son funcionales al Gobierno, dado que con su accionar desvían la atención de los temas principales.

La CGT tiene claro que el presidente Macri fue elegido hasta el 10 de diciembre de 2019. Lo que reclama son correcciones económicas para evitar más desempleo y pobreza. Sobre este aspecto deberá evaluar la CGT cómo llegar de otra manera con sus razones a la sociedad. Debiese encontrar cómo protagonizar otras iniciativas que demuestren la razonabilidad de sus pedidos. Por ejemplo, Agustín Amicone me decía días atrás que en el año 2008 se produjo el mayor ingreso de calzado importado, 31 millones de pares. Pero en aquel momento, con un mercado interno activo pudieron convivir sin perder puestos de trabajo lo nacional con el cupo importado. Tal vez debates con pymes, economistas, en donde se exteriorice la realidad sectorial resultarían esclarecedores.

Ezequiel Martínez Estrada decía que uno de los ejes del proceso histórico argentino es la compulsión a la repetición, no generamos experiencia. Como dice Pedro Luis Barcia evocando a los jesuitas: ellos para cada problema tenían un proyecto. Y nosotros?

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