Lo que esta semana se dirime son concepciones sobre el buen funcionamiento de un país
Esta semana de marzo en varios aspectos inaugura perfiles de un país distinto. Muchos de ellos frustrados, como por ejemplo el inicio del ciclo lectivo. Se diría que la radiografía hoy muestra una Argentina de paralelas sin intersección. La gran pregunta es quién se anima a la intersección. No falta diálogo, faltan acuerdos. Estos siempre surgen luego de intensas negociaciones donde las partes algo ceden. Otro condimento no menor de una Argentina en paralelas son los tiempos. Para algunos conjugar en futuro es posible. Para otros, si no se resuelve el hoy, no hay futuro.
Yendo a los posicionamientos que de alguna manera determinan casi una ideología, encontramos que el Gobierno del presidente Mauricio Macri reconoce en el accionar de Federico Sturzenegger, presidente del Banco Central pero determinante a la hora del rumbo económico, el camino a recorrer. Sturzenegger, manteniendo las tasas de interés al 22,75%, apuesta a la bicicleta financiera. Dólares financieros que, como todos sabemos, realizan sus negocios y se marchan. Nada se puede esperar de allí. El ex ministro Roberto Lavagna en su oportunidad había determinado que estos capitales golondrinas debían pernoctar un año para luego retirar los dividendos. Lamentablemente esa política desapareció.
Otro de los ejes sobre los que pivotea la política económica del Gobierno tiene que ver con las inversiones. Según el doctor Guillermo Nielsen, el problema por el cual no aparecen tiene que ver con que Argentina no es apegada al mantenimiento de las reglas de juego acordadas, es decir, a la seguridad jurídica. A propósito de Nielsen, me decía que le preocupan, mucho más que el dólar planchado, el endeudamiento y el déficit fiscal; habla de un endeudamiento de 60 mil millones de dólares. A su vez, reconoce que hay una reactivación y aquí, dado el planteo del economista, viene lo que decíamos antes: habrá quienes puedan esperar que los brotes verdes se conviertan en árbol, mientras que otros los necesitan en sus bolsillos y estos no aparecen.
Lo que esta semana —despejando el sujeto del predicado— se dirime son concepciones sobre el buen funcionamiento de un país. Desde el lado de la CGT que moviliza en forma contundente, se cree en el círculo virtuoso de la economía, aquel que se integra por producción, que genera trabajo, trabajo que implica consumo, consumo que atrae inversiones. Podríamos decir entonces que hoy lo que se discute es bicicleta financiera contra producción. Un ejemplo claro se evidencia en Mefro Wheels. Esta única fábrica de llantas alemana en el país que ha decidido dejar de producir en Argentina y exportarle su producido desde Alemania. Exportándonos también el trabajo alemán. El Gobierno, representado por su ministro de la Producción, Francisco Cabrera, deja que el mercado resuelva y cree que es un problema entre privados. Esa es su concepción de la política económica donde el Gobierno lo mira desde afuera. Podríamos mencionar lo mismo para calzado, textiles, automotrices. En definitiva, lo que aparece es cómo se hace el país que se quiere.
Vayamos al otro gran tema: la educación. Aquí también se evidencia un posicionamiento político entre los que, a través de la educación pública, tienen la única oportunidad de enfrentar en la era del conocimiento futuras chances laborales y quienes no. Mantener competitiva la escuela pública es sostener políticamente una clase media ampliada. De lo contrario, el país de las oportunidades queda sólo para un sector con cada vez mayor concentración económica y, por lo tanto, posibilitador de educación a través de colegios pagos; y no para quienes envían a sus hijos a una escuela pública que muchas veces oficia más de guardería, con derecho a algún mate cocido y un bollito de pan, lejos de ser verdaderos centros de enseñanza para que estos niños se desarrollen incluidos en el futuro.
Es verdad que hay responsabilidad docente cuando a la hora de discutir por qué hay tres docentes por cargo miran para otro lado y siempre terminan negociando esta situación, comodidad laboral que no tiene el resto de los trabajadores. Pero esto no los convierte en los responsables del no inicio de clases. La responsabilidad de ello recae lisa y llanamente en el Gobierno central, con responsabilidades de los gobiernos federales. Que como vengo diciendo, poco tienen de federales, dado que temen (de asomarse) la sanción económica del Gobierno central. En el pasamano del "Yo, señor, no, señor" debe atenderse que un docente con 9 mil pesos iniciales representa en la Argentina de hoy, según la canasta familiar del Instituto Nacional de Estadística y Censos (13.324 pesos), educadores por debajo de la línea de pobreza.
Cuando se escucha decir "No hay plata", se debería agregar: "De acuerdo con nuestras prioridades". La educación es una emergencia al igual que la desnutrición infantil. Diríamos que la educación es el correlato de la desnutrición infantil. Si coincidimos en que debemos proteger el intelecto de un niño nutriéndolo, debemos también arbitrar todo lo necesario para presupuestar calidad educativa pública superior para evitarle el camino que lo conduzca a ser un paria laboral. La emergencia nutricional no sirve sin su correlato educativo.
En este año electoral alguien planteará la intersección?
