Segundo cambio en el equipo de Macri (María Herminia p/Infoabe)

El alejamiento de Prat-Gay es el reflejo del fracaso de la política económica del Gobierno

Todo indicaría que el presidente Mauricio Macri decidió comenzar el 2017 estrenando su propio traje político. Su ropaje inicial contenía algunas prendas producto de alianzas inaugurales. El 2016 concluye, al menos a hoy, con alteraciones en su gabinete inicial. El equipo con el que arribó a la Casa Rosada el 10 de diciembre de 2015 sufrió dos alteraciones: primero, la presidente de Aerolíneas Argentinas, Isela Costantini, y luego, el ministro de Hacienda y Finanzas Públicas, Alfonso Prat-Gay. Con respecto a la primera baja, fuentes fidedignas recuerdan una carta que aún conserva el secretario general de uno de los gremios aeronáuticos. En ella, la ex titular de Aerolíneas Argentinas mencionaba que no dudaría en alejarse de la responsabilidad asumida el día que alguna política del Gobierno fuese a contramano de los intereses de la empresa estatal aérea. Hoy Costantini tendría que concurrir a la audiencia abierta en la cual debía aceptar la presencia de empresas extranjeras aéreas compitiendo por los tramos más importantes con la línea de bandera nacional.

El ex ministro Prat-Gay era partidario de políticas activas para promover el consumo. Pero tenía a su cargo la conducción de un espacio con dos veedores con respaldo político del Presidente: Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, dos ministros en la sombra. Esta injerencia se extiende a todas las áreas gubernamentales, también en Aerolíneas Argentinas.

Vale para Prat-Gay la anécdota que protagonizaran el ex jefe de gabinete Alberto Fernández y el ex ministro de Economía Roberto Lavagna cuando este último se mostraba reticente en la continuidad en el cargo. El doctor Lavagna exigió una sola condición para aceptar: concentrar en él la conducción económica. Lo justificó diciendo: "No es justo que uno junte la plata y seis o siete la gasten".

El alejamiento de Prat-Gay es el reflejo del fracaso de la política económica del Gobierno. Las metas anunciadas por el Presidente y el ex ministro no se cumplieron: lejos de reducir la inflación, se incrementó; lejos de bajar el déficit fiscal, aumentó; lo mismo vale para la pobreza, el desempleo. A su vez, enero no se tomará vacaciones, con un 8% de aumento en las naftas y un 6% en las prepagas.

Con respecto a la división del Ministerio de Economía, si bien desde el punto de vista del gasto este no debería incrementase, lo cierto es que hoy el Presidente cuenta con 23 ministerios. Este engrosamiento de las áreas ministeriales, como toda división, únicamente permite que uno solo reine: Macri. Esto va a contramano de la necesidad real que tiene el Gobierno desde su minoría legislativa de lograr consenso.

Finalizando el primer año del Gobierno nacional, podemos decir que hubo un triunfo obligado de la política sobre la economía. Esta obligación surge de la necesidad misma que ha tenido el Presidente de ceder para evitar grandes naufragios. Un ejemplo claro de ello es la sanción final del mal llamado impuesto a las ganancias, dado que lo que se gravan son los ingresos. Macri, antes de pensar en acordar, pensó en vetar. Luego, su pragmatismo profesional lo llevó a negociar. Aquí dos observaciones: el Gobierno le debe mucho en cuanto a tranquilidad social a la CGT. Tal vez por ello el Presidente los convocó a brindar días atrás con motivo de las fiestas navideñas y fin de año, luego de sancionada la ley.

Lo segundo es que queda pendiente, en realidad muy pendiente, el impuesto a las grandes ganancias. La paz social no tendrá bases de permanencia mientras la concentración económica de los que todo acaparan saquee a los que van quedando sin nada. Habrá que ver si este cambio de manos en Hacienda profundiza una línea cuya base ideológica tiene como objetivo el achicamiento interno y el endeudamiento externo.

El flamante ministro de Hacienda Nicolás Dujovne, el 29 de noviembre, señalaba a la prensa, por ejemplo: "El deterioro fiscal de los últimos meses es el resultado de pequeñas concesiones otorgadas a las provincias, algunos sectores productivos, a los sindicatos y a los movimientos sociales; pero aun así el Gobierno no pudo aprobar en el Senado ni la reforma política ni la modificación de la ley de accidentes de trabajo". Otro párrafo a tener en cuenta: "Si la sequía de fondos externos se prolongase, si lo quisiera, el Gobierno podría recurrir al FMI. Un programa en el que el fondo desembolsaría 25 mil millones de dólares sería fácilmente obtenible y las condiciones que impondría el organismo internacional serían pasablemente laxas para el Gobierno".

Debo recordar que el FMI, en las conclusiones que dejó luego de la auditoría de las cuentas argentinas, sugirió una reforma para elevar la edad jubilatoria de las mujeres a los 65 años. Hoy, para mantener el actual empleo, el Gobierno necesita crear 200 mil puestos de trabajo. Si el nuevo ministro entiende que este punto, entre otros, es laxo, los 30 mil millones destinados a la emergencia social resultarán muy escasos.

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