Según distintos informes oficiales: Unión Industrial Argentina, Cámara de la Industria del Acero, Cámara Argentina de la Construcción, el segundo semestre comenzó con retracciones. En el caso de la producción fabril, junio 2015 a junio 2016, fue del 5,4 por ciento. La merma en la producción siderúrgica en igual período descendió en un 16,2 por ciento. El poder de compra en igual segmento disminuyó en un 11,5 por ciento. El empleo formal en la industria de la construcción cayó 11,9% interanual a abril último, el registro más bajo para ese mes en los últimos nueve años.
Señalamos estos indicadores por la enorme importancia que tienen estos sectores a la hora de generar producción y trabajo. Los salarios paritarios quedaron un 15% detrás de la inflación, dado que esta alcanzó un 45% y los aumentos salariales promedio fueron del 30 por ciento. Si ocurre con el trabajo tutelado, imaginemos la situación del trabajo informal.
En este contexto, el Gobierno de Mauricio Macri con su tarifazo pega con contundencia al núcleo de la clase media que lo votó. Muchos de estos votantes lo hicieron por convicción, otros, por imperio del ballotage. Lo cierto es que en esa opción se expresaba la imperiosa necesidad de salir del caos producido por el Gobierno anterior, no de aumentarlo. Es evidente que esta administración, como sucedió con otras, tiene conflicto con los niveles medios de la sociedad, dado que con los sectores más bajos acuerda acciones en común, por ejemplo, la ministra Carolina Stanley con Emilio Pérsico. El tema no es la actualización tarifaria y mucho menos su comunicación. El rechazo y la molestia surgen por el impedimento de pagar de acuerdo con el modo que impone el Gobierno. El empobrecimiento explícito, la corrupción obscena y asqueante generada por su predecesor no justifican ni liberan al presidente Macri de su responsabilidad política. Tiene mucha razón Gerónimo Venegas al decir que, cuando en la gestión anterior la inflación era del 3% anual, no se quiso actualizar tarifas para facilitar los negociados como, por ejemplo, los barcos de combustible importado. También es cierto que si bien hay otros caminos, el presidente Macri eligió el más cruento para los bolsillos de aquellos que, aun queriendo, no lo pueden pagar.
La destrucción sistemática de los distintos resortes del Estado puestos al servicio de la corrupción dejó al país barranca abajo. Aunque es cierto que siete meses es poco a la hora de evaluar una gestión gubernamental, también lo es (de acuerdo con la consigna del Presidente: "Sí, se puede") que, cuando hay un plan, se logran buenos resultados, por ejemplo, la salida del cepo. Macri demuestra una enorme falta de reacción política cuando, ante el primer cacerolazo, manda a su gente al timbreo. Un candidato puede timbrear, un presidente debe gobernar. A la hora de equilibrar sacrificios, no resulta claro justificar el porqué de 2.500 millones pesos destinados a Fútbol para Todos. Esto muestra, en todo caso, a un gobierno que falla en los criterios políticos con errores muy visibles.
También es cierto que la saga de bolsos, monjas, conventos, cajas de seguridad y su transmisión mediática en directo ya genera aburrimiento, como dice Jorge Asís. Este recurso está empezando a tocar fondo si lo que hay para mostrar es a la cocinera de Julio de Vido y sus autos importados.
Si el Gobierno no produce cambios sustanciales en su accionar, el conflicto social se vuelve inevitable. Además, el movimiento obrero tiene una cita el 22 de agosto próximo para su unidad. Los entendidos en la materia saben que pronosticar hoy llevaría a cometer errores, porque todo dependerá de lo que ocurra cerca de esa fecha, de "la magnitud de los vientos". Si bien los protagonistas juran que en la mesa de diálogo abiertamente aún no se habló, lo cierto es que el sector de Hugo Moyano que impulsa a Juan Carlos Schmid como titular de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) propone un triunvirato y habla de un paro general. Los grandes gremios se inclinan por un sólo secretario general. Ante estos dos posicionamientos, Gerónimo Venegas se propone como prenda de unidad. Consultado el titular de la Federación de la Sanidad, Carlos West Ocampo, cree que la Confederación General del Trabajo (CGT) debería mostrar un sólo perfil para representar a los trabajadores, enfrentar el conflicto social y tener voz con peso ante los empresarios y el Gobierno. "Es preferible siempre una conducción firme, independiente y no un triunvirato. Es un momento difícil, la situación económica y política lo son, el peronismo está sin liderazgo confiable y el Gobierno muestra falencias visibles".
Si bien la normalización tiene que ver con los tres sectores de los gremios representados en las CGT, algunos temen que las centrales de trabajadores de Argentina (CTA) terminen conduciéndola.
