Argentina galopa sobre distintos niveles de obscenidades, así como también diversos estratos de irresponsabilidades políticas y /o dirigenciales. Por lo tanto nada falta, ningún ingrediente escasea a la hora de preparar una rica Concertación. Sólo es necesaria, y no menor, la decisión política del gobierno del ingeniero Macri.
Hay corrupción estructural explícita. Hay pobreza estructural evidente más la conseguida en los últimos meses. Hay un grupo importante numéricamente hablando de sectores medios que se caen a la pobreza y nadie para socorrerlos. Hay narcotraficantes que van ascendiendo social y geográficamente. Las inversiones productivas transmutaron en inversiones financieras especulativas. La inflación sigue alta, al igual que el déficit y la tasa de interés, el dólar atrasado tampoco ayuda y nadie guarda muchas expectativas sobre las bondades del blanqueo. Mientras tanto como venimos diciendo hace tiempo, el capital criollo no termina de confiar en Macri, mil millones de dólares se fugan por mes. Ante este panorama la tentación política de financiar al modelo con endeudamiento puede ser el peor remedio. Ya hoy el 26,4% del gasto público es por deuda.
Ahora bien, existe como elemento positivo a evaluar por Macri "la oportunidad del momento". La principal oposición destiñe descrédito, especialmente desde que un tal Jesús, llamó al 911. (Argentina no se priva de nada, ¡tiene Papa y Jesús marca el camino!). El peronismo también está atravesado por su propia grieta: los que nunca comulgaron con el kirchnerismo y los que apostaron a él y hoy temen ser devorados por el fuego corrupto.
Otro elemento no menor que hace de éste, el momento de la oportunidad para concertar, es que lo expresado hasta aquí como modelo económico no cierra. Seguramente los gremios querrán recuperar en el salario la inflación reinante. Los empresarios siempre adelantados, aplicarán otra vez, la inflación de expectativas. Los bancos también. Y muchísimos argentinos nuevamente desnudos y a la intemperie.
El presidente Macri tiene la oportunidad histórica de sorprendernos a todos este 9 de Julio convocando a los actores imprescindibles para el diálogo de la reconstrucción social, moral y económica. Hace 200 años en un hogar tucumano los representantes imprescindibles del pueblo acordaron los esfuerzos comunes que realizarían para construir una Nación, la nuestra. Argentina tuvo hombres y mujeres probos y de los otros también a lo largo de su historia. Si bien existen ejemplos en el mundo que demuestran que no hay piso para la decadencia; también es cierto que tenemos una historia donde la firmeza en la concertación o confluencia de intereses, marcó un rumbo de país vivible para ciudadanos de bien. Ayer como hoy acechaban grandes peligros para la nueva Argentina.
Hoy la corrupción aró en suelo argentino el surco de muerte e injusticia prohijando pobreza, marginalidad y exclusión. Es realmente el tiempo de producir una nueva independencia para rescatar a la vida a millones de personas, argentinos que no son libres. No es libre una persona que no tiene trabajo. No es libre una persona que lo tiene pero es pobre. No es libre una persona que no puede darle de comer a sus hijos, reconozcamos que existen muchos casos en donde la ingesta no nutre. No se es libre, cuando las tarifas de luz y gas con lo que otros se enriquecieron, pueden llevar a la calle a una familia.
La Iglesia ha hecho punta con un documento llamado "La hora de la Patria" acercando a quien la quiera oír, una propuesta sintetizada en diez puntos de coincidencias. Ahora bien es necesario que volvamos a tener patriotas. Una vez más insisto en la necesidad de curar a nuestra herida democracia. Su salud tiene que ver con la absoluta división de los Poderes. Pero de los tres, la columna vertebral de la República es la Justicia. No podemos tener jueces acomodaticios, ni siquiera con miedo. Sí, sé que tienen familia pero si ello es un obstáculo renuncien. Es la Justicia la que tiene mayor responsabilidad en la decadencia actual, de la corrupción actual por ende de muchas muertes. Señores integrantes de este poder republicano no esperen nada. Ni órdenes ni aplausos, cumplan con la Constitución.
Finalmente querido presidente Macri a manera de posdata, permítame decirle que a los argentinos que no disfrutaban de un acto de nuestra Bandera por su politización; menos aún de un Presidente arengando a niños con consignas electorales de su partido. Así no se protagoniza un Cambio. Tampoco con la represión que sufrió un grupo de ciudadanos que no concuerdan con sus políticas a manos, en realidad a garrotes, de Gendarmería. Es verdad, Rosario tiene graves problemas de inseguridad pero la ministra Bullrich (Gendarmería le obedece) debe distinguir entre protesta de vecinos y el mundo del delito
