Cuando la política actúa sin la previsión del largo plazo, resulta difícil discernir entre lo correcto y su contracara. Todos sus actos al abrazo de la inmediatez, confunden. Está bien que la Presidente haya recepcionado a la Fragata Libertad y lo haya convertido en un acto partidario? Está bien que la oposición (que fue invitada a concurrir), no haya asistido presuponiendo que asistirían a un acto partidario? Está bien que se realice en Rosario la caravana de los deseos con 15 minutos de fuegos artificiales? Está bien que el concejal Boasso ocupe su tiempo en ese dilema? Está bien que las máximas autoridades del gobierno de Santa Fe y Rosario se ocupen del clásico de verano Newells-Central? Está bien que de jugarse con público visitante deban destinarse efectivos policiales como si se tratase de una cumbre de Presidentes? Está bien que la Presidente ocupe su tiempo escribiéndole a Ricardo Darín una larga carta y muchos tuits? Está bien que los medios periodísticos hayan dedicado largas columnas y espacios múltiples a este entredicho? Y lo de Florencia Peña y la solidaridad de la Presidente?
La enorme cantidad de interrogantes de esta naturaleza que se podrían seguir enumerando, delata una realidad: la política de la inmediatez y “entretenimiento” de los unos y los otros, no se ocupa de la problemática grave y profunda que atraviesa a la sociedad, especialmente la más desprotegida que es mucha. La gente se siente cada vez más en riesgo por el aumento de la venta de droga en las villas miserias. Esta afirmación es avalada por un estudio del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, sobre 20.740 casos a nivel nacional, que se repite año tras año. En comparación al 2010, se advierte un aumento del 30% de personas que afirman que en sus barrios existen vendedores de drogas. Este trabajo no sólo muestra que en el 2011, 7 de cada 10 hogares en dichos asentamientos se sienten en peligro por la presencia narco; sino que además denota un tema mucho más grave aún, cual es la existencia de familias enteras que sobreviven del menudeo de la droga, generando una economía narco de subsistencia. Se debe a esta altura resaltar que estamos hablando sobre datos del año 2011. Nada haría pensar que las cifras del 2012 puedan revertir esta situación. La presencia de esta economía de subsistencia narco es el mejor ejemplo del fracaso del Estado a través de los distintos gobiernos. Para que una familia se involucre en este tipo de “trabajo” significa que el Estado desde no cumplió su rol de enseñanza en valores y formación para la vida laboral; y esto afecta a las distintas generaciones integrantes de esa familia. Ese Estado no se alió con sectores intermedios como clubes de barrios, organizaciones sociales y religiosas, encargadas del primer auxilio ante la desesperación.
El Estado ausente es responsable principal de lo que hoy se vive. La triste realidad muestra que el primer brazo del Estado en el cual él debe apoyarse que es la escuela, no atrapa porque está desfasada. Los clubes de barrio mueren de pie. Los referentes sociales de esos mismos barrios, al igual que los clubes, también mueren de pie; por alguna bala perdida proveniente de algún miembro de la misma comunidad en la que brindan su servicio, o desertan bajando los brazos por hartazgo, cansancio o impotencia.
Algo similar ocurre en las provincias donde viven las comunidades aborígenes. En estas provincias el racismo desembozado mata. La lucha es entre criollos y aborígenes. Es aquí donde debiera pronunciarse aquella frase “patria sí, colonia no”. En Formosa, Chaco, al aborigen que no se alinea con el intendente no le dan agua ¡herramienta de dominación si las hay! En estos territorios de altísimas temperaturas, en el límite de Chaco y Formosa, sobre el río Bermejito hay un pequeño balneario. Los criollos de la zona impiden el ingreso a los aborígenes. El apartheid argentino cobra vida en estas geografías. Nunca más palmario esa afirmación de: “guerra de pobres contra pobres”. Iber, el adolescente Qom asesinado hace una semana por querer ingresar al balneario prohibido, es un ejemplo de ello. En Rosario en el barrio Ludueña, Mercedes Delgado, referente social del comedor San Cayetano, es otro ejemplo de lo que estamos hablando. Jorge su esposo, consultado sobre cómo es una noche en su barrio Ludueña contestó lacónico “¡imposible!”. Y no dudó en decir que su mujer “murió en medio de una disputa de barras narco, en manos de los mismos pibes a los que ella daba de comer”…
Cuando falta la planificación política, cuando no se sabe qué hacer, aparece el imperio del silencio o frases destempladas por la impotencia que estos hechos generan aún en un gobernante. El gobernador Bonfatti consultado por el periodista Emiliano Cattáneo sobre esta problemática, respondió: “No conozco la realidad de cada uno de los barrios de Rosario y no tengo porqué conocer lo que está ocurriendo en los centros de salud de Rosario”. La intendenta Fein salió al auxilio del gobernador tratando de rescatarlo del mal trance. Paradójicamente el “Tata” Martino señaló el rumbo diciendo “Rosario ya no es normal”. Si ésto es comprendido tal vez, agrego, la política encuentre el camino de las soluciones.
Las políticas coyunturales no sirven para esta problemática Pareciese que después de Perón y Frondizi, nadie más se ocupó de lo esencial: observar, diagnosticar, proyectar y transformar.
