El primer libro lo escribí con sangre… el segundo no

No es fácil sobrevivir… a veces es un castigo”
Eugenia Unge
r. Nació en 1926 en Varsovia (Polonia). Tenía 13 años cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y ése fue el principio de su vía crucis por distintos campos de concentración: la mandaron a Lublin, Majdanek, Auschwitz-Birkenau; participó de la Marcha de la Muerte; y luego estuvo en Revnsbrik, Rehov, Malahov. Escapó con 27 kilos de peso. Perdió a sus hermanos y padres”>Libros: “Holocausto, lo que el viento no borró”; “Después de Auschwitz, renacer de las cenizas”; “Yo fui testigo” y está escribiendo “Eugenia coraje” (No vende sus libros, los dona)

MHG: Qué recuerda del ghetto de Varsovia?
EU: es muy difícil para mí este recuerdo, el día 19 fue una conmemoración de todos los que lucharon contra en el ghetto de Varsovia, yo teniendo 14 años estaba escondida bajo la tierra, como las ratas, siempre digo que las ratas me comieron a mí en el ghetto, después en Auschwitz yo las comí a ellas… Así que son cosas de la vida que a mí me tocó vivir y es muy triste tener esa mochila y es muy triste para mí, que por ser la más chica, sobreviví y toda mi familia, 80 personas, los mataron, los quemaron, los violaron, les violaron los derechos humanos. Realmente no tengo palabras porque contar es diferente y vivirlo es diferente… vivir estos espantosos momentos que ha mí me tocó vivir en el ghetto de Varsovia. Me tocó nacer en Polonia, por desgracia y ahí estuve todo el tiempo con mi familia, también fue muy triste cuando nos separaron y nos llevaron en esos trenes y a cada uno le tocó vivir lo suyo…

MHG: Usted vivía en una familia en la que se sabía que algo así iba a suceder?
EU: No, en ningún momento. Desde ya, donde la gente es muy religiosa siempre hay un cambio de postura, usted sabe que soy judía, por esta razón únicamente he sufrido todas esas agresiones. Pero en ningún momento uno se hubiera imaginado que habrían de hacer una industria de la muerte. A mí me tocó vivir dos años en el ghetto, luego me llevaron a Auschwitz, más tarde a la marcha de la muerte, y varios otros lugares más. Es algo increíble cuando hace la cuenta y uno se pregunta por qué yo y los otros, no. son preguntas que nadie me ha podido contestar. Cuando uno se pone mayor piensa mucho más que cuando se es más joven… yo muchas veces me pregunto cómo es posible de todos estos millones de pedacitos como nos dejaron a los sobrevivientes, cómo pude yo hacer algo con mi vida, porque gracias a Dios formé mi familia, una pequeña familia, pero es mi familia y sierpre los abrazo y los beso, porque desde que estalló la guerra, y yo tenía 13 años, se terminaron mis abrazos y mis besos y uno añora más cuando es mayor y, la verdad, me es más difícil vivir como algunos otros sobrevivientes.

MHG: Usted pudo hablar de lo que le ocurrió rápidamente o tardó en hacerlo como ha pasado en otros casos?

EU: Los primeros años fue una lucha tremenda para poder sobrevivir y hacer algo. Llegué acá de contrabando, no llegué legalmente, porque acá no dejaban entrar a los judíos, entonces yo tuve que pasar la frontera sin que nadie me vea con un nene de casi 1 año, no teniendo familia, ni dinero, ni conocer el idioma. Tuve que colocarme como una empleada para que me den un plato de sopa y un vaso de leche para mi hijo, esperando a mi esposo, con quien me junté en Italia, y estuve tres años y medio para poder viajar a algún lado, pero nadie me quería recibir. Fue muy duro después de la guerra, usted no se imagina la lucha, la lucha y la lucha que uno tenía que llevar adelante para hacer algo con su vida. Uno quería sobrevivir, no sé si quise tanto sobrevivir; al principio pensaba que fue un castigo sobrevivir, que no era un premio.

MHG: usted se escapó de los campos?
EU: Yo no me escapé, a mí me llevaban para matarme, era a unos 350 kilómetro después de Berlín, y ellos tenían la guerra perdida, pero los soldados nazis se cubrían con nosotros porque no querían ir al frente y nos llevaban a un bosque para matarnos, ahí yo me senté porque ya no podía caminar, con 29 kilos. Esto fue algo increíble, inhumano, no tengo palabras para explicar lo que fue esto. Y de esto hace tan poco, 65 o 67 años, es reciente, pero los años corren y es muy difícil sobrellevar todo esto.

MHG: Y cuando se quedó sentada en el bosque qué hizo?
EU: Esto fue un rejunte de todas las chicas, nunca estuve con hombres. Había gitanos que una noche los quemaron, había homosexuales y había religiosos que adherían a Jehová. Estando un año y medio casi dos años tengo mucha para contar, porque la gente estaba de paso. Yo trabajaba, hice de todo: bombas, granadas, aviones, canalizaciones, cloacas, hice de todo. Varias veces estuve frente a la cámara de gas, pero siempre tuve una mano que me ayudó. Vuelvo a repetirle que no es ningún premio sobrevivir a eso. Al principio uno está eufórico, pero usted sabe lo qué es sobrevivir teniendo 29 kilos con piojos, con sarna, rapada, con los suecos y el pijama que nos dieron? Los rusos, los polacos, cualquiera querían violarnos, era una cosa que uno tenía que esconderse. Después de la guerra estuve cuatro meses en la calle durmiendo y pidiendo limosna.

EU: En qué momento de su vida dice que valió la pena sobrevivir?
EU: Ahora, en este momento que tengo bisnietos con 85 años. Dios me dio lo más grande que pudo darme: dos bisnietos. Este es le premio más grande que Dios pudo darme.

MHG: Cómo se llaman sus bisnietos?
EU: Mi bisnieto es Matías y mi bisnieta es Sofía. Es lo más grande que yo tengo. Yo escribí tres libros, tengo 11 horas con Steven Spielberg, tengo muchos videos. El lunes viajo a San Luis, a Merlo, para dar algunas charlas, ya estuve dos veces en Rosario, en Bahía Blanca. Mientras pueda y mi cabeza me de, porque hay algunos que despues de tanto luchar en la vida se dejaron estar, están enfermos y no quieren y no pueden; siempre lucharé, mientras que pueda y Dios me de la fuerza, ahora soy muy ferviente de Dios.

MHG: En algún momento renegó de Dios?
EU. Mucho. Después de ver como rompían a los chicos o rompían la cabecita en la pared, lo agarraban de las piernitas y los rompían en dos o tiraban un nene en el aire y lo apuntaban con un revolver. Entonces me pregunté dónde está Dios, salí de ahí muy atea, muy, pero muy atea. Pero a medida que pasa el tiempo no le doy vacaciones, estoy constantemente agradeciendo. Es muy difícil, uno que no estaba en Auschwitz nunca podrá entrar y uno que estaba adentro nunca podrá salir, por desgracia es así. El primer libro que escribí fue todo con sangre, “Holocausto, lo que el tiempo no borró”, el segundo “Después de Auschwitz, renacer de las cenizas” fue más llevadero. El tercero no pude imprimirlo, es muy caro, “Yo fui testigo”. A mis libros los dono, nunca los vendo, no hago negocios con mi vida. Y ahora empecé a escribir el cuarto que se llama: “Eugenia coraje”, pero vamos a ver cuándo va a salir, porque es un poco difícil, viajo y doy charlas y después no quedo bien. Las cosas que viví desde los 13 o 14 años no las puedo olvidar, es como si las hubiera vivido permanentemente. Por ejemplo, dejo una llave y al momento me olvidó en dónde la he dejado, es algo increíble y ayer hablé con usted y me olvidé que hablé, y tengo tanto miedo que Dios me quite esta memoria y lucidez

MHG: Pudo volver a su casa natal?
EU: No, no he podido. Después de la guerra volví y busqué a mis hermanos, busqué mi familia, 80 personas, yo era la más chica. Ahí hubo mucha matanza de los chicos, los que volvían los mataban. Era una industria de la muerte, le sacaban los ojos, las manos, los dientes, la piel. Nos sacaron todo, nos dejaron sin vida.

MHG: La invito a que nos despidamos, puesto que no quiero abusar de todo ese dolor que tiene sentido de un NUNCAS MÁS, con el recuerdo del rostro de y los brazos de sus bisnietos.
EU: Yo le agradezco con el alma que el mundo no olvide. Tanta vida saboteada, tantas almas desvaradas, tanto dolor, tanto dolor, tanta destrucción, sin aparente razón, tanto odio, ininteligible, injustificable, que lleva a cometer acciones inexplicables, tantos cuerpos destrozados, tantos brazos marcados, tantas cabezas rapadas, tantas familias separadas. Como podría alguien negar que esto pudo pasar, estas personas no olvidarán jamás tantos años bajo la sombra de la muerte, porque un tipo demente lo determinó así, tanta gentes desesperanzada preguntándose cuándo me toca a mí, tantos ojos sin luz, tantas noches sin fin y dormir sin saber si mañana despertarán Debo agradecer a algunas personas valientes que jugaron a la muerte para salvar inocentes. Tantos héroes cotidianos que no pensaban morir en vano, sino que querían ayudar, por lo menos morir con dignidad, cómo alguien pudo permitir que esto pudiera ocurrir, en qué mente cabe un odio así?. Espero que nunca vuelva a ocurrir este genocidio y matanza, ruego a Dios que nos ampare y que haya paz en todo el mundo y no haya hambre.

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