Aún no se acallan los ecos del mundial. Mundial que sorprende hasta en sus últimos tramos. Desde el sábado pasado mucho se ha dicho y escrito sobre nuestra selección de fútbol y su técnico: Maradona. Es verdad que existen algunas coincidencias entre Diego y Kirchner. La primera es que ambos necesitan de la gente para vivir. Diego festejando aún hoy un gol, emulando abrazar a todos, se tira sobre el césped. Kirchner, se “tiraba” sobre la propia gente…La segunda coincidencia, es que ambos necesitan del conflicto y para ello maltratan, ensoberbecen, ofenden, hieren. La principal diferencia es que uno es un ídolo al que se ama o se odia, pero finalmente se le perdonan los pecados. El otro, es un dirigente político que jamás traspasará la barrera de la historia por el cariño espontáneo de su gente. Maradona contó con un equipo con grandes individualidades que juntos no pudieron. Kirchner cuenta con un país con enormes recursos, pero su política cosecha asalariados y jubilados pobres. Para más datos, según el Barómetro de la Deuda Social de la UCA en el 2009, el 55% de los niños y adolescentes vivía en hogares que habían tenido que restringir sus consumos alimentarios, en cantidad y/o en calidad. Alrededor de un 28% se encontraba en situación de riesgo alimentario (19,8% en un nivel moderado y un 8,1% en un nivel severo)
Esto tampoco es una coincidencia: Maradona jugó y perdió un juego, el más popular del mundo, pero sólo un juego. Kirchner gobierna nuestro país haciendo su juego, el resultado evidencia crecimiento, no desarrollo. Por eso el Indec miente exprofesamente, porque el empobrecimiento “goza de buena salud”. El juego de Diego apasiona, entristece, alegra, decepciona, pero sólo dura noventa minutos y algún tiempo suplementario. El juego de Kirchner se desarrolla en un período constitucional de cuatro años pero sus políticas condicionan el futuro de todos.
El mundial en Argentina se apaga lentamente, entremezclándose con las vacaciones de invierno. Hoy la epidermis política muestra de cara al 2011 tres grandes sectores, es decir un peronismo irremediablemente dividido en dos y un radicalismo con sus socios acomodándose.
El crecimiento estimativo del 4,5/ 5% -que no es desarrollo-, parece acallar los efectos devastadores de la inflación y de la corrupción.
“Cuando se tiene que presionar es porque se tienen muy pocos elementos para convencer”. Una primera lectura de esta frase emitida por el presidente Kirchner -a propósito de las dificultades que en el Senado tiene el oficialismo para la aprobación de la ley que impulsa sobre matrimonio gay-; concita sin dudas la anuencia generalizada. Sucede que en su boca pierde credibilidad. Kirchner ha basado la acción de su gobierno en presionar. No sabe ni le interesa persuadir, goza presionando. No es el único dirigente político que dejó de lado el manual de la política, para utilizar el de la coerción. Parecería existir en este mecanismo un goce, que siempre empobrece a la condición humana.
El kirchnerismo cada día muestra su hoy compuesto por mucho pasado, poco de presente y como proyecto de futuro, poder y más negocio. El radicalismo decidió acordar reglas para su campaña electoral. Dos son los pre candidatos, uno de pura cepa radical, el otro, ¡actual vicepresidente del proyecto político que se quiere derrotar! El tercer sector con tres candidatos que quieren ser y una foto sostén que no cobra vida. No alcanza con trabajar en el Congreso en bloque. Es una buena señal, pero no basta.
Se sigue debatiendo con virulencia la ley del 82% móvil a los jubilados. El oficialismo proclama que no podrá sostener en el tiempo el cumplimiento efectivo de este proyecto. Quince mil millones de pesos anuales es lo que se necesita para dar este pequeño salto de la indigencia a la pobreza a cuatro millones de jubilados. Un dato a tener en cuenta: quince mil millones de pesos es el monto anual de los subsidios que destina el gobierno a los sectores más pudientes. Aproximadamente dos mil millones de pesos se gastan en el fútbol para todos. Llegado el caso de tener que vetar esta iniciativa, el oficialismo se colocará en la incómoda postura de tener que defender una medida impopular. Los alfiles kirchneristas que vaticinan una ANSES deficitaria en breve por “culpa” de los jubilados; debieran utilizar la misma pasión para explicar por qué no corre peligro la ANSES cuando el gobierno hecha mano de su caja para la política.
