La hora de las oposiciones y el oficialismo – Diario La Capital

La primera semana de marzo contó con enormes cantidades de "réplicas" políticas luego del discurso de apertura a las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación por parte de la presidenta. No hubo previsión, por lo tanto no hubo aviso sobre el tsunami político que provocó la presidenta Kirchner en el cierre de dicho discurso. El "robo a la inocencia" se consumó rápidamente, y así el grueso de los legisladores advirtió cómo en la casa madre, generadora de leyes, su presidenta les comunicaba de qué manera los ignoraba. Hubo mucho más detrás de esto, seis mil quinientos millones de dólares… Un Boletín Oficial a las apuradas… Las oposiciones sumaron fuerzas y produjeron en el Senado de la Nación un cambio sustancial en la geografía política del kirchnerismo. Ya no tienen mayoría en comisiones. Estos hechos y otros más, y las consecuencias de este accionar, derivan para el análisis en dos grandes interrogantes: el primero de ellos tiene que ver con el gobierno: podrá el kirchnerismo por primera vez ejercer el accionar político que implica el arte de los consensos? El otro interrogante es: podrán las oposiciones superar los vedetismos para obrar en consecuencia?
Esta semana, por los hechos conocidos y narrados, las oposiciones produjeron un quiebre en la metodología política con que el kirchnerismo viene gobernando la Argentina de los últimos años. Hasta la semana pasada, aun habiendo perdido las elecciones legislativas del 28 de junio de 2009, el kirchnerismo sorprendía permanentemente (como lo hizo el pasado lunes) redoblando la apuesta en sus empecinamientos. Contando para ello en el Congreso de la Nación con un grupo no menor de legisladores que honraban con sus acciones la hegemonía marcada por el presidente Kirchner. (Muchas veces se ha dicho desde este espacio que el núcleo de discusión de la más alta política kirchnerista se reducía a dos).
También se debe reconocer que en muchos de los casos citados la "picardía" kirchnerista tuvo aval y permisividad social. Por lo cual debiéramos plantearnos la necesaria maduración que la sociedad debiese tener para distinguir las aberraciones políticas de la inconducente picardía, para nada inocente, devenida en corrupción en los últimos años. Una cosa es la picardía que genera un acto político inteligente y otra cosa es la trampa que esconde corrupción.
La enorme responsabilidad de las oposiciones no sólo está en la defensa institucional, sino en que deben prodigar políticas legislativas que vayan reparando las graves situaciones producto de las políticas implementadas por el gobierno. La inflación ya no es un fantasma, está presente en la mesa de cada hogar argentino. La pobreza no sólo se manifiesta en los hogares donde no hay trabajo sino en aquellos que teniéndolo no llegan a cubrir las necesidades básicas. Resulta inaudito que en el extenso discurso de la presidenta Kirchner no haya dedicado un solo párrafo aludiendo a plan alguno. Sólo un ejemplo desviste esta carencia: es increíble que el gobierno no elabore un plan ganadero de retención de vientres habiendo perdido cuatro millones y medio de terneros en los últimos tiempos y dos millones y medio de madres. Podrán las oposiciones tener un rol constructivo propiciando acuerdos mínimos con el oficialismo que eviten la utilización del veto ya anunciado?
Otra asignatura a trabajar por las oposiciones es el refortalecimiento de los alicaídos partidos políticos argentinos. La gravedad de la situación político-institucional y social de nuestro país imposibilita que hombres con nombres –no con partidos–, se pongan al hombro esta problemática y encuentren respuestas creíbles. Argentina debe reingresar al camino de la normalidad política teniendo partidos políticos consolidados que trabajen en la formulación de planes con equipos profesionales en cada área dispuestos a desarrollarlos.
Nuestra presidenta ha dicho recientemente "estoy dispuesta a enfrentar la condena de cualquier juez circunstancial de la Argentina, pero no estoy dispuesta a enfrentar la condena de la historia…". Para revertir la condena de la historia debiese cambiar su actitud, y tal vez con ello algunas políticas.

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