El Gobierno transita una dinámica de avances y retrocesos que tensiona su propio discurso. Tras imponer agenda política y consolidar apoyos parlamentarios, vuelven a aparecer fisuras en medio de cuestionamientos sobre el rumbo económico y el impacto social del modelo. Con definiciones ideológicas que reconfiguran conceptos como “moral” y “paz”, y un esquema productivo que concentra beneficios en pocos sectores, crecen las dudas sobre su sostenibilidad en un país con profundas desigualdades.
El gobierno del presidente Milei viene al compás de movimientos espasmódicos. Fue derrotado brutalmente en septiembre 2025 en territorio hostil bonaerense, para luego junto a la mano “generosa en dólares” de Donald Trump, arrasar a lo largo y ancho de Argentina en octubre. Y desde ese momento imponer la agenda política argentina, ganando en el Parlamento con el voto de propios y extraños, estos últimos sometiéndose al requerimiento de votar todo lo pedido por el Ejecutivo por el simple hecho de pertenecer. Ahora bien, luego de aquella inauguración del periodo ordinario de sesiones en este 1 de marzo 2026 –donde fue más Milei que nunca en sus formas y expresiones- , comenzó otra vez la caída. Paradójicamente en ese discurso inaugural comunicó que su gobierno tendría “a la moral como política de Estado”, cuando apareció en paralelo la corrupción en forma explícita.
El Presidente en su visita a Israel expresó una frase histórica «si quieres la paz, prepárate para la guerra», exponiéndose y exponiéndonos.
Si sumamos ambas expresiones podemos inferir que el Presidente intenta escribir nuevas definiciones para palabras claves: paz y moral, que desde la historia del Hombre fueron construyendo un significado. Estos conceptos tienen siglos de ser acopiados. La paz verdadera –también lo señala la Historia- es producto de diálogo, consensuando y cediendo las partes afectadas. La moral sigue siendo sostenida especialmente por distintas religiones –aceptada como parte de la organización social- que básicamente coinciden en no matar, no robar y amar al otro.
Quizás comience a suceder que a medida que avanza el modelo económico sus inconsistencias se disimulan cada vez menos. La gran pregunta es si la sociedad mayoritariamente está dispuesta a convalidar una Argentina subdesarrollada. Porque de seguir así, y el Presidente aseguró que prefiere atarse al mástil de sus convicciones (léase hoja excel) , antes que correrse un ápice de lo que tiene previsto, no cabe duda que el descenso está decretado, descenso que viene siendo militado desde hace años.
Al actual gobierno solo le interesa la prosperidad de las industrias extractivas, llamadas de la montaña, conjuntamente con la producción primaria del agro. Christian Buteler menciona que con este modelo sobra mucha gente, dado que no está diagramada para satisfacer a 45 millones de argentinos. Por eso no es raro que sus adeptos más rabiosos conformen un núcleo duro de no más del 30%, podríamos decir que son los beneficiados del modelo. Estos sectores emplean el 20% de la población y el gobierno se desentiende de los que generan empleo para el 80% restante.
Días atrás el economista Gustavo Reija quien junto a Federico González batallan con planes que en el espejo retrovisor tiene a Frondizi, manifiesta: “el desarrollismo Siglo XXI es tener industria de conocimiento, tener industria espacial, tener industrias de tecnologías avanzadas, y tener industrias de sectores estratégicos, manufactureros, que evidentemente el Estado tiene que promocionar. No creemos en un Estado gigante ni en un Estado poderoso, nosotros creemos en un Estado inteligente. Un Estado inteligente es todo lo contrario al Estado bobo que hemos tenido hasta ahora, sobredimensionado, burocrático. Tenemos recursos humanos capacitados. Buscamos generar más valor agregado porque eso implica mayor salario real en Argentina”
La dirigencia política con sus matices, debiera reunirse y avanzar en una planificación común. Argentina no solo tuvo una industria satelital reconocida en el mundo, sino que la última expedición Artemis II colocó en órbita un satélite argentino creado por las universidades de la Plata, San Martín y el INVAP.
El desbaste de Argentina y sus potencialidades arrasadas por la motosierra, debieran ser los motivos principales que congreguen a todos quienes quieran pensar una alternativa 2027.
