Destruir es tan fácil como caerse. Y tan difícil como levantarse. Incluso hay caídas que dejan secuelas tan importantes que ya no se es el mismo. En las décadas del 80 y 90 del siglo 19, se pensó y organizó la matriz de una Argentina que se fue configurando con sentido de nación y patria.
Fue el siglo 20 el que robusteció con políticas sociales e institucionales y productivas a esa Argentina naciente, joven y con futuro enorme. Un siglo donde los continuos golpes de estado obturaron los caminos del progreso; a pesar de ello, fueron tan fuertes los derechos conquistados y el desarrollo planificado que pudo seguir en pie. Pero apenas recuperada la última democracia, el gobierno del presidente Menem priorizó el negocio al avance. Era necesaria una modernización, no con corrupción.
Se cerraron ramales ferroviarios, entorpeciendo la producción, encareciéndola, además de imposibilitar la comunicación. Las provincias parecieron islotes congelados y alejados de la integración territorial federal. Se cerraron fábricas y comercios. Quedaron miles de trabajadores fuera de sistema, abrazados a una indemnización que alcanzó –en general- para nuevas frustraciones. Su saber obrero quedó de lado y de golpe debieron convertirse en autogestantes. En pequeños emprendedores, comerciantes. Así nacieron los movimientos sociales, los piqueteros. Incluso en Rosario un tal Pendino organizó el sindicato de los desocupados. Argentina nunca más fue la misma. Los sucesivos gobiernos llegaron sin un plan previo. Todo fue sobre la marcha. Y en general –excepciones aparte- con el hacer adecuado a las necesidades del negocio fácil y corrupto. Argentina vio desgarrarse la ilusión de los nuevos aires de libertad. La tozudez de la educación, la ciencia y la tecnología mantuvieron el valor agregado imprescindible para seguir siendo una tierra de oportunidades.
Cuando la globalización en el mundo y la apertura indiscriminada quedaron muy atrás, el presidente Milei arribó al gobierno argentino con los votos legítimos pero con la deserción de la política, Sus modos, formas, y la compra llave en mano de la política financiera de Luis Caputo y la destructiva de Federico Sturzenegger vienen a continuar –sepultando sueños y posibilidades- el camino iniciado en los 90. El endeudamiento es la columna vertebral de su política pero, está absolutamente atado al presidente Trump. Presidente que está andando los últimos años de su último gobierno. La destrucción quizás, más eficiente que la menemista, hace que el 2026 no figure como una oportunidad, sino como un gran signo de interrogación.
Si la reforma laboral a todas luces habla de reducción de derechos para los trabajadores y abaratamiento en los despidos para los empleadores; no debemos dejar de mencionar que también en el proyecto ingresado el Senado anida un gran negocio financiero: los 2500 millones anuales que no irían al sistema previsional, sino a entidades financieras. Hoy hay dos crudas realidades. No hay más despidos por los bajos salarios, donde anida un enorme desequilibrio entre el valor de las cosas y lo que contienen los bolsillos argentinos.
Además la ley de reforma educativa que ingresaría en el 2026, pretende dar por tierra con un enorme derecho conquistado por la sociedad argentina: entender que la educación es un derecho social. El docente de grado y titular de AMSAFE Rodrigo Alonso, lo definió así: “Entender a la educación como un derecho social no es privativo de los trabajadores de la educación, es un conquista del pueblo argentino. Entender a la educación como pública, laica , gratuita, científica , de calidad, es algo que nos distingue con el resto de los países. Se pone en discusión una educación que garantice un derecho para que pase a ser un servicio, una mercancía, y privatizar así el sistema educativo. Es paradójico que quienes impulsan la reforma educativa que propone el Consejo de Mayo sean los mismos grupos que durante la pandemia pedían que abran las escuelas! ¡Ahora dicen que no es tan importante que vayan a la escuela!
Menem comenzó a desguazar la Argentina. Milei vino a concluir tal faena. Con los años de alguna forma todo se reconstruye, ¡pero cuánta vida y cuántos sueños fueron abortados!. Las guerras siempre dejan dolor, heridas, crueldad, esta no es la excepción.
PD: La paz siempre depende de la Justicia.
